sábado, 25 de febrero de 2023

Párate un momento: El Evangelio del dia 27 – DE FEBRERO – LUNES – 1ª SEMANA DE CUARESMA – A SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA, Religioso

 


 

27 – DE FEBRERO – LUNES –

1ª SEMANA DE CUARESMA – A

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA,

Religioso

 

EL Señor habló así a Moisés:

«Di a la comunidad de los hijos de Israel:

“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.

No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.

No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.

No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.

No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.

No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.

No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».

 

Palabra de Dios

 

Salmo: 18,8.9.10.15

 

R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

 

V/. La ley del Señor es perfecta

y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel

e instruye a los ignorantes. R/.

 

V/. Los mandatos del Señor son rectos

y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida

y da luz a los ojos. R/.

 

V/. El temor del Señor es puro

y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos. R/.

 

V/. Que te agraden las palabras de mi boca,

y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,

Señor, Roca mía, Redentor mío. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,31-46):

 

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿Cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

Y el rey les dirá:

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

Entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿Cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.

Él les replicará:

“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.

Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

 

Palabra del Señor

 

     1. Decía san Gregorio Magno en sus Tratados morales que quienes aspiren a la unión con Dios deben comenzar por el ejercicio de la caridad y las demás virtudes. Los seres humanos tendemos a complicar y compartimentar nuestra vida. Dios desea simplificarla y unificarla. La limosna cuaresmal es poner en ejercicio la caridad que da unidad y sentido a todo lo que hacemos, a todas las dimensiones de nuestra vida. El Catecismo nos dice que el hombre ora con el corazón, que es la sede de nuestra identidad más profunda, de nuestros deseos, el lugar donde experimentamos a Dios. También es el lugar donde comienza la caridad con el prójimo, pues en él hacemos nuestro al prójimo y sus necesidades (cf. CEC 2563).

 

     2. Esta preciosa imagen del Juicio final que Mateo nos propone nos ayuda a vivir esta unidad interior para que tanto nuestra oración como nuestra vida sean auténticas. Jesucristo ama tanto a cada hombre que siente como hechas a sí mismo aquellas cosas que hacemos al prójimo: «Conmigo lo hicisteis». La tradición eclesial nos lega una lista de obras de misericordia. Se trata de desear un corazón misericordioso como el de Jesús. Concretar estas obras nos ayuda a prolongar en la vida lo que hemos vivido en la oración. Este es el espíritu de la limosna cuaresmal, que es al mismo tiempo fruto y disposición para una oración mejor.

 

     3. ¿Por qué somos más sensibles a lo sagrado que a lo humano?

     Mientras no tengamos esto resuelto, no somos cristianos. Seremos, por supuesto, muy religiosos. Pero no cristianos.

     A fin de cuentas, "lo humano" es "lo profano" (según las teorías de la sociología de las religiones). Y, como es lógico, "lo profano" se tiene que supeditar a "lo sagrado". Esto es el veneno mortal de la fe en Jesús y su Evangelio.

 

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA, religioso

 


El 1 El primero de marzo de 1838 nació en el pueblecito de Asís (Italia) un niño llamado Francisco que, como el famoso fundador de los franciscanos, llegó a ser santo. Era el undécimo de trece hermanos y quedó huérfano de madre a los cuatro años.

Francisco (que tomó más tarde como nombre religioso Gabriel de la Dolorosa) tenía un "temperamento suave, jovial, insinuante, decidido y generoso, poseía también un corazón sensible y lleno de afectividad... Era de palabra fácil apropiada, inteligente, amena y llena de una gracia que sorprendía..." De estatura más bien alta (medía 1,70 metros), tenía "buena voz, era ágil y bien formado" (ib.).

 Con su familia se trasladó a Spoleto donde, como el otro Francisco, era un líder de los jóvenes. Allí fue a la escuela de los hermanos de las Escuelas Cristianas, y al liceo clásico con los jesuitas. Le agradaba mucho el canto, y consiguió premios en poesía latina y en las veladas teatrales.  Era un joven dinámico, con una gran pasión por su fe cristiana. En su habitación había colocado una escultura de la Piedad para su veneración íntima.

Cuando iba al teatro Meliso con su padre, muchas veces salía a escondidas para ir a rezar bajo el pórtico de la catedral, que estaba muy cerca; después regresaba antes de que concluyera la función para salir con los demás espectadores. Algunas veces usaba cilicio y se sabe que en una ocasión rechazó las proposiciones deshonestas de un libertino, amenazándole con una navaja.

