viernes, 8 de enero de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 9 de Enero – SÁBADO – SEMANA DE EPIFANÍA San Eulogio de Córdoba,




9 de Enero – SÁBADO –
SEMANA DE EPIFANÍA
San Eulogio de Córdoba,
presbítero y mártir

Evangelio según San Marcos (6,45-52):

     Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado.
     Pero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.»
     Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.

     1.- En los evangelios, los llamados “milagros sobre la naturaleza” forman una “categoría discutible” (John P. Meier). Cuando se trata de relatos de la antigüedad, que trasmiten un mensaje para la vida (los evangelios), lo que importa es saber lo que contiene y nos enseña el mensaje de cada relato. En este caso, para saber lo que nos enseña este episodio, lo primero es tener en cuenta que, al terminar –con tanto éxito- lo  de la multiplicación de los panes, Jesús tuvo que “obligar de forma apremiante (Mc 6,45; 14,22…) a los discípulos a subir en la barca  y marcharse de allí ¿Por qué?

     2.- La reacción del gentío, al ver cómo Jesús había transformado la escasez en abundancia, pretendieron proclamarlo rey, cosa que Jesús no aceptó (Jn. 6,15). Sin duda, esta situación es la que motivo el firme rechazo de Jesús a aceptar títulos y poderes. Jesús no vino a situarse sobre la gente, sino a estar con la gente. Lo cual quiere decir que a juicio de Jesús, el problema del hambre en el mundo no lo resuelve el poder, sino la solidaridad.

     3.- Esto es lo que, por lo visto, no compartían los discípulos. Ellos querían un “mesías” de poder. Por eso, Jesús tuvo que obligar a los discípulos a irse de allí. “Ellos… no habían entendido lo de los panes” (Mc 6,51) De ahí que, desde su apetencia de poder e importancia, los discípulos solo pudieron ver en Jesús “un fantasma”, que les produjo “miedo”. Si nuestra vida se ve dirigida por el deseo de poder e importancia, el Evangelio será para nosotros una fuente incesante de miedos y fantasmas. Y nos veremos condenados a la noche oscura de los que tienen “la mente obcecada” (Mc 6,52).

