miércoles, 2 de abril de 2025

Párate un momento: El Evangelio del dia 4 - DE ABRIL – VIERNES – 4ª – SEMANA DE CUARESMA – C San Isidoro de Sevilla

 

 


 

4 - DE ABRIL – VIERNES –

4ª – SEMANA DE CUARESMA – C

San Isidoro de Sevilla

 

        Lectura del libro de la Sabiduría (2,1a.12-22):

 

 Se decían los impíos, razonando equivocadamente:

 «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios.

  Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de todos los demás

y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros.

   Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte.

 Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos.

 Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia.

 Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará».

 Así discurren, pero se equivocan, pues los ciega su maldad.

 Desconocen los misterios de Dios, no esperan el premio de la santidad, ni creen en la recompensa de una vida intachable.

 

Palabra de Dios

 

   Salmo: 33,17-18.19-20,21.23

 

       R/. El Señor está cerca de los atribulados

 

      El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.

     Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R/.

 

      El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.

      Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. R/.

 

     Él cuida de todos sus huesos,

y ni uno solo se quebrará.

      El Señor redime a sus siervos,

no será castigado quien se acoge a él. R/.

 

      Lectura del santo evangelio según san Juan (7,1-2.10.25-30):

 

 En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.

  Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.

  Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:

 «¿No es este el que intentan matar?

  Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada.

  ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?

 Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».

Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:

 «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».

 Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

Palabra del Señor

 

  1.- El pasaje de esta primera lectura, que, razonando equivocadamente, nos expone la opinión de los impíos acerca del justo “que nos resulta incómodo y se opone a nuestras acciones”. A continuación, relata todo lo que piensan que hacen mal. “Se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras”.

  Quieren saber si “sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es justo, hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos… lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa pues dice que hay quien se ocupa de él”.

  De esta manera “se engañan porque les ciega su maldad. No conocen los secretos de Dios, ni esperan el premio de la virtud, ni estiman la recompensa de una vida intachable”.

 

  2.- Yo no vengo por mi cuenta sino enviado por el que es veraz.

  Este evangelio nos muestra a Jesús recorriendo la Galilea, “pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo”. De todas las maneras, le vemos enseñando en el templo. Y allí de manera clara y gritando expuso su pensamiento. Aunque afirma que “a mí me conocéis y conocéis de dónde vengo” reconoce que “yo no vengo por mi cuenta sino enviado por el que es veraz: a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco porque procedo de él y él me ha enviado”. Los judíos reaccionan de manera fuerte: “Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora”.

              Lo nuestro, cristianos del siglo XXI, va por otro camino. Queremos aceptar la propuesta del mismo Jesús de instalarse en nuestro corazón y seguirle en todos los momentos de nuestra existencia.

 

San Isidoro de Sevilla

 


 

  (Cartagena, hacia 556 - Sevilla, 636) Obispo, teólogo y erudito de la España visigoda, elevado a la santidad por la Iglesia Católica y proclamado, más tarde, Doctor Universal de la Iglesia. Su padre, llamado Severiano, pertenecía a un familia hispano-romana de elevado rango social; su madre, en cambio, era de origen visigodo y, según parece, estaba lejanamente emparentada con la realeza.

Nació en Cartagena, España hacia el año 560. Su padre llamado Severiano, nacido en Cartagena, probablemente era de una familia romana, pero estaba emparentado con los reyes visigodos.

 Isidoro era el menor de cuatro hermanos. Sus dos hermanos, Leandro y Fulgencio también llegaron a ser santos. Su hermana Santa Florentina, fue abadesa de varios conventos. ¡La santidad se comparte y se fortalece cuando los lazos familiares son santos!

  Su hermano Leandro que era mucho mayor que él, se encargó de su educación porque quedaron huérfanos siendo Isidoro un niño. Parece ser que Leandro era muy severo, porque cuenta una leyenda, que siendo Isidoro muy niño huyó de su casa para escapar de la severidad de su hermano. Luego volvió por voluntad propia, lleno de buenos propósitos. Leandro lo encerró para impedir que se escape de nuevo. Probablemente lo envió a un monasterio para seguir estudiando.