 

Interviene la Virgen María

El 22 de agosto de 1856 estaba asistiendo a la procesión de la "Santa Icone", una imagen mariana venerada en Spoleto, cuando la Virgen María le habló al corazón para invitarle con apremio: "Tú no estás llamado a seguir en el mundo. ¿Qué haces, pues, en él? Entra en la vida religiosa". El 10 de septiembre de 1856 entró en el noviciado pasionista de Morrovalle (Macerata) y tomó el nombre religioso de Gabriel. Tenía solo 18 años. Su entrega fue con todo su corazón y en la vida religiosa encontró su felicidad: "La alegría y el gozo que disfruto dentro de estas paredes son indecibles". Sus mayores amores eran Jesús Crucificado, la Eucaristía y la Virgen María.

 

Muerte

En el convento de Isola, cuando los primeros rayos del sol entraban por la ventana de su Ex-voto celda en la mañana del 27 de febrero de 1862, Gabriel, sumido en éxtasis de amor y rodeado por los religiosos que lloraban junto a su lecho, abandonó la tierra y fue al cielo, invitado por la Virgen María.

Treinta años más tarde, El 17 de octubre de 1892, se iniciaron los trámites para inscribirlo entre los santos ya que la devoción de los fieles y los milagros que realizaba eran muchos.

Fue canonizado por Benedicto XV en 1920.

Declarado copatrón de la juventud católica italiana, 1926

Patrón principal de Abruzo en 1959.

 

 

 

 

viernes, 24 de febrero de 2023

Párate un momento: El Evangelio del dia 26 – DE FEBRERO – DOMINGO – 1ª SEMANA DE CUARESMA – A SAN NECTOR

 

 


26 – DE FEBRERO – DOMINGO –

 1ª SEMANA DE CUARESMA – A  

SAN NECTOR

 

Lectura del libro del Génesis (2,7-9;3,1-7):

 

EL Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.

Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:

«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente:

«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:

“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

La serpiente replicó a la mujer:

«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.

Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

 

Palabra de Dios

 

Salmo: 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

 

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

 

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado. R/.

 

V/. Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces. R/.

 

V/. Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme.

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R/.

 

V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12-19):

 

HERMANOS:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...

Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:

pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

 

Palabra de Dios

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):

 

EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó:

«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le dijo:

«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los

reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús:

«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

Palabra del Señor

 

Adán, Eva y Jesús frente a la tentación.

 

Miguel Ángel. Tentación y expulsión del paraíso

 

Al comenzar la Cuaresma, tiempo de conversión y preparación para celebrar la Pascua, la Iglesia nos recuerda dos actitudes muy distintas frente a la tentación: la de Adán y Eva, en la que podemos vernos reflejados todos nosotros, y la de Jesús. En el primer caso triunfa la debilidad, la caída inmediata; en el segundo, la fuerza, la capacidad de resistir en la prueba. Pero esta contraposición no pretende desanimarnos ni denunciar lo débiles y malos que somos. Al contrario, como afirma Pablo en la segunda lectura, «si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos».

 

La debilidad de Eva y Adán (1ª lectura: Génesis 2,7-9; 3,1-7)

 

El relato describe el proceso que lleva al pecado. No lo hace con un lenguaje intelectual, sino mediante un dialogo vivo. Para ello introduce a la serpiente, que ya en el poema mesopotámico de Gilgamesh, desempeñaba un papel capital como enemiga del hombre, al que roba la planta de la vida y la inmortalidad. Pero el autor de nuestro relato enfoque el tema de manera distinta, más profunda. La serpiente no roba la planta de la vida, sino que destruye al ser humano por dentro.

 

 

La tentación comienza con una mentira, exagerando y falseando la prohibición de Dios (comparar sus palabras con 2,16‑17). Presenta al Señor como alguien inhumano y cruel, que impone al hombre algo terrible. Sus palabras son tan burdas que al principio es fácil rechazarlas. Pero la tentación insiste. Niega la existencia de peligro. Y entonces surge la atracción por lo prohibido y la apetencia. Hasta entonces, parece como si Eva y Adán no se hubiesen fijado en el árbol. El simple miedo a morir los retrae de su contemplación. Ahora, «la mujer vio que el árbol tentaba el apetito, era una delicia para los ojos y apetecible para adquirir conocimiento» (3,6). A partir de ese momento, está perdida, y también su marido.

Al punto, el pecado produce sus frutos. La serpiente había prometido que se les abrirían los ojos (3,5). Efectivamente, se les abren y adquieren un conocimiento nuevo (3,7). Pero lo que aprenden es que están desnudos, y esto provoca vergüenza mutua y vergüenza y miedo ante Dios.

 También surge el sentimiento de culpa, y el ansia de descargar en otro la propia responsabilidad. En su deseo de justificarse, el hombre culpa a la mujer, rompiendo con ello la solidaridad entre la pareja. La mujer, sin otra alternativa, culpa a la serpiente. [Esta última parte no se lee en la liturgia.]