San Eulogio de Córdoba,
Presbítero y mártir

Se ha dicho que san Eulogio fue la mayor gloria de España en el siglo IX. Era descendiente de una familia que había tenido posesiones en Córdoba desde la época de los romanos. El santo tenía tres hermanos y dos hermanas. Córdoba se hallaba entonces ocupada por los moros, quienes la habían convertido en su capital. Los moros toleraban a los cristianos, aunque les imponían condiciones vejatorias. El culto público se les permitía mediante el pago de un impuesto mensual; pero el proselitismo se castigaba con la pena de muerte. Sin embargo, muchos cristianos ocupaban puestos de importancia; por ejemplo, José, hermano menor de san Eulogio, desempeñaba un alto cargo en la corte de Abderramán II.
Eulogio se educó con los sacerdotes de San Zoilo. Una vez que hubo aprendido todo lo que podían enseñarle, se puso bajo la dirección del ilustre escritor Esperandeo, abad de un monasterio. Allí conoció a Pablo Álvarez, de quien se hizo muy amigo y quien escribió más tarde la biografía del santo. Al terminar sus estudios, san Eulogio recibió la ordenación sacerdotal, en tanto que Álvarez se casó y abrazó la carrera de escritor. Los dos amigos sostuvieron una nutrida correspondencia, pero destruyeron por mutuo acuerdo las cartas, que eran demasiado íntimas y no suficientemente trabajadas. En su «Vida de San Eulogio», Álvarez le describe como muy piadoso y mortificado, versado en todas las ramas del saber, especialmente en la Sagrada Escritura; de rostro agradable; tan humilde, que con frecuencia se atenía a las opiniones de otros, mucho menos sabios que él, y tan amable, que se ganó el cariño de cuantos le trataron. Su gran descanso consistía en visitar los monasterios y los hospitales. Los monjes le tenían en tal estima que, con frecuencia, le pedían que redactase sus reglas. En esa forma, el santo estuvo en muchas casas religiosas de España y visitó los monasterios de Navarra y Pamplona para revisar sus constituciones y escoger las mejores reglas.
El año 850, estalló una súbita persecución contra los cristianos de Córdoba, ya sea porque éstos hubiesen combatido abiertamente a los mahometanos, ya porque trataran de convertir a algunos de ellos. La situación de los cristianos se complicó, pues un obispo andaluz, llamado Recaredo, en vez de defender a su grey, abrió a los lobos la puerta del redil. No sabemos por qué procedió en esa forma; tal vez se trataba de un «moderado» que prefería la paz y la tolerancia, al celo misionero y la persecución. En todo caso, dicho prelado fue el responsable de la aprehensión del obispo de Córdoba y de algunos miembros de su clero. En la prisión, Eulogio se ocupó en leer la Biblia a sus compañeros y en exhortarles a permanecer fieles a la fe. También escribió entonces su «Exhortación al Martirio», dedicada a las vírgenes Flora y María. En ella decía: «Sé que estáis amenazadas de ser vendidas como esclavas y de perder la virginidad; pero podéis estar seguras de que no es posible manchar la virginidad de vuestras almas, por mucho que atormenten vuestros cuerpos. Algunos cristianos cobardes os dirán, para desanimaros, que las iglesias están silenciosas, vacías y sin culto, a causa de vuestra obstinación, y que si cedéis durante algún tiempo, os dejarán practicar libremente vuestra religión. Os ruego que no olvidéis que el sacrificio que agrada verdaderamente a Dios es la contrición del corazón y que no tenéis derecho a volver atrás y renunciar a la fe que habéis confesado». Las doncellas no perdieron la virginidad y, antes de ser decapitadas, declararon que, en cuanto llegasen a la presencia de Jesucristo, le pedirían que sus hermanos alcanzasen la libertad. Seis días después de su muerte, los prisioneros quedaron libres. San Eulogio compuso entonces una narración en verso del martirio de las dos vírgenes, para animar a los cristianos a seguir su ejemplo. Su hermano José fue despedido de la corte y san Eulogio fue obligado a vivir con el traidor Recaredo, pero no por ello dejó de seguir instruyendo y alentando a los fieles con la predicación y con la pluma.
El año 852, otros cristianos fueron martirizados. En el mismo año, el Concilio de Córdoba prohibió entregarse espontáneamente a los perseguidores. El sucesor de Abderramán llevó adelante la persecución con mayor violencia que su padre; ello no hizo sino acrecentar el celo de san Eulogio, quien evitó que apostatasen muchos cristianos débiles y alentó a muchos otros al martirio. En los tres volúmenes de su obra titulada «Memorial de los Santos» describió los sufrimientos y la muerte de los mártires de la persecución. También escribió una «Apología» contra los que negaban que las víctimas de aquella persecución eran verdaderos mártires, alegando que no habían obrado milagros, que se habían entregado espontáneamente, que no habían sido torturados sino tan sólo decapitados y que los perseguidores no eran idólatras, sino que creían en el verdadero Dios. San Eulogio se defendía también a sí mismo, ya que él había aprobado y alentado a los mártires.
Cuando murió el arzobispo de Toledo, el clero y el pueblo eligieron a san Eulogio para sucederle; pero el santo fue ejecutado antes de su consagración.
Había en Córdoba una joven llamada Leocricia, convertida y bautizada por un pariente, aunque sus padres eran mahometanos. Esto constituía un crimen que se castigaba con la pena de muerte. Cuando los padres de la joven se enteraron de lo sucedido, la golpearon y maltrataron cruelmente para hacerla apostatar. La joven narró sus cuitas a san Eulogio, quien con la ayuda de su hermana Anulona, la ayudó a escapar y la escondió en casa de unos amigos suyos. Las autoridades descubrieron el sitio en que se hallaba la joven y llevaron ante el kadí a todos los que la habían ayudado a escapar. Sin amedrentarse por ello, Eulogio dijo al juez que estaba dispuesto a mostrarle el verdadero camino del cielo y declaró que Mahoma era un impostor. El kadí le amenazó con hacerle perecer a latigazos. El santo respondió que nada le haría renegar de su religión. Entonces, uno de los presentes habló en privado a san Eulogio, diciéndole: «Está bien que los ignorantes se precipiten a la muerte; pero un hombre de tu ciencia y de tu posición no debería alentarles con su ejemplo. Hazme caso; pliégate a las circunstancias y di una sola palabra. Después podrás practicar libremente tu religión y te prometo que no te molestaremos más». Eulogio replicó sonriendo: «Si sospecharas siquiera el premio que espera a quienes perseveran hasta el fin en la fe, cambiarías en el acto todas tus dignidades por él». En seguida empezó a predicar osadamente el Evangelio a los presentes. Para evitarlo, el juez le condenó inmediatamente a muerte. Uno de los guardias que le condujeron al sitio de la ejecución le abofeteó por haber hablado contra Mahoma; el santo presentó con gran mansedumbre la otra mejilla y recibió otro golpe. Al llegar al lugar del martirio, san Eulogio presentó el cuello al verdugo. Santa Leocricia sufrió el martirio cuatro días después.



jueves, 7 de enero de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 8 de Enero – VIERNES – SEMANA DE EPIFANÍA San Alberto





8 de Enero – VIERNES –
SEMANA DE EPIFANÍA
San Alberto

Evangelio según san Marcos (6,34-44):

     En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
     Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.»
     Él les replicó: «Dadles vosotros de comer.»
     Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
     Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
     Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.»
     Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

     1.- El conocido relato de la multiplicación de los panes se puede (y se suele) interpretar (fundamentalmente) de dos maneras distintas.  O bien como un milagro mediante el cual Jesús resolvió el problema del hambre de varios miles de personas necesitadas.  O bien, en un intento de explicación humana y razonable, como hecho humanitario de compartir lo que se tiene, por poco que sea, con quienes no tienen nada. Lo cual cambiaria, de forma sorprendente, la escasez en abundancia. En el primer caso, seria Dios el que resuelve el problema del hambre en el mundo. En el segundo caso seríamos nosotros los mortales, quienes tendríamos que resolver, mediante nuestra generosidad y desprendimiento, el espantoso problema del mal reparto de los recursos que produce el planeta.

     2.- Así las cosas, lo primero que se debe tener en cuenta es que, desde que en el mundo existe el hecho religioso, ninguna religión, hasta ahora, le ha dado solución al problema de las desigualdades económicas y sociales entre los humanos. Más bien, lo que han hecho (no pocas veces) las religiones, ha sido “legitimar” las desigualdades, al “legitimar” (con sus bendiciones o sus silencios) a los gobernantes y a los poderosos que eran los causante de las desigualdades.

     3.- Entonces, ¿cómo se resuelve este problema, el más grave que tenemos que afrontar? No queda más salida que convencerse de que los incontables problemas, que generan las desigualdades, se resolverán en la medida en que nosotros las resolvamos. La cosa depende de nosotros. ¿Se dirá que, si las religiones no han resuelto el problema, eso se debe a nosotros, los que vamos por la vida diciendo que creemos en Jesús y su Evangelio? Por supuesto, así es. Lo que pasa es que no basta “creer” en el Evangelio. Hay que ponerse a “hacer” lo que dice el Evangelio. Lo que no sea llegar a eso, es engañarnos. Y engañar a los demás. Y es que, por más que nos cueste aceptarlo, la pura verdad es que creemos más en Dios, en la política o la economía, que en el Evangelio. ¿Y eso es tener fe?

 San Alberto

    
La historia de este santo está envuelta en la más completa oscuridad. Se dice comúnmente que fue arzobispo de Cashel, y dicha diócesis le honra como patrón; pero es prácticamente cierto que la diócesis de Cashel no existía en la época que se atribuye a san Alberto. Una biografía latina, escrita probablemente en el siglo XII, describe al santo como «natione Anglus, conversatione angelus» (inglés de nacimiento, y de conducta angélica), igualmente nos informa que san Alberto recibió en Inglaterra la visita de san Erardo, obispo irlandés de Ardagh. Alberto le acompañó de vuelta a Irlanda, y al pasar por Cashel, que había estado dos años sin obispo, fue elegido por aclamación para ocupar esa dignidad.
     Sin embargo, poco después de su consagración episcopal, durante un concilio que tuvo lugar en Lismore, un elocuente sermón indujo a san Alberto a renunciar a todos los honores y posesiones. Así pues, junto con san Erardo y otros compañeros, partió al continente a llevar vida de peregrino. Alberto y sus compañeros llegaron a Roma en tiempos del papa Formoso (891-896), quien les dio la bienvenida y les alentó en sus buenos propósitos. En Roma se separaron los peregrinos, y Alberto emprendió viaje a Jerusalén. A su regreso deseaba ver a su amigo Erardo, pero al llegar a Ratisbona se enteró de que ya había muerto. Alberto rogó a Dios que le llevara también a él de esta vida, y murió pocas horas después.
     El relato en que nos basamos no habla de parentesco entre Alberto y Erardo, pero otras narraciones dicen que eran hermanos, y aun mencionan a un tercer hermano, Hildulfo, que fue arzobispo de Tréveris; pero esto no pasa de ser una fábula. Todos los datos que poseemos sobre san Erardo nos hacen situarle en el siglo VII, por consiguiente, es imposible que haya visitado Roma en tiempos del papa Formoso. De hecho, este Erardo de la leyenda de san Alberto es el mismo san Erhardo de Ratisbona que celebramos hoy, 8 de enero, de un siglo anterior.


