domingo, 6 de marzo de 2016

Párate un momento Evangelio del día 7 DE MARZO - LUNES -



7 DE MARZO - LUNES -
Santas Perpetua y Felicidad, mártires
4ª - SEMANA DE CUARESMA

       Evangelio según san Juan 4, 43-54

       En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría y se fue a Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación:
       “Un profeta no es estimado en su propia Patria”.
       Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.  Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario
real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.  Jesús le dijo: “Como no veáis signos y prodigios, no creéis”.
       El funcionario insiste:
       “Señor, baja antes de que se muera mi niño”. Jesús le contesta:
       “Anda, tu hijo está curado”
       El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado.  Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.  Y le contestaron:     
       “Hoy a la una lo dejó la fiebre”.
        El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora cuando Jesús le había dicho “tu hijo está curado”.  Y creyó él con toda su familia.  Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

       1.   Los estudiosos de los evangelios han analizado cuidadosamente si este relato del IV evangelio es una variante, con ligeras diferencias, del que se encuentra en Mateo y Lucas, en los que se relata la curación del siervo del centurión romano (Mt 8, 5-13; Lc 7, 1-10). La diferencia principal entre este relato de Juan y los de Mateo y Lucas está en que aquí se habla de un “funcionario real”, de nacionalidad y religión judía, mientras que en los otros evangelios se trata de un militar pagano (J. D. G.
Dunn).  El primer “signo” que hizo Jesús, fue el del vino para un banquete de boda (Jn 2, 1-11). El segundo fue devolver la salud a un enfermo moribundo, que se relata en este evangelio. Jesús no vivió centrado en las observancias religiosas, sino en la felicidad de las personas.

       2.   Lo que menos importa, en la redacción de estos episodios, es precisar si se trata de variantes del mismo suceso o se habla de casos distintos.  A fin de cuentas, lo mismo da que Jesús curase al criado (o al hijo) de un judío o de un romano.  Lo importante es la preocupación de aquel personaje por la curación y la vida del
muchacho.  Y el correspondiente interés de Jesús por remediar el sufrimiento del paciente y su familia.

       3.   Con frecuencia ocurre que nos interesan más los detalles (sociales, históricos...) que los problemas más graves y apremiantes de la vida. Perdemos más tiempo en resolver curiosidades que en aliviar sufrimientos.  Por ejemplo, nos interesan más las técnicas, que facilitan la distracción o la curiosidad, que los avances científicos que pueden mejorar la salud de los enfermos o incluso salvar la vida de tantos moribundos.  Es urgente que la teología y los teólogos sepan centrarse en lo fundamental, en las cuestiones que les llevan derechamente al fondo de la felicidad o la desgracia de las personas.

Santas Perpetua y Felicidad, mártires
(año 203)
Estas dos santas murieron martirizadas en Cartago (África) el 7 de marzo del año 203.
Perpetua era una joven madre, de 22 años, que tenía un niñito de pocos meses. Pertenecía a una familia rica y muy estimada por toda la población. Mientras estaba en prisión, por petición de sus compañeros mártires, fue escribiendo el diario de todo lo que le iba sucediendo.
Felicidad era una esclava de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña, que después los cristianos se encargaron de criar muy bien.
Las acompañaron en su martirio unos esclavos que fueron apresados junto a ellas, y su catequista, el diácono Sáturo, que las había instruido en la religión y las había preparado para el bautismo. A Sáturo no lo habían apresado, pero él se presentó voluntariamente.
Los antiguos documentos que narran el martirio de estas dos santas, eran inmensamente estimados en la antigüedad, y San Agustín dice que se leían en las iglesias con gran provecho para los oyentes. Esos documentos narran lo siguiente.
El año 202 el emperador Severo mandó que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los falsos dioses tenían que morir.
Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa de Cartago cuando llegó la policía del emperador y la llevó prisionera, junto con su esclava Felicidad y los esclavos Revocato, Saturnino y Segundo.
Dice Perpetua en su diario: "Nos echaron a la cárcel y yo quedé consternada porque nunca había estado en un sitio tan oscuro. El calor era insoportable y estábamos demasiadas personas en un subterráneo muy estrecho. Me parecía morir de calor y de asfixia y sufría por no poder tener junto a mí al niño que era tan de pocos meses y que me necesitaba mucho. Yo lo que más le pedía a Dios era que nos concediera un gran valor para ser capaces de sufrir y luchar por nuestra santa religión".
Afortunadamente al día siguiente llegaron dos diáconos católicos y dieron dinero a los carceleros para que pasaran a los presos a otra habitación menos sofocante y oscura que la anterior, y fueron llevados a una sala a donde por lo menos entraba la luz del sol, y no quedaban tan apretujados e incómodos. Y permitieron que le llevaran al niño a Perpetua, el cual se estaba secando de pena y acabamiento. Ella dice en su diario: "Desde que tuve a mi pequeñín junto a mí, y a aquello no me parecía una cárcel sino un palacio, y me sentía llena de alegría. Y el niño también recobró su alegría y su vigor". Las tías y la abuelita se encargaron después de su crianza y de su educación.
El jefe del gobierno de Cartago llamó a juicio a Perpetua y a sus servidores. La noche anterior Perpetua tuvo una visión en la cual le fue dicho que tendrían que subir por una escalera muy llena de sufrimientos, pero que al final de tan dolorosa pendiente, estaba un Paraíso Eterno que les esperaba. Ella narró a sus compañeros la visión que había tenido y todos se entusiasmaron y se propusieron permanecer fieles en la fe hasta el fin.
Primero pasaron los esclavos y el diacono. Todos proclamaron ante las autoridades que ellos eran cristianos y que preferían morir antes que adorar a los falsos dioses.
Luego llamaron a Perpetua. El juez le rogaba que dejara la religión de Cristo y que se pasara a la religión pagana y que así salvaría su vida. Y le recordaba que ella era una mujer muy joven y de familia rica. Pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte, a la religión de Cristo Jesús. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogaba y le suplicaba que no persistiera en llamarse cristiana. Que aceptara la religión del emperador. Que lo hiciera por amor a su padre y a su hijito. Ella se conmovía intensamente, pero terminó diciéndole: Padre, ¿cómo se llama esa vasija que hay ahí en frente? "Una bandeja", respondió él. Pues bien: "A esa vasija hay que llamarla bandeja, y no pocillo ni cuchara, porque es una bandeja. Y yo que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión, porque soy cristiana y lo quiero ser para siempre".
Y añade el diario escrito por Perpetua: "Mi padre era el único de mi familia que no se alegraba porque nosotros íbamos a ser mártires por Cristo".
El juez decretó que los tres hombres serían llevados al circo y allí delante de la muchedumbre serían destrozados por las fieras el día de la fiesta del emperador, y que las dos mujeres serían echadas amarradas ante una vaca furiosa para que las destrozara. Pero había un inconveniente: que Felicidad iba a ser madre, y la ley prohibía matar a la que ya iba a dar a luz. Y ella sí deseaba ser martirizada por amor a Cristo.
Entonces los cristianos oraron con fe, y Felicidad dio a luz una linda niña, la cual le fue confiada a cristianas fervorosas, y así ella pudo sufrir el martirio. Un carcelero se burlaba diciéndole: "Ahora se queja por los dolores de dar a luz. ¿Y cuándo le lleguen los dolores del martirio qué hará? Ella le respondió: "Ahora soy débil porque la que sufre es mi pobre naturaleza. Pero cuando llegue el martirio me acompañará la gracia de Dios, que me llenará de fortaleza".
A los condenados a muerte se les permitía hacer una Cena de Despedida. Perpetua y sus compañeros convirtieron su cena final en una Cena Eucarística. Dos santos diáconos les llevaron la comunión, y después de orar y de animarse unos a otros se abrazaron y se despidieron con el beso de la paz. Todos estaban a cuál de animosos, alegremente dispuestos a entregar la vida por proclamar su fe en Jesucristo.
A los esclavos los echaron a las fieras que los destrozaron y ellos derramaron así valientemente su sangre por nuestra religión.
Antes de llevarlos a la plaza los soldados querían que los hombres entraran vestidos de sacerdotes de los falsos dioses y las mujeres vestidas de sacerdotisas de las diosas de los paganos. Pero Perpetua se opuso fuertemente y ninguno quiso colocarse vestidos de religiones falsas.
El diácono Sáturo había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros, llamado Pudente, y le dijo: "Para que veas que Cristo sí es Dios, te anuncio que a mí me echarán a un oso feroz, y esa fiera no me hará ningún daño". Y así sucedió: lo amarraron y lo acercaron a la jaula de un oso muy agresivo. El feroz animal no le quiso hacer ningún daño, y en cambio sí le dio un tremendo mordisco al domador que trataba de hacer que se lanzara contra el santo diácono. Entonces soltaron a un leopardo y éste de una dentellada destrozó a Sáturo. Cuando el diácono estaba moribundo, untó con su sangre un anillo y lo colocó en el dedo de Pudente y este aceptó definitivamente volverse cristiano.
A Perpetua y Felicidad las envolvieron dentro de una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, y soltaron una vaca bravísima, la cual las corneó sin misericordia. Perpetua únicamente se preocupaba por irse arreglando los vestidos de manera que no diera escándalo a nadie por parecer poco cubierta. Y se arreglaba también los cabellos para no aparecer despeinada como una llorona pagana. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores victoriosos. Perpetua, como volviendo de un éxtasis, preguntó: ¿Y dónde está esa tal vaca que nos iba a cornear?
Pero luego ese pueblo cruel pidió que las volvieran a traer y que les cortaran la cabeza allí delante de todos. Al saber esta noticia, las dos jóvenes valientes se abrazaron emocionadas, y volvieron a la plaza. A Felicidad le cortaron la cabeza de un machetazo, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua estaba muy nervioso y equivocó el golpe. Ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo. Así esta mujer valerosa hasta el último momento demostró que si moría mártir era por su propia voluntad y con toda generosidad.
Estas dos mujeres, la una rica e instruida y la otra humilde y sencilla sirvienta, jóvenes esposas y madres, que en la flor de la vida prefirieron renunciar a los goces de un hogar, con tal de permanecer fieles a la religión de Jesucristo, ¿qué nos enseñarán a nosotros? Ellas sacrificaron un medio siglo que les podía quedar de vida en esta tierra y llevan más de 17 siglos gozando en el Paraíso eterno. ¿Qué renuncias nos cuesta nuestra religión? ¿En verdad, ser amigos de Cristo nos cuesta alguna renuncia? Cristo sabe pagar muy bien lo que hacemos y renunciamos por El.


sábado, 5 de marzo de 2016

Parate un momento: Evangelio del día Domingo, 6 de marzo de 2016 4º de Cuaresma.