La serpiente ha sido identificada:

1) con Satanás;

2) con una figura simbólica: el apetito humano, la curiosidad intelectual;

3) con una figura mitológica.

Es fundamental la idea de que ha sido creada por Yahvé. Sugiere el carácter misterioso del mal.

 

2. La fortaleza de Jesús (evangelio: Mateo 4,1-11)

 

El contraste más fuerte con Eva y Adán lo representa Jesús en el momento de las tentaciones. El relato más antiguo, el de Marcos, es muy breve y misterioso. Mateo y Lucas lo completaron con las tres famosas tentaciones que todos conocemos, y que empalman con el episodio del bautismo, en el que la voz del cielo proclama: «Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco».

¿Cómo entiende Jesús su filiación divina? ¿Cómo un salvoconducto para pasarlo bien y triunfar? Todo lo contrario. Inmediatamente después marcha al desierto, y allí va a quedar claro cómo entiende su filiación. 

 

            Primera tentación: solucionar las necesidades primarias

 

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.

Pero él le contestó, diciendo:

—Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

 


Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en benefi­cio propio. Es la tentación de las necesidades imperiosas, la que sufrió el pueblo de Israel repetidas veces durante los cuarenta años por el desierto. Al final, cuando Moisés recuerda al pueblo todas las penalidades sufridas, le explica por qué tomó el Señor esa actitud: «(Dios) te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios» (Dt 8,3).

En la experiencia del pueblo se han dado situacio­nes contrarias de necesidad (hambre) y superación de la necesidad (maná). De ello debería haber aprendido dos cosas. La primera, a confiar en la providencia. La segunda, que vivir es algo mucho más amplio y profundo que el simple hecho de satisfacer las necesidades primarias. En este concepto más rico de la vida es donde cumple un papel la palabra de Dios como alimento vivifica­dor. En realidad, el pueblo no aprendió la lección. Su concepto de la vida siguió siendo estrecho y limitado. Mientras no estu­viesen satisfechas las necesidades primarias, carecía de sentido la palabra de Dios. 

En el caso de Jesús, el tentador se deja de sutilezas y va a lo concreto: «Si eres Hijo de Dios, di que las piedras éstas se conviertan en panes». Jesús no necesita quejar­se de pasar hambre, ni murmurar como el pueblo, ni acudir a Moisés. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que diga Dios por su boca». 

La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es la visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios. 

 

            Segunda tentación: pedir pruebas a Dios

 

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:

—Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".

Jesús le dijo:

—También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios".

 


Pináculo del templo de Jerusalén

 

La segunda tentación (tirarse desde el alero del templo) también se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerar­la la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedimientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostóli­ca. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante. El tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre. Lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios. Por eso parece más exacto decir que la tentación consiste en pedir a Dios pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrados a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1-7), Gedeón (Jue 6,36-40), Saúl (1 Sam 10,2-5) y Acaz (Is 7,10-14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontá­neos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tran­quilice y anime a cumplir la tarea. 

Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11-12 («a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra»), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios. Sin embargo, Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: «No tentarás al Señor tu Dios» (Dt 6,16). La frase del Dt es más explícita: «No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá (Tentación)».

Contiene una referencia al episodio de Números 17,1-7.  Aparentemente, el problema que allí se debate es el de la sed; pero al final queda claro que la auténtica tentación consiste en dudar de la presencia y la protección de Dios: «¿Está o no está con nosotros el Señor?» (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús no es así. Su postura supera con mucho incluso a la de Moisés. 

 

            Tercera tentación: el deseo de triunfar

 


Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:

—Todo esto te daré, si te postras y me adoras.

Entonces le dijo Jesús:

—Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto".

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

 

La tercera tentación, a tumba abierta por parte del tentador, consiste en la búsqueda del poder y la gloria, aunque suponga un acto de idolatría. No es la tentación provocada por la necesidad urgente o el miedo, sino por el deseo de triunfar. Jesús rechaza la condición que le impone Satanás citando Dt 6,13. Como prueba de la victoria, Satán se aleja y los ángeles se acercan a servirlo.

 

Para Mt, Jesús en el desierto es lo contrario de Israel en el desierto. En aquella época, el pueblo sucumbió fácilmente a las pruebas inevitables de la marcha: hambre, sed, ataques enemigos. Dudaba de la ayuda de Dios, se quejaba de las dificultades. Jesús, nuevo Israel, sometido a tentaciones más fuertes, las supera. Y las supera, no remontándose a teorías nuevas ni experiencias personales, sino a las afirmaciones básica de la fe de Israel, tal como fueron propuestas por Moisés en el Deuteronomio. Los judíos contemporáneos de Mateo y de su comunidad no tienen derecho a acusar a su fundador de no atenerse al espíritu más auténtico. Jesús es el verdadero hijo de Dios, el único que se mantiene fiel a Él en todo momento. 