  Un día se acercó a un pozo para sacar agua y notó que las cuerdas habían hecho hendidura en la dura piedra. Entonces comprendió que también la conciencia y la voluntad del hombre pueden vencer las duras dificultades de la vida. Entonces regresó con amor a sus libros.

  Isidoro llegó a ser uno de los hombres más sabios de su época, aunque al mismo tiempo era un hombre de profunda humildad y caridad. Fue un escritor muy leído. Se lo llamó el Maestro de la Edad Media o de la Europa Medieval y primer organizador de la cultura cristiana. La principal contribución de San Isidoro a la cultura, fueron sus Etimologías u Orígenes, una "summa" muy útil de la ciencia antigua condensando, más con celo que con espíritu crítico los principales resultados de la ciencia de la época, siendo uno de los textos clásicos hasta mediados del siglo XVI.

  Fue un escritor muy fecundo: entre sus primeras obras está un diccionario de sinónimos, un tratado de astronomía y geografía, un resumen de la historia desde la creación, biografías de hombres ilustres, un libro sobre los valores del Antiguo y del Nuevo Testamento, un código de reglas monacales, varios tratados teológicos y eclesiásticos y la historia de los visigodos, que es lo más valioso en nuestros días, ya que es la única fuente de información sobre los godos. También escribió historia de los vándalos y de los suevos.

  San Isidoro fue como un puente entre la Edad Antigua que terminaba y la Edad Media que comenzaba. Su influencia fue muy grande en Europa, especialmente en España. Entre sus discípulos está San Ildefonso de Toledo

  Probablemente ayudó a su hermano Leandro, obispo de Sevilla a gobernar la diócesis. Le sucedió en el cargo cuando murió. Su episcopado duró treinta y siete años, bajo seis reyes, completó la obra comenzada por San Leandro, que fue de convertir a los visigodos del arrianismo al catolicismo.

  Cuenta una graciosa leyenda que cuando tenía un mes de vida, un enjambre de abejas invadió su cuna y dejó en los labios del pequeño Isidoro un poco de miel, como auspicio de la dulce y sustanciosa enseñanza que un día saldría de esos labios.

  También decía San Ildefonso que "la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas".

  Su principal preocupación como obispo fue la de lograr una madurez cultural y moral del clero español. Fundó un colegio eclesiástico, prototipo de los futuros seminarios, dedicándose personalmente a la instrucción de los candidatos al sacerdocio.

  Como su hermano, fue el obispo más popular y autorizado de su tiempo.

  Continuó la costumbre de su hermano de arreglar las cuestiones de disciplina eclesiástica en los sínodos, cuya organización se debió en gran parte a San Leandro y San Isidoro.

  San Isidoro presidió el segundo Concilio de Sevilla en 619, y el cuarto Concilio de Toledo, en 633. Muchos de los decretos del Concilio fueron obra de San Isidoro, especialmente el decreto que se estableciese un seminario en todas las diócesis.

  Su sistema educativo era abierto y progresista, propuso un sistema que abarca todas las ramas del saber humano.

  Según parece, San Isidoro previó que la unidad religiosa y un sistema educativo amplio, podían unificar los elementos heterogéneos que amenazaba desintegrar España y gracias a eso gran parte del país se convirtió en un centro de cultura, mientras que el resto de Europa se hundía en la barbarie.

  Otro de los grandes servicios que San Isidoro prestó a la Iglesia española fue el de completar el misal y el breviario mozárabes, que San Leandro había empezado a adaptar de la antigua liturgia española.

  San Isidoro se formó con lecturas de San Agustín y San Gregorio Magno.

  Su amor a los pobres era inmenso. En los últimos seis meses aumentó tanto sus limosnas que los pobres llegaban de todas partes a pedir y recibir ayuda.

  Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas sus faltas, perdonó a sus enemigos y suplicó al pueblo que rogara a Dios por él. Distribuyendo entre los pobres el resto de sus posesiones, volvió a su casa y murió apaciblemente el 4 de abril del año 636 a la edad de 80 años.

  El año 1063 fue trasladado su cuerpo a León, donde hoy recibe culto en la iglesia de su nombre.

  La Santa Sede lo declaró Doctor de la Iglesia, en 1722.

 

www.corazones.org/santos/isidoro_sevilla.

 

 

 

 

Párate un momento: El Evangelio del dia 3 - DE ABRIL – JUEVES – 4ª – SEMANA DE CUARESMA - C San Ricardo de Wyche

 


 

 

3 - DE ABRIL – JUEVES –

4ª – SEMANA DE CUARESMA - C

San Ricardo de Wyche

 

     Lectura del libro del Éxodo (32,7-14):

 

   En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:

   «Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:

  “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”».

  Y el Señor añadió a Moisés:

  «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».

  Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:

  «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? - ¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”?

  Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».

   Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

 

Palabra de Dios 

 

   Salmo: 105,19-20.21-22.23

 

    R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

 

    En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba. R/.

    Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en la tierra de Cam, portentos junto al mar Rojo. R/.

    Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio. R/.

 

   Lectura del santo evangelio según san Juan (5,31-47):

 

   En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:

  «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.

  Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

   Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.

   Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.

   Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.

      Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.

  ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?

   No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

 

Palabra del Señor

 

   1.- Con frases duras, pero reales, Dios ve que el pueblo de Israel no está siendo fiel; ve la incapacidad del pueblo para entender, ve como se han ido fabricando otros “dioses” a su medida y le pide cuentas a Moisés. 

     Moisés implora la misericordia de Dios e intercede por su pueblo.

     “Becerro de Oro” y no uno, sino muchos, tenemos nosotros en nuestro tiempo. Nosotros, en nuestra sociedad actual, estamos fabricando imágenes que deshumanizan y hacen perder el sentido de la vida, hacen perder la escala de valores que nos podrían hacer más felices. El consumismo convulsivo, la búsqueda de lo que hace feliz inmediatamente, el individualismo, el deseo de poder, entre otras cosas, nos pueden estar llevando a una falta de valores éticos importante. Y a los cristianos en general, a una falta de valores cristianos. Necesitamos insistentemente orar, interceder ante Dios para comprender que nos estamos alejando de los valores del Reino. Y Dios, por amor a su pueblo, nos escuchará.

 

   2.- Palabras duras de Jesús en este Evangelio. Encontramos a Jesús hablando muy fuerte a los judíos. No han entendido quien es El, ni lo que dice y sobre todo lo que hace. Sus obras son las que atestiguan el Reino que está implantando. Pero los judíos no están entendiendo la novedad de Reino. No entienden algo fundamental: que El, Jesús, está actuando, dejando actuar a Dios a través de Él.

  ¿Cómo leemos y profundizamos nosotros la Palabra? A veces de forma rutinaria, sin entender, sin estudiar con otros, en grupo para poder tener una interpretación lo más acertada posible con ayuda de todos. La Palabra no es lo que está en el libro. La Palabra tiene que ser VIDA en nosotras, para que esa Palabra actúe, nos interpele y nos empuje a actuar.

 

     3.- Puede suceder que a veces, actuamos por nuestra cuenta, queriéndonos adjudicar méritos sin dejar actuar a Dios en nosotros y nosotras. Y haciéndolo así, no estamos dejando que se vea la actuación de Dios. No estamos dejando crecer el Reino

  El Amor de Dios, que está en toda persona, ha de ser siempre motor de nuestras actuaciones, de nuestras palabras, de nuestras intervenciones en el vivir de cada día. Y para que eso sea así, no nos podemos despistar. 

 

San Ricardo de Wyche

 


En Chichester, en Inglaterra, san Ricardo, obispo, que, desterrado por el rey Enrique III y restituido después en la sede, se mostró generoso en ayudar a los pobres.

 

Vida de San Ricardo de Wyche

 

  A finales del siglo XII nace Ricardo, en Wyche, en una familia de trabajadores del campo. Choca la austeridad y dureza permanente de su vida con el estilo de los grandes de su tiempo. Los obispos son "lores" y amantes de los cuidados humanos; los monjes abundan en la prosperidad y el lujo; los nobles son ambiciosos y en el trono se aprecia una corriente fuertemente regalista. La clase baja del pueblo es pobre y está sumida en la ignorancia y en la superstición. Ricardo es enérgico e intransigente cuando se tratan asuntos en los que está presente la injusticia, la inmoralidad o la avaricia. Posiblemente esta condición natural en él sea lo que le lleva a un distanciamiento, cuando no rechazo de los poderosos. El caso es que la austeridad vivida en casa de sus padres -cuando fue niño- debió prepararle para la misión que había de desempeñar de adulto.

 

  Marcha para estudiar a Oxford donde tiene buenos maestros franciscanos y dominicos; y como los recursos no estiran más, pasó hambre y frío. Una corta estancia en París y vuelta a Oxford, graduándose en Artes. En Bolonia aprende durante siete años los cánones, haciendo lo que hoy llamaríamos la carrera de Derecho. Cuando vuelve a Oxford es nombrado Canciller de la Universidad, Canciller del arzobispado de Canterbury y también de Lincoln, donde estaba de obispo su antiguo amigo y profesor Grosseteste. Ejerce la docencia en Orleáns por dos años y allí se ordena sacerdote.

  El Arzobispo de Canterbury lo nombra obispo de Chichester, a la muerte del obispo Ralph Neville. Y aquí comienza una etapa de dificultades mayores y de vigoroso testimonio.

  El rey Enrique III, que se apodera por sistema de los beneficios eclesiásticos vacantes, se opone rotundamente a esta elección. Además, prefiere para la sede libre a Roberto Passelewe por razones de "erario real". Interviene el papa Inocencio IV que está presidiendo en este tiempo el concilio de Lyon, confirmando el nombramiento de Ricardo y consagrándolo personalmente, el 5 de marzo de 1245. Pero esto pone peor las cosas. Y es que el alto prestigio adquirido por el papado desde el siglo IX ha venido a menos desde que se hundió la Casa de Hohenstaufen y los papas se han inclinado hacia Francia; la rivalidad existente entre Inglaterra y Francia provoca de rebote reacciones contra Roma que se manifiestan en un fuerte nacionalismo inglés, en la resistencia del trono a aceptar las decisiones del papa y en intransigencias e intromisiones en las materias mixtas. Hasta los Legados pontificios son mal recibidos, si no ignorados, en la corte inglesa.

  En estas circunstancias, el nombramiento de Ricardo ha caído, humanamente, en mal momento. El rey ha mandado cerrarle físicamente las puertas del palacio episcopal y ha prohibido darle cobijo y dinero. El temor de la gente a la venganza real lleva a que se vea a Ricardo-obispo vagabundo por su legítima diócesis, haciendo de obispo misionero, viajando a pie y desprovisto de servicio. Debía ser una estampa curiosa en la época en que los obispos eran "lores" y jamás trabajaban sin séquito. Visita las casas de los pescadores y catequiza a los humildes con quienes comparte alimento. ¡Todo un escándalo para altos eclesiásticos que gustan de fastuosidades y de monjes que disfrutan de buena mesa! Condena los abusos de poder y los vicios de la época con extraordinaria energía; de modo especial presenta una defensa a ultranza del derecho frente a la arbitrariedad y al abuso de poder; predica la doctrina evangélica frente al nepotismo reinante.

  Fueron ocho años de obispo en que supo mantenerse, con fortaleza, libre de presiones. De hecho, nadie se explica cómo fue posible reunir una y otra vez a su Cabildo para sacar adelante las Constituciones que son de esa época y sientan los modos de hacer en adelante, señalando una praxis pastoral distinta y más adecuada a los principios evangélicos.

  Murió en la casa-asilo -"Mas-Dieu"- para sacerdotes pobres y peregrinos, a los 55 años.

 

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