Domingo, 6 de marzo de 2016
4º de Cuaresma. Ciclo C.
"Domingo Letare"

Lectura del libro de Josué (5, 9a.10-12):

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:
«Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.» 
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Salmo 33,2-3.4-5.6-7

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor

·     Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

·     Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

·     Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):

El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» 
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
 "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."
 El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:
"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré:
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
 Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus criados:
"Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:
"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
El padre le dijo:
"Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»

Historia de dos padres.

El taxista de Barcelona y su hija pródiga

Leí la noticia hace años, creo que, en el 2000, y me impresionó por el enorme parecido de la historia con la parábola del hijo pródigo. En Barcelona, una muchacha decide irse de su casa y vivir con su novio. Hasta aquí, nada raro. Pero poco después organizan un viaje a la India, con fines no puramente turísticos; al intentar volver a España, los detienen por tráfico de drogas y los encarcelan. El padre, que es el gran protagonista del relato, no la madre, en vez de maldecir a la hija por haberlos abandonado para vivir con un camello y por ser tan estúpida como para confiar en él, convencido de que es inocente hace todo lo posible para sacarla de la cárcel. Afronta grandes gastos, pierde poco a poco todos sus bienes y termina vendiendo el taxi para pagar a los abogados y los trámites. Pero consigue recuperar a su hija y se reencuentran en el aeropuerto de Barcelona.

Dos hijos y dos padres

            Mucha gente conoce todavía la parábola del hijo pródigo y habrán visto las diferencias con el relato anterior. A la hija del taxista y al hijo pródigo se les puede acusar de marcharse de su casa de mala manera, sin preocuparse por lo que sentirá su padre. Por lo demás, son muy distintos: la hija peca de ingenua e imprudente; el hijo es un sinvergüenza que solo piensa en divertirse de mala manera. La hija no tiene posibilidad de volver; el hijo, sí.
            También los padres se diferencian. El taxista hace todo lo posible para recuperar a su hija. El de la parábola espera pacientemente a su hijo; todo lo hace al final: correr a su encuentro, abrazarlo, organizar un gran banquete. Objetivamente, sale ganando el taxista. Pero es que no conocemos la verdadera historia de la parábola.

¿Cómo evolucionó la historia del padre y del hijo pródigo?

            a) El hijo rebelde y el Padre irascible que perdona (Oseas)

            La idea de presentar las relaciones entre Dios y el pueblo de Israel como las de un padre con su hijo se le ocurrió por vez primera, que sepamos, al profeta Oseas en el siglo VIII a.C. En uno de sus poemas presenta a Dios como un padre totalmente entregado a su hijo: le enseña a andar, lo lleva en brazos, se inclina para darle de comer; pasando de la metáfora a la realidad, cuando era niño lo liberó de la esclavitud de Egipto. Pero la reacción de Israel, el hijo, no es la que cabía esperar: cuanto más lo llama su padre, más se aleja de él; prefiere la compañía de los dioses cananeos, los baales. De acuerdo con la ley, un hijo rebelde, que no respeta a su padre ni a su madre, debe ser juzgado y apedreado. Dios se plantea castigar a su hijo de otro modo: devolviéndolo a Egipto, a la esclavitud. Pero no puede. “¿Cómo podré dejarte, Efraín, entregarte a ti, Israel? Me da un vuelco el corazón, se me conmueven las entrañas. No ejecutaré mi condena, no te volveré a destruir, que soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti y no enemigo devastador” (Oseas 11,1-9).
            El hijo que presenta Oseas se parece bastante al de la parábola de Lucas: los dos se alejan de su padre, aunque por motivos muy distintos: el de Oseas para practicar cultos paganos, el de Lucas para vivir como un libertino.
            Mayor diferencia hay entre los padres. El de Oseas reacciona dejándose llevar por la indignación y el deseo de castigar, como le ocurriría a la mayoría de los padres. Si no lo hace es “porque soy Dios, y no hombre”, y lo típico de Dios es perdonar. Lucas no dice qué siente el padre cuando el hijo le comunica que ha decidido irse de casa y le pide su parte de la herencia; se la da sin poner objeción, ni siquiera le dirige un discurso lleno de buenos consejos.

            b) El hijo arrepentido y el Padre que lo acoge (Jeremías)

            La gran diferencia entre Oseas y Lucas radica en el final de la historia: Oseas no dice cómo termina, aunque se supone que bien. Lucas se detiene en contar el cambio de fortuna del hijo: arruinado y malviviendo de porquerizo, se le ocurre una solución: volver a su padre, pedirle perdón y trabajo. En cambio, no sabemos qué pasa por la mente del padre durante esos años. Lucas se centra en su reacción final: lo divisó a lo lejos, se enterneció, corrió, se le echó al cuello, lo besó.  Cuando el hijo confiesa su pecado, no le impone penitencia ni le da buenos consejos. Parece que ni siquiera le escucha, preocupado por dar órdenes a los criados para que organicen un gran banquete y una fiesta.
            ¿Cómo se le ocurrió a Lucas hablar de la conversión del hijo? Oseas no dice nada de ello, pero sí lo dice Jeremías.  A este profeta de finales del siglo VII a.C. le gustaban mucho los poemas de Oseas y a veces los adaptaba en su predicación. Para entonces, el Reino Norte ha sufrido el terrible castigo de los asirios. El pueblo piensa que el perdón anunciado por Oseas no se ha cumplido, pero no por culpa de Dios, sino por culpa de sus pecados. Y le pide: “Vuélveme y me volveré, que tú eres mi Señor, mi Dios; si me alejé, después me arrepentí, y al comprenderlo me di golpes de pecho; me sentía corrido y avergonzado de soportar el oprobio de mi juventud”. Y Dios responde: “Si es mi hijo querido Efraín, mi niño, mi encanto. Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión” (Jeremías 31,18-28). En estas palabras, que reflejan el arrepentimiento del pueblo y su confesión de los pecados, se basa la reacción del hijo en Lucas.

            c) El padre con dos hijos (Lucas)

            Sin embargo, cuando leemos lo que precede a la parábola, advertimos que el problema no es de Dios sino de ciertos hombres. A Dios no le cuesta perdonar, pero hay personas que no quieren que perdone. Condenan a Jesús porque trata con recaudadores de impuestos y prostitutas y come con ellos.
            Entonces Lucas saca un as de la manga y depara la mayor sorpresa. Introduce en la parábola un nuevo personaje que no estaba en Oseas ni Jeremías: un hermano mayor, que nunca ha abandonado a su padre y ha sido modelo de buena conducta. Representa a los escribas y fariseos, a los buenos. Y se permite dirigirse a su padre como ellos se dirigen a Jesús: con insolencia, reprochándole su conducta.
            El padre responde con suavidad, haciéndole caer en la cuenta de que ese a quien condena es hermano suyo. “Estaba muerto y ha revivido. Estaba perdido y ha sido encontrado”.
            ¿Sirve de algo esta instrucción? La mayoría de los escribas y fariseos responderían: “Bien muerto estaba, ¡qué pena que haya vuelto!” Y no podríamos condenar su reacción porque sería la de la mayoría de nosotros ante las personas que no se comportan como nosotros consideramos adecuado. El mundo sería mucho mejor sin ladrones, asesinos, terroristas, adúlteros, abortistas, gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, banqueros, políticos… y cada cual puede completar la lista según sus gustos e ideología.
            La diferencia entre el padre y el hermano mayor es que el hermano mayor solo se fija en la conducta de su hermano pequeño: “se ha comido tu fortuna con prostitutas”. En cambio, el padre se fija en lo profundo: “este hermano tuyo”. Cuando Jesús come con publicanos y pecadores no los ve como personas de mala conducta, los ve como hijos de Dios y hermanos suyos. Pero esto es muy difícil. Para llegar ahí hace falta mucha fe y mucho amor.

Qué duro es ser padre, qué duro es ser Dios.

            Los padres que tienen hijos muy distintos en sus comportamientos y sus ideas son los que mejor pueden comprender a Dios Padre. Tiene unos hijos muy especiales. Algunos parecen muy buenos, otros muy malos. Pero a todos los mira como hijos, a todos los quiere y los defiende.


viernes, 4 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 5 DE MARZO – SÁBADO San Teófilo, obispo




5 DE MARZO – SÁBADO
San Teófilo, obispo
3ª SEMANA DE CUARESMA

Evangelio  según san Lucas 18, 9-14

       En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás:
       “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era un fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano.  Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; solo se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.  Os digo que este bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

       1.   Hay quienes piensan que los fariseos tuvieron sus primeros orígenes a partir del cautiverio de los israelitas en Babilonia (s. V a.C.). Este colectivo representaba la decepción que vivió Israel ante el fracaso de los profetas para restaurar al pueblo (R Ricoeur).  En tiempo de Jesús, según F. Josefo, los fariseos se sentían orgullosos de su conocimiento y de su observancia de las leyes religiosas y de las tradiciones orales que enseñaban los rabinos (Ant. XVII, 41).  En tiempos de Herodes (Ant. XVII, 42) había más de 600 fariseos (G. Baumbach).

       2.   No es posible describir exhaustivamente el modelo humano-religioso del “eterno fariseo”. Porque ha variado en no pocas cosas con los cambios culturales. Pero hay características permanentes del “modelo fariseo”.  Podemos señalar dos: 1) Fariseo es el que tiene conciencia de vivir en condiciones de superioridad moral respecto a los que él ve como gente equivocada, perdida, ignorante, culpable de que la sociedad y la Iglesia estén como están.  2) Fariseo es el que, supuesto lo dicho, se siente satisfecho de sí mismo y no consiente ni mezclarse con los degenerados, los equivocados, los impuros, los canallas que están arruinando la religión y la patria.

       3.   El fariseo se caracteriza por su modo de orar a Dios.  En realidad, “su oración es un elogio de sí mismo” (Alberto Maggi), hasta el extremo de verse superior al común de los demás, a los que considera como gente vulgar, degenerada y perdida.  Es el polo opuesto al “eterno publicano”,  que es el que se ve perdido, sin salida moral en la vida, indigno hasta de mirar a Dios.  Y el colmo de todo este asunto está en que
Dios no tolera al satisfecho fariseo, al tiempo que abraza con cariño indecible al “modelo publicano”, que a muchos nos produce tanto rechazo.  Sin duda porque no acabamos de “matar al fariseo” que llevamos dentro.