 

            El problema de la historicidad

 

El relato de Mt nos obliga a preguntarnos si se trata de hechos históricos o ficticios. Porque el diálogo con el tentador, el viaje a la ciudad santa y el otro a una montaña altísima no parecen tener nada de histórico.

Es interesante recordar que el cuarto evangelio no contiene un episodio de las tentaciones, pero habla de ellas a lo largo de la vida de Jesús. La más fuerte es la del poder, en el momento en que los galileos quieren nombrar a Jesús rey. Y tentaciones muy parecidas en su contenido, no en la forma, se repiten al final de la vida de Jesús, en la cruz: «Si eres Hijo de Dios, sálvate y baja de la cruz» (Mt 27,40). Estas tentaciones reflejan otro dato de gran interés: los tentadores son los hombres, no Satanás. 

 

Reflexión final

 

La tentación es un hecho real en la vida de Jesús, a la que se vio sometida por ser verdadero hombre. 

Mt ha recogido este tema para dejarnos claro desde el princi­pio cómo entiende Jesús su filiación divina: no como un privile­gio, sino como un servicio. 

En el fondo, las tres tentaciones se reducen a una sola: colocarse por delante de Dios, poner las propias necesidades, temores y gustos por encima del servicio incondicional al Señor, desconfiando de su ayuda o queriendo suplantarlo. 

Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias, y nuestro grado de interés por Dios. 

 

SAN NECTOR

 


 

En Perge, en Panfilia, pasión de san Néstor, obispo de Magido y mártir, que en la persecución bajo el emperador Decio fue condenado por el prefecto de la provincia a morir en una cruz, para que sufriese la misma pena del Crucificado a quien confesaba.

 

Polio, gobernador de Panfilia y Frigia durante el reinado de Decio, trató de ganarse el favor del emperador, aplicando cruelmente su edicto de persecución contra los cristianos. Néstor, el obispo de Magido, gozaba de gran estima entre los cristianos y los paganos. Aunque comprendió que el martirio no se haría esperar, no pensó en sí mismo, sino en su grey y se dedicó a buscar sitios de refugio para sus fieles, pero él mismo no se ocultó, aguardando tranquilamente su hora. Cuando se hallaba orando, le avisaron que los oficiales de justicia le buscaban. Tras recibir sus respetuosos saludos, el obispo les dijo: «¿Qué os trae por aquí, hijos míos?» Ellos replicaron: «El irenarca y los magistrados de la curia desean veros». San Néstor hizo la señal de la cruz, se cubrió la cabeza y les siguió hasta el foro. Cuando el obispo entró, toda la corte se puso de pie como señal de respeto. Los oficiales le hicieron sentar en un sitial frente a los magistrados. El irenarca le preguntó:

-Señor, ¿estáis al tanto de la orden del emperador?

-Yo sólo conozco la orden del Todopoderoso, no la del emperador- respondió el obispo.

El magistrado replicó:

-Os aconsejo que procedáis con calma para que no tenga yo que condenaros.

Como San Néstor se mostrase inflexible, le amenazó con la tortura, pero el obispo replicó:

-La única tortura que temo es la que Dios pueda infligirme. Puedes estar seguro de que, en el tormento y fuera de él, no dejaré de confesar a Dios.

Contra su voluntad, la corte tuvo que enviarle ante el gobernador. El irenarca le condujo, pues, a Perga. Aunque no tenía amigos en esa ciudad, su fama le había precedido de suerte que los magistrados empezaron por rogarle amable y cortésmente que abjurase de su religión. Néstor se negó con firmeza. Entonces Polio ordenó que le tendiesen en el potro. En tanto que el verdugo le desgarraba con garfios los costados, Néstor cantaba: «En todo tiempo daré gracias al Señor y mi boca no se cansará de alabarle». El juez le preguntó si no se avergonzaba de poner su confianza en un hombre que había muerto crucificado. Néstor contestó:

-Bendita sea entonces mi vergüenza y la de todos los que invocan al Señor.

Polio le dijo:

-      ¿Vas a ofrecer sacrificios, o no?

-      ¿Estás con Cristo o con nosotros?

El mártir replicó:

-Con Cristo ahora y siempre: con Él estoy ahora y con Él estaré eternamente.

Entonces Polio le sentenció a morir crucificado. Desde la cruz, san Néstor exhortó y alentó a los cristianos que le rodeaban. Su muerte fue un verdadero triunfo, pues, cuando el obispo pronunció sus últimas palabras: «Hijos míos, postrémonos y oremos a Dios por Nuestro Señor Jesucristo», cristianos y paganos se arrodillaron a orar, en tanto que el mártir exhalaba el último suspiro.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler»