martes, 29 de agosto de 2023

Párate un momento: El Evangelio del dia 31 DE AGOSTO – JUEVES – 21 – SEMANA DE T.O. – A Beato Enrique Vidaurreta Palma

 

 


 

31 DE AGOSTO – JUEVES –

21 – SEMANA DE T.O. – A

Beato Enrique Vidaurreta Palma

 

       Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,7-13):

 

    En medio de todos nuestros aprietos y luchas, vosotros, con vuestra fe, nos animáis; ahora nos sentimos vivir, sabiendo que os mantenéis fieles al Señor. ¿Cómo podremos agradecérselo bastante a Dios?

    ¡Tanta alegría como gozamos delante de Dios por causa vuestra, cuando pedimos día y noche veros cara a cara y remediar las deficiencias de vuestra fe! Que Dios, nuestro Padre, y nuestro Señor Jesús nos allanen el camino para ir a veros.

    Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

 

Palabra de Dios

 

    Salmo: 89,3-4.12-13.14.17

          

     R/. Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres

 

   Tú reduces al hombre a polvo, diciendo:

    «Retornad, hijos de Adán.»

Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;

una vela nocturna. R/.

 

   Enséñanos a calcular nuestros años,

para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?

Ten compasión de tus siervos. R/.

 

    Por la mañana sácianos de tu misericordia,

y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Baje a nosotros la bondad del Señor

y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

 

    Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):

 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

    «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.    

     ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así.

    Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas.

    Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

 

Palabra del Señor

 

     1.  Para explicar la "vigilancia", que deben tener los seguidores de Jesús, el evangelio de Mateo utiliza el verbo gregorein, que, como exigencia ética, es una novedad aportada por el cristianismo. 

     Esta vigilancia incluye:

          1) La responsabilidad ante los semejantes (Mt 24, 45-51).

          2) No dejarse dominar por el miedo a un "dios imaginario y amenazante" Mt 25, 15-23).

          3) Sobre todo la bondad con los hermanos más humildes (Mt 25, 31-40).

     A lo que hay que sumar la vigilancia en la oración: Estad en vela y orad conmigo, como dijo Jesús en Getsemaní (Mt 26, 41).

     La vigilancia fue importante, en el cristianismo primitivo, por lo frecuentes que, en no pocas comunidades, eran las vigilias de oración, atestiguadas desde el s. II y que, desde el s. III y especialmente en el monacato, fueron centrales en la vida de los cristianos, que tenían la costumbre de levantarse a media noche para orar, cada cual, en su casa, como testifica, por ejemplo, Tertuliano (Ad Uxor. II, 4 y 8).

 

     2.  Esta vigilancia, entendida como se acaba de indicar, fue tema en el que Jesús insistió. Se trata de la vigilancia referida a las relaciones que cada cual mantiene con los demás.

     Primero, Jesús pone como ejemplo al criado "fiel cuidadoso" que da la comida a su tiempo.

     Y, en segundo lugar, Jesús reprueba al que, en lugar de ser buena persona con los demás, es un hombre violento y egoísta que solo se preocupa por comer y beber, o sea darse buena vida y pasarlo lo mejor posible.

     En el conjunto del relato, esta vigilancia constante para ser siempre bueno con todos es lo central del mensaje que aquí transmite Jesús.

     La vigilancia que pide Jesús es la postura atenta y vigilante ante las necesidades de los otros, sobre todo las situaciones de dolor de los más necesitados: el hambre de los pobres, la soledad de los ancianos, el desamparo de los niños, la desesperanza de tantos enfermos.  A estas cosas es a lo que tenemos que estar vigilantes.

Beato Enrique Vidaurreta Palma

 




Enrique Vidaurreta Palma (Antequera, 10 de octubre de 1896 – 31 de agosto de 1936.

Fue mártir de la persecución religiosa durante la Guerra Civil española y beatificado en Roma el 28 de octubre de 2007 junto a 498 mártires del siglo XX en España.

 

        Su padre, Enrique Vidaurreta Carrillo, Teniente de Navío de la Armada Española, murió en el buque Oquendo durante la batalla de Santiago de Cuba en la Guerra contra los Estados Unidos en 1898, quedando el joven Enrique y su hermano mayor Santiago bajo el cuidado de su madre Purificación Palma González del Pino.