San Teófilo, obispo



       Fue discípulo de San Tarasio quien al darse cuenta de la vocación y dones del muchacho para la vida religiosa, decidió confiárselo a otros de sus discípulos, San Miguel el Confesor, quien se hallaba fundando un monasterio junto al Bósforo. Años más tarde, y luego de soportar ambos las más duras y difíciles pruebas, San Tarasio confirió la dignidad episcopal: Teófilo recibió la sede de Nicomedia y Miguel a la Sínada.
     Cuando el León V emprendió de nuevo su batalla contra las imágenes, San Nicéforo, sucesor de San Tarasio en la sede de Constantinopla, convocó a un Concilio para mantener la doctrina católica contra el emperador. San Teofilo y otros teólogos de gran saber defendieron con elocuencia el punto de vista de la Iglesia, pero el emperador pemanecía inconmovible.
Fue entonces, que el santo, al ver la dureza del corazón del emperador, vaticinó terribles desgracias y pesares que caerían sobre él; el emperador, enfurecido, mandó a encarcelar al santo en un oscura y terrible celda, donde falleció treinta años después.
       San Teófilo tuvo un corazón grande y generoso; su incansable servicio y entrega hacia los más pobres y enfermos conllevó a que más adelante, el santo fundase varios hospitales en la región.


jueves, 3 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 4 DE MARZO – VIERNES - San Casimiro, rey




4 DE MARZO – VIERNES -
San Casimiro, rey
3ª -  SEMANA DE CUARESMA

Evangelio según Marcos 12, 28b-34

       En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó:
       “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”
       Respondió Jesús:
       “El primero es: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.  El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos”.
       El letrado replicó:
       “Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es único y no hay otro más que él y hay que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.
       Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
       “No estás lejos del Reino de los Cielos”.  
       Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

       1.   La pregunta que le hicieron a Jesús, en esta ocasión, y la respuesta que Jesús dio al letrado, ambas cosas, nos llevan derechamente al centro mismo de lo más original y profundo que Jesús aportó a la humanidad entera. El problema que aquí se plantea está en esto:  El letrado le preguntó a Jesús solamente cuál es el primer mandamiento, o sea el más importante de todos (D. C. Allison, Joel Marcus).  A lo que Jesús respondió recordando la Shemá o declaración fundamental de la fe (Mc 12,29-30; Deut 6, 4-9; 11, 13-21; Nm 15, 37-41).  Pero Jesús recuerda además el texto de Lev 19, 18, que es inseparable del primero (Gal 5, 14; Rom 13, 8-10; Sant 2, 8-12).

       2.   ¿Por qué Jesús unió ambos preceptos, el del amor a Dios y el del amor al ser humano? Si Jesús unió el amor al prójimo (sobre el que no le habían preguntado) con el amor a Dios (que es lo que le preguntaron), ¿por qué fundió lo uno con lo otro? ¿Por qué, a juicio de Jesús no es posible separar el amor a Dios del amor al prójimo? Sencillamente, porque si se separan, es que no estamos amando ni a Dios, ni al prójimo.  ¿Por qué?

       3.   Porque Dios es, por definición, “el Trascendente”.  Es decir, “a Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn 1, 18; cf. 14, 8-10; 1 Jn 4, 12).  0 sea, Dios “nos trasciende”, no está a nuestro alcance. Dios se sitúa “más allá de” el horizonte último al que nosotros podemos alcanzar.  Hablar de “Dios” en sí, es utilizar una palabra vacía de contenido.  Porque cuando hablamos de Dios así, en realidad no sabemos de lo que estamos  hablando.  La mediación de Dios y los humanos es Jesús.  Y, por tanto, cuando decimos que amamos a Dios, bien puede ocurrir que no sea a Dios a quien estamos amando, sino que estemos amando “otra cosa” a la que le ponemos la etiqueta de  “la voluntad de Dios”, “la verdad de Dios”,  “el designio de Dios, etc.  “Quien no ama a su hermano a quien está viendo, a Dios, a quien no ve, no puede amarlo” (1 Jn. 4, 20b). Queremos a Dios en “lo humano”.  Por eso, nuestro amor “a lo humano” es nuestro amor “a Dios”.  No tenemos otra posibilidad.

San Casimiro, rey
Casimiro nació en Cracovia, la sede real polaca en 1458 como hijo del rey Casimiro IV Jagellón y de su esposa Isabel de Habsburgo de Hungría. Desde muy pequeño demostró gran devoción a Dios y humildad, destacando como una de sus más grandes características la pureza y bondad, habiendo hecho voto de castidad.
Puesto que una facción de la nobleza húngara estaba descontenta con el rey desan penen max] de Hungría (1458-1490), el joven príncipe polaco de tan solo 13 años de edad fue llamado al reino para ocupar el lugar del otro monarca. Los derechos al trono fueron legitimados por la nobleza húngara, ya que la madre de Casimiro era hija del fallecido rey Alberto de Hungría, y su tío paterno (hermano del rey Casimiro IV de Polonia) llegó a ser coronado como Vladislao I de Hungría y reinó por 4 años. De esta forma, Casimiro arribó en 1471 a las fronteras húngaras aceptando la elección para brindar defensa al mundo cristiano contra los turcos invasores, que según la nobleza húngara el rey Matías no combatía. El arzobispo de Esztergom Juan Vitéz, siendo la más alta autoridad eclesiástica en el reino, y a pesar de haber sido el tutor del rey Matías en su infancia, accedió a apoyar a la nobleza húngara descontenta y eventualmente a coronar a Casimiro como rey. Sin embargo, el consejo eclesiástico canónigo de Esztergom, guiado por el obispo Juan Beckensloer, enterándose de la conspiración informó inmediatamente al rey Matías que se hallaba en una campaña militar en suelo checo por el trono de Bohemia. En muy breve tiempo el rey húngaro se presentó de sorpresa en Esztergom y envió a los nobles Miguel Országh y Emérico Szapolyai para que resolviesen el asunto pacíficamente. Casimiro se vio forzado a interrumpir su viaje y a renunciar a sus pretensiones al trono húngaro (sin embargo su hermano menor será coronado en 1490 tras la muerte de Matías como Vladislao II de Hungría)
De 1479 a 1483, Casimiro llevó los asuntos de gobierno en Polonia sustituyendo a su padre ausente y murió a los 26 años de edad el 4 de marzo de 1484 tras enfermarse gravemente en Grodno (Lituania) durante un viaje. Sus restos se encuentran en Vilna, la capital de Lituania.

Poco después de su muerte surgieron iniciativas para promover su canonización, que se produjo en 1521 bajo el gobierno del papa León X.
Representación: con traje polaco, con corona, cetro, palma, joyas, crucifijo. El cuadro anterior, en la catedral de Vilna, mostrase con dos manos derechas. Una leyenda diga que un pintor pintó una nueva mano y pintó afuera la vieja mano, pero milagrosamente la vieja mano reapareció. Otra leyenda diga que la tercera mano estaba un resultado de la hospitalidad del santo.



miércoles, 2 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 3 DE MARZO – JUEVES - Santos Emeterio y Celedonio, mártires.



3 DE MARZO – JUEVES -
Santos Emeterio y Celedonio, mártires.
3ª - SEMANA DE CUARESMA

       Evangelio según san Lucas: 11, 14-23

       En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo, y apenas salió el demonio habló el mudo.  La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
       “Si echa los demonios es por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios”.
       Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.  Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:
       “Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa.  Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belcebú; y vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.  Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.  Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros.  Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.  El que no está conmigo, está contra mí el que no recoge conmigo, desparrama”.

       1.   La creencia en los demonios entró en las tradiciones del pueblo de Israel a partir del encuentro con las ideas religiosas del sincretismo irano-caldeo.  Esto ocurrió, como es sabido, en los tiempos del destierro en Babilonia (s. y a.C.). Desde entonces se empezó a pensar y creer que los ángeles aparecen como poderes espirituales que prestan auxilio, mientras que los demonios son poderes diabólicos dañinos.  A los demonios o espíritus inmundos se atribuían las enfermedades, las desgracias y cuanto hacia sufrir a los seres humanos (O. Bócher). Por eso, Jesús en cuanto liberador de los demonios, es el signo más patente de la presencia del Reino de Dios.  Dios reina en el mundo liberando a los que sufren de las causas que les provocan sus desgracias. Lo que entraña una enseñanza básica: Dios se hace presente en la vida de las personas, más por la paz, la alegría y la felicidad, que por la piedad o la religiosidad.

       2.   Jesús libera del demonio liberando de la mudez.  Se puede “ser” mudo o “estar” mudo. El que calla cuando tendría que hablar, “está” mudo, aunque no “sea” mudo.  La corrupción moral, con sus terribles consecuencias, políticas, económicas, sociales..., se debe a la incontable cantidad de ciudadanos que nos portamos como mudos.  Porque nos callamos cuando tendríamos que hablar. Y no decimos lo que habría que pregonar a los cuatro vientos.  Por desgracia, hay silencios que son cómplices de muchas maldades y origen de tantos sufrimientos.  Los llamados medios de “comunicación” son, con frecuencia, medios de “incomunicación”.  Porque no dicen la verdad, o porque callan lo que tendrían que decir.  A eso, antiguamente, se le llamaba “estar endemoniado”. Ahora, de esas conductas, se dice que lo “políticamente correcto”. ¡Conductas satánicas! Que son conductas canallas”, que perpetúan la maldad y el sufrimiento de los desgraciados.

       3.   La división y la confrontación incluso entre demonios, es signo evidente de auto-destrucción.  Una familia dividida, un país en el que viven unos ciudadanos enfrentados contra otros, una Iglesia rota y fracturada en grupos que no se quieren o incluso se odian..., todo eso es satánico.

Santos Emeterio y Celedonio, mártires. 



Calahorra está unida a estos soldados por el hecho de su martirio y quizá también por ser el lugar de su nacimiento. Otros señalan a León como cuna por los libros de rezos leoneses –antifonarios, leccionarios y breviarios del siglo XIII– al interpretar «ex legione» como lugar de su proveniencia, cuando parece ser que la frase latina es mejor referida a la Legión Gemina Pia Felix a la que pertenecieron y que estuvo acampada cerca de la antigua Lancia, hoy León, según se encuentra en el documento histórico denominado «Actas de Tréveris» del siglo VII.
En la parte alta de Calahorra está la iglesia del Salvador –probablemente en testimonio perpetuante del hecho martirial– por donde antes estuvo un convento franciscano y, antes aún, la primitiva catedral visigótica que debió construirse, según la costumbre de la época, junto a la residencia real, para defensa ante posibles invasiones y que fue destruida por los musulmanes en la invasión del 923, según consta en el códice primero del archivo catedralicio.
No se conocen las circunstancias del martirio de estos santos; no las refiere Prudencio. ¡Qué pena que el emperador Diocleciano ordenara quemar los antiguos códices cristianos y expurgar los escritos de su tiempo! Con ello intentó, por lo que nos refiere Eusebio, que no quedara constancia ni sirviera como propaganda de los mártires, y evitar que se extendiera el percance de la nueva fe.
Tampoco hay en el relato nombres que faciliten una aproximación. ¿Fue al comienzo del siglo IV en la persecución de Diocleciano? Parece mejor inclinarse con La Fuente por la mitad del siglo III en la de Valeriano, contando con que algún otro retrotrae la historia hasta el siglo II. Cierto es que Prudencio nació hacia el 350, deja escrita en su verso la historia antes del 401, cuando se marcha a Italia, hablando de ella como de suceso muy remoto y no debe referirse con esto al tiempo de Daciano (a. 304) porque esta época ya fue conocida por los padres del poeta. Es bueno, además, no perder de vista que el narrador antiguo no es tan exacto en la datación de los hechos como la actual crítica, siendo frecuente toparse con anacronismos poco respetuosos con la historia.
El caso es que Emeterio y Celedonio –hermanos de sangre según algunos relatores– que fueron honrados con la condecoración romana de origen galo llamada torques por los méritos al valor, al arrojo guerrero y disciplina marcial, ahora se ven en la disyuntiva de elegir entre la apostasía de la fe o el abandono de la profesión militar. Así son de cambiantes los galardones de los hombres. Por su disposición sincera a dar la vida por Jesucristo, primero sufren prisión larga hasta el punto de crecerles el cabello. En la soledad y retiro obligados bien pudieron ayudarse entre ellos, glosando la frase del Evangelio, que era el momento de «dar a Dios lo que es de Dios» después de haberle ya dado al César lo que le pertenecía. Su reciedumbre castrense les ha preparado para resistir los razonamientos, promesas fáciles, amenazas y tormentos. En el arenal del río Cidacos se fija el lugar y momento del ajusticiamiento. Cuenta el relato que los que presencian el martirio ven, asombrados, cómo suben al cielo el anillo de Emeterio y el pañuelo de Celedonio como señal de su triunfo señero.
Muy pronto el pueblo calagurritano comenzó a dar culto a los mártires. Sus restos se llevaron a la catedral del Salvador; con el tiempo, las iglesias de Vizcaya y Guipúzcoa con otras hispanas y medio día de Francia dispusieron de preciosas reliquias. Junto al arenal que recogió la sangre vertida se levanta la catedral que guarda sus cuerpos. Hoy Emeterio y Celedonio, los santos cantados por su paisano Prudencio, y recordados por sus compatriotas Isidoro y Eulogio, son los patronos de Calahorra que los tiene por hermanos o de sangre o –lo que es mayor vínculo– de patria, de ideal, de profesión, de fe, de martirio y de gloria.





martes, 1 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 2 DE MARZO – MIÉRCOLES – Santa Ángela de la Cruz




2 DE MARZO – MIÉRCOLES –
Santa Ángela de la Cruz
3ª - SEMANA DE CUARESMA

       Evangelio según san Mateo 5, 17-19

       En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:  
       “No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos”.

       1.   Este texto es mucho más decisivo de lo que imaginamos. Porque es un texto clave para entender todo el Evangelio. Jesús no vino a “anular” la religión del A.T.  Jesús vino a llevar aquella religión hasta sus últimas consecuencias. Y, en ese sentido, lo que hizo Jesús fue “modificar” la religión de Israel, de forma que la religión del Evangelio alcanza la totalidad de la vida.  Desde Jesús, la religión no se limita ya a “lo ritual”, a “lo cultual” o a “lo sagrado”.  La religión de Jesús abarca “todo lo que es verdaderamente humano”.  Esto es lo que significa “dar plenitud” a la Ley y Profetas (Mt 5, 17).  En efecto, el verbo “pléroó” significa “hacer respetar” la Ley y los Profetas.  Pero, además, quiere decir también (y sobre todo) “modificar” la religión. (G. Strecker, H. Hübner),  de manera que así ya no queda reducida a los rituales y ceremonias de la religiosidad, tanto la “oficial” como la “popular”, sino que alcanza y abarca la vida entera, la totalidad de la vida.

       2.   Por tanto, hay que evitar la utilización de estas palabras de Jesús en sentido antisemítico. Eso se ha hecho, a veces, por desgracia.  Pero no se debe hacer. Tan respetable es la experiencia verdaderamente religiosa de los judíos como la de los cristianos.  Lo que tenemos que hacer es respetarnos siempre unos a otros.  Y buscar siempre unidos, al Dios que nos supera a todos.

       3.   El ideal, que nos señala Jesús, es que siempre nos encaminemos al significado profundo que el propio Jesús indica: “Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significa la ley y los profetas (Mt 7, 12).  Esta bondad constante, este respeto a los otros, esta generosidad, es que Dios quiere para todos.  Y lo que espera de todos.  En el fondo —y en última
instancia—, lo que Jesús afirma es que la “religión” es “una forma de vivir”, un proyecto de vida.  Con lo que Jesús vino a desplazar el centro de la religión de “lo ritual” a lo ético”.  Lo central es que nuestra conducta sea siempre la realización del proyecto que consiste en querer siempre para los otros lo que queremos para nosotros.  Fuera de este proyecto no hay religión.

Santa Ángela de la Cruz

Ángela Guerrero González, Sor Ángela de la Cruz, Madre de los pobres, nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla en el seno de una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron catorce hijos, pero sólo seis llegaron a mayores de edad a causa de la terrible mortalidad infantil, aún persistente durante todo el s. XIX.
Sus padres eran—hasta la exclaustración de los religiosos en 1836—los cocineros del Convento de los Padres Teatinos de Sevilla. Su padre murió pronto. Sin embargo, la madre llegara a ver la obra de su hija, y las Hermanitas de la Cruz la llamaran con el dulce nombre de "la abuelita" y quedaran admiradas de las muchas virtudes que florecían en el jardín de su alma. Ella supo trasplantarlas al jardín del alma de su hija Ángela. Se dice que un día, siendo aún muy pequeña, desapareció y todos la buscaron. Todos menos su madre que enseguida adivinó donde estaba: en la iglesia. Allí la encontraron rezando y recorriendo los altares. Ya mayor dirá: "Yo, todo el tiempo que podía, lo pasaba en la iglesia, echándome bendiciones de altar como hacen las chiquillas".
Por carecer de recursos, apenas puede aprender a leer y escribir. Ángela, que crecía en un piadoso ambiente familiar, pronto daría cumplidas pruebas de bondad natural. Ya de joven, nadie osaba hablar mal o pronunciar blasfemias en su presencia. Si hablaban algo menos puro, al verla llegar, decían, cambiando de conversación: "Callad, que viene Angelita".
Ángela necesita trabajar desde los doce años para ayudar a su familia, cuando apenas ha tenido ocasión de asistir a la escuela: en el taller de calzado de doña Antonia Maldonado, en la calle del Huevo, trabajó durante algún tiempo como zapatera. Dña. Antonia estaba encantada de ella y exhortaba a las demás a que la imitaran. Hacia rezar el rosario y rendían más que antes.
El Padre Torres Padilla era muy amigo de la familia donde trabajaba como zapatera. Le habían hablado de la maravilla de aquella joven.
De 1862 a 1865, Ángela, que asombra por sus virtudes a cuantos la conocen, reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 se cierne una oleada de cólera sobre Sevilla que azota a las familias pobres hacinadas en los "corrales de vecindad". Ángela se multiplica para poder ayudar a estos hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria. Y en ese mismo año pone en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja". Cuenta ahora con diecinueve años.
Quiso entrar en las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque no la admitieron por temor a que no pudiera soportar los duros menesteres del convento en su cuerpo menudo y débil.
Después ingresó en las Hermanas de la Caridad. Llegó a vestir el hábito, pero hubo de salir del convento al enfermar. Viendo que no podía ser monja en el convento, se dijo a si misma: "Seré monja en el mundo" e hizo los Votos religiosos. Un billete de 1º de noviembre de 1871 nos revela que "María de los Ángeles Guerrero, a los pies de Cristo Crucificado" promete vivir conforme a los consejos evangélicos: ya que le ha fallado ser monja en el convento, será monja fuera. Dos años más tarde, Ángela pone en manos del doctor Torres Padilla unas reflexiones personales en las que se propone, no vivir siguiendo a Jesús con la cruz de su vida, sino vivir permanentemente clavada en ella junto a Jesús. De ahora en adelante se llamará Ángela de la Cruz.
Ángela comienza a afirmarse en una idea que le ha venido con fuerza: "hay que hacerse pobre con los pobres".
En invierno de 1873 Ángela formula votos perpetuos fuera del claustro, y por el voto de obediencia queda unida al padre Torres. Pero su mente y su corazón inquietos comienzan a "reinar" en una idea que continuamente le asalta: formar la "Compañía de la Cruz".
Obstinada en su empeño el 17 de enero de 1875 comienza a trazar su proyecto, que, como toda obra noble, se verá colmado por el éxito, más ante los ojos de Dios que ante los ojos de los hombres.
Ángela ha encontrado tres compañeras: Josefa de la Peña, una terciaria franciscana "pudiente", que ha decidido dar el paso que su contacto con los pobres le está pidiendo; Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes pobres, sencillas y buenas. Con el dinero de Josefa Peña alquilan su "convento": un cuartito con derecho a cocina en la casa número 13 de la calle San Luis, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra, y comienzan a adquirir notable consistencia en el clima religioso de Sevilla. Estrenan hábito y sus compañeras comienzan a llamarle "Madre", cuando aún no se ha borrado de su rostro la primavera de la niñez. Entre duras penitencias y mortificaciones, fieles a la causa de los pobres, consiguen obtener en 1876 la admisión y bendición del Cardenal Spínola.
Todo el resto de su vida estaría marcado por el signo doliente de la Cruz, pero también por la felicidad de quien se siente "luz en el mundo mostrando una razón para vivir". La Compañía va a crecer, y con ella el agradecimiento del pueblo sevillano y de todos los rincones de Andalucía a donde llega el espíritu de Sor Ángela. Como afirma José María Javierre en su preciosa obra Madre de los pobres: 'Que yo sepa, es el único caso en el mundo. Existe una ciudad donde pronunciáis el nombre de una persona y todos los habitantes, todos, sonríen: -Era buena, era una santa."
La siguen bastantes jóvenes y mayores que quieren imitar a Sor Ángela y seguir su mismo género de vida. Todos caben en sus casas. La austeridad será nota distintiva de sus casas. Roma da aprobación a su Obra.
La muerte le sorprendió con las manos llenas de amor, pero vacías de entregar a los demás su vida hecha dulzura, milagro cotidiano de luz. A las tres menos veinte de la madrugada del día 2 de marzo de 1932 alzó el busto, levantó los brazos hacia el cielo, abrió los ojos, esbozó una dulce sonrisa, suspiró tres veces y se apagó para siempre. El día 28 de julio del anterior año había perdido el habla. Sus últimas palabras habían sido: "No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera......"
El Ayuntamiento republicano de Sevilla celebra sesión extraordinaria para dar carácter oficial a los elogios dé Sor Ángela. El alcalde pone a votación que se cambie el nombre de la calle Alcázares por Sor Ángela de la Cruz. El Papa Juan Pablo la beatificó en Sevilla el 5 de noviembre de 1982, proclamándola Santa el 4 de mayo de 2003. El Ayuntamiento de Sevilla ha rotulado de nuevo la calle que lleva su nombre por el de Santa Ángela de la Cruz.