jueves, 16 de abril de 2015

Párate un momento. -16 DE ABRIL - JUEVES 2ª SEMANA DE PASCUA



-16 DE ABRIL - 
JUEVES  2ª SEMANA DE PASCUA


Jn.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: “El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio y nadie acepto su testimonio. El que acepto su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla la Palabra de Dios porque no da el espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo  ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él".

1. Como se advierte fácilmente, este breve relato no habla de la historia de Jesús, sino de la cristología (reflexión teórica sobre Cristo) que elaboró el evangelio de Juan. En la cristología de Juan, tiene un lugar importante el verbo griego "erchomai", que significa “venir”o “ir", o sea , se trata de un verbo que expresa un desplazamiento Se puede decir que, según el IV evangelio, Jesús es un “desplazado": ha abandonado su origen y viene con una misión o encargo que tiene que cumplir.

2. Jesús es “el que viene” (“ho erchómenos) “de Dios", “del Padre” “del cielo’~ “de lo alto” (Jn 3~31.32; 5,43; 7,28; 8, 14.42; 9,39; 10, 10; 12,47; 13,3; 16, 28; 18, 37). Según las creencias religiosas de todos los tiempos y de todos los pueblos y culturas, Jesús representa un caso absolutamente único: viene de la condición y posición más excelsa y privilegiada que los hombres
religiosos han podido pensar. Es decir, ha abandonado su gloria, sus privilegios, su condición excelsa, sus poderes, su autoridad y se ve equiparado a lo terreno, lo de abajo, lo limitado, lo efímero, lo mortal, lo transitorio. Y, por si era poco, aquí en esta tierra de los mortales, se ve rechazado, de forma que “nadie acepta su testimonio". Es fuerte y duro verse así.

3. Con esto Jesús está diciendo que el procedimiento para dar vida en plenitud, lo que se suele decir vida “eterna” (“aiónios”) es el camino del descenso, del despojo de toda grandeza y privilegio el camino trillado y vulgar de los mortales, donde uno pierde poder y ha de ganarse la credibilidad, no por el estamento al que pertenece, sino por la autenticidad de su vida.

miércoles, 15 de abril de 2015

Misericordiae Vultus BULA DE CONVOCACIÓN DEL JUBILEO



http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html

Misericordiae Vultus 
BULA DE CONVOCACIÓN DEL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA.
 FRANCISCO OBISPO DE ROMA SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
A CUANTOS LEAN ESTA CARTA GRACIA, MISERICORDIA Y PAZ[

-15 DE ABRIL - MIÉRCOLES 2ª SEMANA DE PASCUA - Párate un mommento


-15 DE ABRIL - 
MIÉRCOLES 2ª   SEMANA DE PASCUA

Santo(s) del día : Damián de Molokai (Jozef De Veuster), Santa Basilisa Anastasia 


Jn 3, 16-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente, detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".

1. Jesús desmonta la teoría jurídica de la “satisfacción" , aplicada a la salvación. Dios no mandó a su Hijo al mundo porque estuviera ofendido e irritado por nuestros pecados. Dios nos dio a su Hijo porque nos quiere tanto, que no quiere que se pierda ninguno de los que creen en Jesús.

2. ¿Significa esto que quienes no creen en Jesús no tienen salvación? Jesús no habla ni de creencias religiosas ni de observancias o prácticas de piedad. Jesús se refiere al comportamiento de cada uno. El que es honrado, respetuoso, tolerante, buena persona, de forma que de él se puede decir que vive en la luz, ese está en camino de salvación. El que se comporta perversamente, ese está en camino de perdición.

3. Por tanto, el problema de la salvación, tal como lo presenta aquí Jesús, no es cuestión de religión, sino de ética. Se trata de vivir en la luz y en la verdad. El que vive de tal forma que su vida es transparente y hace el bien que está a su alcance, ese es el que” hace sus obras según Dios”. La religión, con sus creencias y sus prácticas, es importante en la medida en que motiva a cada persona y le da la fortaleza necesaria para vivir en la luz y en la verdad.

martes, 14 de abril de 2015

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- 14 DE ABRIL - 
MARTES 2~ SEMANA DE PASCUA

Santo(s) del día : San Valeriano Mártir 
Jn 3,5 a. 7 b -15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: “Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu”. Nicodemo le preguntó: ‘¿ Cómo puede suceder eso?’ Le contestó Jesús: “Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos, de lo que hemos visto damos testimonio. Si no creéis cuando hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hablo del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre".

1. Un cambio total de vida, hasta el extremo de ser visto como una persona distinta, como el que ha nacido otra vez, eso no es tan fácil. Ni lo hace cualquiera. Un cambio así de vida supera lo que da de sí la condición humana. Se comprende la pregunta de Nicodemo: "¿Cómo puede suceder eso?”.

2. Jesús responde apelando a la distinción radical que existe entre lo que pertenece a la tierra y lo que es propio del cielo, de forma que no se trata solo de lo que procede del cielo, sino de lo que permanece en el cielo y, por tanto, se sustrae a los ojos humanos. De esto último es de lo que habla aquí Jesús (Sab 9, 16; 4 Esd 4, 1-21; Heb 8,5; 9,23; 11, 16). Con ello le está diciendo a Nicodemo: “Si tienes fe en lo que te digo, con esa fe podrás llegar a ser un hombre distinto".

3. El problema está en que eso tiene un peligro. El peligro que siempre han tenido (y tienen) las religiones. Exigir a la gente cambios radicales en nombre de realidades celestiales, que se sustraen a nuestros ojos, se presta a que los representantes “oficiales” de esas realidades obliguen a los demás a hacer lo que a ellos se les ocurre y les conviene, no lo que realmente quiere Dios. Jesús lo advierte: “Nadie ha subido al cielo”. Por eso lo que afirma Jesús es esto: “No creáis nada más que al que baja de cielo".
Jesús merece todo nuestro crédito porque no es un Dios que se quedó en el cielo, sino porque es el Hijo de Dios que bajó, que descendió, que se yació de su poder y renunció a su grandeza. El que hace eso es —a juicio de Jesús— el único que tiene credibilidad. Para hablar de Dios, la credibilidad la tiene el que baja, no el que sube.

lunes, 13 de abril de 2015

FELIZ CUMPLEAÑOS. .ISABEL.

 No olvides pedir un deseo a la apagar las velas de la tarta.
Espero que te gusten las flores

lunes, 13 de Abril - Párate un momento



13 DE ABRIL - LUNES
2ª SEMANA DE PASCUA

Jn 3,1-8

    Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Fue a ver a Jesús de noche y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él”. Jesús le contestó: “Te aseguro, el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”.  Nicodemo le pregunta: “ ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?” Jesús le contestó: “Te aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de donde viene ni adónde va. Así es todo e/que ha nacido del Espíritu”.

1.        “Nacer de nuevo” es “ser una persona distinta”. A veces, encontramos personas que dicen: “si yo naciera de nuevo, viviría de otra forma distinta, sería diferente, haría o dejaría de hacer tal o cual cosa”. Por tanto, lo que
Jesús le dijo al fariseo Nicodemo es que su vida tenía que cambiar de tal forma, que quien lo viera lo tendría por otra persona, como si viera a otro hombre. Y conste que Nicodemo fue siempre un hombre honrado (Jn 7,
50; 19, 39). Pues incluso a este hombre Jesús le pide que cambie como si viniera de nuevo a este mundo.

2.        ¿En qué tendría que cambiar? Jesús no le pide que deje de pertenecer al partido de los fariseos. Ni que cambie en tal o cual cosa. Lo que le pide es que sea un hombre “de espíritu”. ¿Qué es eso? “Espíritu” traduce la palabra griega “pneuma”,  que significa “viento”. Por tanto, Jesús le pide a Nicodemo que sea como el viento, que “no sabes de dónde viene ni a dónde va”.  Por tanto, lo que Jesús le pide a Nicodemo es que sea libre, es decir, que, como el viento, no esté atado a nada ni a nadie.

3.        Jesús no le dice a Nicodemo que haga siempre lo que le dé la gana.

Porque eso no es libertad. Los que tienen adicción a algo, cuando satisfacen su adicción, hacen lo que les da la gana. Pero no son libres. Son esclavos de su adición. La libertad, que pide Jesús, brota del espíritu. Es libertad al servicio de la misericordia, alga tan desconocido e infrecuente que nadie sabe “ni de dónde viene ni a dónde va”.

sábado, 11 de abril de 2015

12 de Abril - 2º Domingo de Pascua


- 12 DE ABRIL -
DOMINGO    2° DE PASCUA


Jn 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros’~ Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”~ Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”~ Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, sino meto el dedo ene/agujero de sus clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás: “jSeñor mío y Dios mío!”
Jesús le dijo: “Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a
la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Una aparición muy peculiar.

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visual de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto». 
4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.