 

        Los dos hijos estudiaron en el colegio de San Estanislao, de El Palo (Málaga), regentado por los jesuitas, donde es nombrado Prefecto de la Congregación Mariana. Terminados los estudios de bachillerato, su madre se trasladó a Madrid para que sus hijos continuasen los estudios superiores. Enrique ingresó en el seminario diocesano, donde estuvo dos años como alumno externo. Pensaba hacerse jesuita, pero cambió de opinión después de hablar con el obispo malagueño Manuel González.

 

        Terminados los estudios eclesiásticos fue ordenado de diácono el 21 de diciembre de 1918 y de presbítero el 14 de junio de 1919, ambas órdenes conferidas en la capilla de seminario conciliar de Madrid por el obispo de Madrid-Alcalá, Prudencio Melo Alcaide. Celebró la primera misa en la iglesia de San Francisco o de San Zoilo, de Antequera el 24 de junio de 1919. Posteriormente se le nombró capellán del asilo de San Manuel, en Málaga, donde trabajo en la administración de El Granito de arena, con los sacerdotes Pablo González Domínguez y Emilio Cabello.

 

        Comenzó a actuar en el seminario de Málaga a raíz de la marcha de los josefinos en 1920. Fue prefecto de disciplina de mayores y posteriormente vicerrector. El obispo diocesano Beato Manuel González García hizo construir de nueva planta el seminario diocesano en 1923. Don Enrique fue nombrado rector del seminario en 1929 y a través de los años fue profesor de varias materias filosóficas y teológicas. A causa de su formación musical se encargaba de los ensayos de la música litúrgica y de preparar a los seminaristas en el espíritu litúrgico y canto gregoriano.

 

        El 18 de julio de 1936, al producirse el levantamiento militar, Enrique Vidaurreta estaba en el seminario haciendo ejercicios espirituales con un grupo de sacerdotes. El día 21 se produce el asalto al seminario por un grupo de milicianos, Enrique Vidaurreta se presentó ante ellos diciendo que todos los que allí estaban eran sacerdotes, inmediatamente fueron detenidos y bajados por la fuerza al cuartel de Capuchinos donde permanecieron 24 horas. El 22 pasaron a la comisaría del Gobierno Civil y de allí a la Cárcel Provincial donde fueron asignados a la brigada 5ª que era el dormitorio destinado a los eclesiásticos. Allí rezaban el rosario, hacían meditación y lectura espiritual. Tenían dos o tres breviarios que se pasaban unos a otros. Hubo varias sacas de presos ajusticiados.

 

        La noche del 30 al 31 de agosto a eso de la 5 de la mañana, a la voz de “Arriba canallas”, entraron unos milicianos preguntando que quienes eran, a lo que respondieron que sacerdotes. A esta respuesta indicaron que salieran fuera. Entre los señalados estaba Don Francisco Palomo; Don Enrique intercede por él diciéndoles que estaba enfermo. El miliciano no hizo caso, sino que dio a Enrique Vidaurreta un empujón y lo metió en el grupo de los señalados para morir. Según testimonios de los presentes, poco después se oyeron descargas y a la mañana siguiente los mismos oficiales de prisiones confirmaron que los habían ido matando por el camino hasta el cementerio de San Rafael y que todo el camino estaba sembrado de cadáveres.

 

        Don Enrique y los demás fallecidos el día 31 de agosto fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de San Rafael. Exhumados en 1940 y 1941, los restos de Don Enrique fueron reconocidos porque en el bolsillo tenia el Epitome de Moral. Se los trasladó a la catedral de Málaga. Ahora reposan en la Capilla de los Mártires, donde hay 2100 nichos, los restos del Beato Enrique reposa en uno de ellos. Se realizó su proceso diocesano en Málaga de 1964 a 1967 juntamente con cuatro agustinos y el diacono Juan Duarte.

 

 

lunes, 28 de agosto de 2023

Párate un momento: El Evangelio del dia 30 DE AGOSTO – MIERCOLES – 21 – SEMANA DE T.O. – A Beata María Ráfols

 

 

 


 

30 DE AGOSTO – MIERCOLES

– 21 – SEMANA DE T.O. – A

Beata María Ráfols

 

       Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,9-13):

 

Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios.

Vosotros sois testigos, y Dios también, de lo leal, recto e irreprochable que fue nuestro proceder con vosotros, los creyentes; sabéis perfectamente que tratamos con cada uno de vosotros personalmente, como un padre con sus hijos, animándoos con tono suave y enérgico a vivir como se merece Dios, que os ha llamado a su reino y gloria. Ésa es la razón por la que no cesarnos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes.

 

Palabra de Dios

 

Salmo: 138,7-8.9-10.11-12ab

 

    R/. Señor, tú me sondeas y me conoces

 

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.

Si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha. R/.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día. R/.

 

      Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,27-32):

 

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo:

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados!

Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo:

"Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"!

Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

 

Palabra del Señor

 

1.  Es importante tener presente que, en estas acusaciones de Jesús, lo que importa es conocer el alcance de tales acusaciones o denuncias. No olvidemos que lo que importa es lo que Jesús quiso decir, no las expresiones que utilizó. Por ejemplo, en la cultura judía no se blanqueaba jamás un sepulcro.  Para los judíos, blanquear una losa era una impureza ritual (J. Abrahams).

Lo que Jesús quiso decir, sin duda alguna, es que los escribas y fariseos eran hombres con buena apariencia externa, pero en su interior eran en realidad malas personas.

El sistema eclesiástico fomenta que, a veces, incluso individuos de una gran bondad se vean obligados a tener que llevar una especie de doble vida. Lo cual es comprensible. Incluso admisible. A no ser en asuntos que entrañan auténticos delitos, como es el caso de abusos de menores, por desgracia tan frecuente y tan dañino, como el papa Francisco no se cansa de repetir, con toda razón.

 

2.  El hecho de recurrir a la imagen de los sepulcros da a entender que Jesús asocia estos comportamientos religiosos con la muerte, con la descomposición de la muerte y la podredumbre repugnante de la muerte.

Es posible que el redactor definitivo del texto evangélico llegara a cargar las tintas de lo negativo.  Pero eso mismo está indicando el rechazo tan fuerte que el recuerdo de Jesús provocaba hacia este tipo de conductas, que, con apariencia de religiosidad, en realidad entrañaban una profunda descomposición humana.

 

3.  Esta descomposición supera todo límite cuando el hombre religioso, con mentalidad farisaica, está tan ciego, que ni se conoce a sí mismo.

Hasta el extremo de pensar que él no hace mal a nadie, cuando en realidad es herencia de los asesinos que mataron a los profetas de Dios. El que vive ocultando su realidad a los demás, termina ocultándosela a sí mismo.  

Seguramente esto explica el hecho de que haya tanta gente de Iglesia, que está incapacitada para darse cuenta del mal que hace. Incluso cuando se trata de personas que llegan a ocupar cargos importantes.

 

Beata María Ráfols



Funddora de la Congregación
de Hermanas de la Caridad de Santa Ana

Martirologio RomanoEn Zaragoza, en España, beata María Ráfols, virgen, que cerca del hospital de esta ciudad fundó la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana y la dirigió con fortaleza de ánimo por entre muchas dificultades. ( +1853)

Esta «heroína de la caridad», nació en Vilafranca del Penedès, Barcelona, España, el 5 de noviembre de 1781. Sus padres eran sencillos pagesos, campesinos que no tenían muchos recursos. Pero al fallecer su padre cuando ella tenía 9 años, su madre contrajo nuevas nupcias. Con una situación económica más holgada pudieron costear sus estudios en la Enseñanza, un prestigioso colegio de Barcelona; tuvieron en cuenta sus excelentes cualidades porque era inteligente, trabajadora y responsable. Entonces se implicó como voluntaria en el hospital de la Santa Creu, dirigido por las Hermanas Hospitalarias de San Juan de Dios. Su capellán, el P. Juan Bonal Cortada y ella se conocieron a raíz de una epidemia de peste. María supo de primera mano cómo se desvivía él por los afectados, especialmente los pobres. El virtuoso sacerdote precisaba personas expertas en el cuidado de los enfermos para el hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, y seleccionó un grupo compuesto por doce hombres y doce mujeres, entre los que se hallaba María. Tenía 23 años, pero una madurez y cualidades tales que fue designada responsable de todos y luego superiora de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, nacida en el mencionado hospital zaragozano ese mismo año de 1804 en el que se produjo su traslado a la ciudad.
     Al llegar a Zaragoza tras un recorrido efectuado en carro y plagado de incomodidades, ella se hincó de rodillas ante la Virgen del Pilar pidiendo su amparo; eso da idea del espíritu que le guiaba. Pronto constató que los medios disponibles en el hospital de Gracia dejaban mucho que desear en todos los aspectos. Además, los trabajadores del centro acogieron de mal grado a los recién llegados y les dispensaron un trato hostil. Desde el principio se percató de la serie de circunstancias que había que solventar. El descontento del personal por su mala retribución, las carencias y la descuidada atención a los enfermos requerían actuar con premura y delicadeza. Pero las presiones hicieron que pasado un tiempo los varones abandonaran el hospital. En cambio, las mujeres, con María al frente, prosiguieron su incansable labor. La beata pasó por alto los infundados reparos de la Junta del hospital, la Sitiada, que consideraban que actuaba al margen de su dictamen, y poco más tarde logró la conciliación con su sabiduría, prudencia y caridad. Pero siempre tuvo como péndulo sobre su cabeza la oposición de la Junta que le hizo sufrir y probó su virtud. Sus acciones no caían en saco roto y el obispo de Huesca le propuso crear en la ciudad un centro hospitalario similar al zaragozano. Por lo demás, fue una pionera para la época; abrió brechas para la mujer insospechadas anteriormente especializándose en flebotomía, práctica quirúrgica de la sangría de uso habitual en la medicina de entonces, que validó con el examen oportuno.
     Pocos años después de llegar a Zaragoza se desencadenó la guerra, y cuando las tropas napoleónicas sitiaron Zaragoza en 1808, el hospital quedó derruido por las bombas. En esos instantes ella fue una heroica abanderada que expuso su vida auxiliando a los heridos, enfermos y dementes a los que buscaba por las calles, sin excluir a los integrantes del bando enemigo. En medio del fragor de la batalla salió a mendigar pidiendo dinero y comida para los miles de acogidos que había en el hospital. Ante la precariedad, con frecuencia se privaba de su propio sustento. En un intervalo de cuatro meses tuvo que trasladar a los enfermos en tres ocasiones, hasta que se instaló el hospital de convalecientes. En el transcurso de la encarnizada lucha sin cuartel dio nuevas pruebas de una fe admirable demandando ayuda para los enfermos, aunque para ello tuvo que cruzar las filas enemigas acompañada de un par de religiosas. Las mujeres avanzaron por el campo de combate en medio del hostigamiento de los soldados que proferían insultos contra ellas, pero lograron que el general francés Lannes las escuchara, las protegiera, y abriera las puertas de par en par. María le había dejado desarmado con su trato delicado y respetuoso, y el militar se conmovió con ese gesto inaudito. No solo obtuvo los recursos esenciales para la atención de los enfermos, sino que contribuyó a que se salvaran muchas vidas, se concedieran indultos y otras gracias. Esta imagen, de gran fuerza plástica, continúa siendo impactante porque hay que tener en cuenta el momento histórico, la situación y el lugar en el que se produjo tal acto de valentía.
    Al terminar la guerra, la nueva Junta rectora del hospital no tuvo en cuenta estos antecedentes heroicos, sino que oprimió a las religiosas. Apartaron al P. Bonal, y el prelado Mons. Suárez de Santander, afín a los franceses, puso a María en la tesitura de dimitir trasladándose a Orcajo, Daroca. La Sitiada demandó la presencia de las hermanas en Zaragoza en 1813 para que se hicieran cargo de la casa de beneficencia. Finalmente en 1824 al ser aprobadas las Constituciones por la diócesis, una vez se solventaron los equívocos que llevaron a su recusación, se restituyó a la beata como superiora. Durante once años se ocupó de los huérfanos y abandonados que se hallaban en la Inclusa que dependía del hospital. Pero en 1834 fue imputada por alta traición. Creyendo que conspiraba contra la reina implicada con los carlistas fue recluida dos meses en una cárcel donde confinaban a personas acusadas por la Inquisición. Después, y pese comprobarse que era un malévolo infundio, fue desterrada al exilio. Ya enferma pidió ser trasladada a la casa de Huesca y allí aún vivió seis años de entrega, en silencio nadie le oyó proferir ninguna queja, y confianza en Dios. Con el cambio de gobierno regresó al hospital de Gracia y se ocupó de los niños de la Inclusa.

Murió el 30 de agosto de 1853. Juan Pablo II la beatificó el 16 de octubre de 1994. En 1908 tanto el P. Bonal, con causa de beatificación abierta, como ella fueron proclamados «Héroes de los Sitios de Zaragoza».