miércoles, 6 de enero de 2016

párate un momento: Evangelio del dia 7 de Enero – JUEVES – Semana de Epifanía San Raimundo de Peñafort, presbítero



          
 Evangelio según san Mateo (4,12-17.23-25):

    En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
    Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
    Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

    1.- Este texto está claramente manipulado por el último redactor del evangelio de Mateo. La cita de Is 8,1-2 no coincide ni con el texto hebreo ni con la traducción de los LXX (U. Lux, W. Carter, K. Stendhal). Además, este pasaje quedó redactado de forma que en él lo que destaca es que Jesús se fue de la “tierra santa”, dominada por el templo y sus sacerdotes, a una “tierra en sombras de muerte”, dominada por el poder imperial de los gentiles (Blass/Debrunner/Funk, 162.5.7). ¿Por qué pensó Jesús que así, y en tales condiciones, es como mejor podía realizar su tarea y hacer el mayor bien que podía hacer?

    2.- La respuesta es tan sorprendente, que seguramente el miedo (del que no nos damos cuenta) es lo que nos impide entender y aceptar semejante respuesta. Se trata de esto: Jesús centró su enseñanza en que la solución, para un pueblo oprimido, está en aceptar y vivir lo que representa el “reinado de Dios” (Mt 4,17.23). Ahora bien, esto solo es posible cuando en cada ser humano se produce una “metánoia”, que significa “un cambio de mentalidad” o “cambio en el modo de pensar”, es so la mentalidad que rige nuestra forma de vivir (J. Goetzmann).

    3.- Por esto, Jesús pedía a la gente, no propiamente la “conversión” o el “arrepentimiento”, sino cambiar las convicciones que determinan cómo vivimos y nos portamos (Mt 4,17; Mc 1,15). Pero lo curioso (y lo que nos desconcierta) es que Jesús, para que la gente cambiase de mentalidad, lo que hacia era ir “curando las enfermedades y dolencias del pueblo” (Mt 4,23). Su actividad no era religiosa y sobrenatural, sino sencillamente humana y terapéutica. O sea, para Jesús, Dios reina en el mundo y el mundo se arregla cuando somos tan profundamente humanos, que no soportamos ver a la gente sufrir. Así es como reina Dios. Así es como se arregla el mundo.

San Raimundo de Peñafort, presbítero


San Raimundo de Peñafort, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones y, llegado a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España.

    Nació hacia el año 1175, en Peñafort, cerca de Barcelona, España. Pronto demuestra tener una extraordinaria inteligencia, y a los 20 años es profesor de filosofía en Barcelona. Hacia los 30 años, fue a la prestigiosa Universidad de Bolognia, Italia para perfeccionar su derecho civil y canónico. Allí se doctoró y fue profesor. En 1219, fue nombrado archidiácono de la diócesis de Barcelona. Se destacó por su amor a los pobres.

    En 1222, a los 40 años de edad, ingresó en la Orden de Predicadores (Dominicos) a penas 8 meses después de la muerte del fundador, Santo Domingo de Guzmán.

Raimundo consideraba que el orgullo era un peligro para su alma.   Convencido de la importancia de hacer penitencia por la complacencia con que había enseñado, pidió que le impusieran severas penitencias y oficios humillantes. Pero sus superiores le encargaron investigar como responder a preguntas difíciles de moral que los fieles presentan. El llamó a estas "casos de conciencia". El resultado de su trabajo fue su famoso libro, "Summa de casibus paenitentialibus", la primera obra de su género. Esta ha sido de gran provecho para confesores y moralistas.
         
    Tenía gran celo por la evangelización, trabajando incesantemente en la predicación, la instrucción y la confesión. Insigne predicador dotado con la "eficacia de la palabra", recorrió las provincias españolas de Aragón, Castilla y Cataluña. Sus acompañantes comentaban que parecía casi imposible que un predicador lograra tantas conversiones con sus sermones.

    Según una tradición muy discutida, San Raimundo colaboró con San Pedro Nolasco en la fundación de la orden de los Mercedarios los Padres Mercedarios, dedicada principalmente a rescatar a los secuestrados por los mahometanos.

    En 1230 el Papa Gregorio IX llamó a Raimundo a Roma y le dio varios encargos:

    1- Lo nombró su confesor. En una ocasión le impuso al Papa de penitencia atender siempre muy bien las peticiones que le hicieran los pobres.

    2- Le encomendó reunir el corpus canónico de los decretos de los Pontífices y concilios que no se encontrasen ya en la colección que Graciano había hecho en 1150. Después de tres años de trabajo publicó su famosísimo libro en 5 volúmenes titulado "Decretales", compuesto el cual fue confirmado por el Papa. Hasta la compilación del Codex Juris Canonici, en 1917, la compilación de San Raimundo era considerada como la mejor colección de derecho canónico a la que los canonistas hacían referencia.

    3- En 1235 lo nombró obispo de Tarragona, a pesar de las súplicas del santo. Pero poco después el santo contrajo una grave enfermedad y el Papa le liberó del cargo a condición de que Raimundo propusiera un candidato apto.

    Para recuperarse de su enfermedad, Raimundo volvió a Barcelona, su tierra natal. Allí fue recibido con gran gozo y se dedicó a la contemplación, la predicación y la confesión. Tanto la Santa Sede como el rey confiaron en Raimundo importantes trabajos.

San Raimundo  General de la orden Dominica

    En 1238 llegaron a Barcelona los diputados del capítulo general de la orden dominica, que había tenido lugar en Bolonia, para anunciar a Raimundo que había sido elegido superior general, como sucesor de Jordano de Sajonia. Raimundo quiso resistir pero al fin aceptó por obediencia. Visitó a pie todas las casas de la orden sin disminuir en nada sus austeridades y prácticas. Inculcó a sus hijos el amor de la vida entregada en regularidad, del estudio, y de los misterios espirituales. Hizo una síntesis de las constituciones de su orden, anotando los pasajes dudosos. Tres capítulos generales aprobaron el nuevo código. En uno de dichos capítulos, tenido en Paris en 1239, Raimundo obtuvo que se aprobara la medida de aceptar la dimisión voluntaria de su superior, cuando ésta se fundara en razones justas. Al año siguiente, habiendo sido superior solo dos años, renunció al cargo. Su razón fue que había cumplido 65 años de edad. 

    Vivió 34 años mas, los cuales empleó en la evangelización. Esclarecía la doctrina ante las herejías y buscaba la conversión de todos, tanto cristianos pecadores como judíos y musulmanes. Con este objeto, consiguió que Santo Tomás (dominico también) escribiera su Summa contra Gentes y obtuvo que se enseñara el árabe y el hebreo en varios conventos de su orden. Fundó un convento en Túnez y otro en Murcia, sur de España, que en aquella época estaba dominada por los musulmanes. En una carta al superior general en 1256 le informa que 10,000 sarracenos habían recibido el bautismo. Esto es cosa extraordinaria ya que este tipo de conversiones son muy escasas. Introdujo la inquisición en Barcelona y mostraba una gran caridad a todos. Sin embargo no le faltaron adversidades. En una ocasión fue acusado de comprometer fraudulentamente a un rabino judío. 

La "barca" milagrosa

    Uno de los incidentes más famosos en la vida de San Raimundo ocurrió durante un viaje en el que acompañaba al rey Jaime a Mayorca. El soberano que era mujeriego, había prometido enmendarse, pero no había cumplido su promesa. En vista de ello, Raimundo le pidió licencia para partir a Barcelona; el rey no solo le negó, sino que amenazó de muerte a quien se atreviera a sacar al santo de la isla. Confiando en Dios, Raimundo dijo a su compañero: "Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del cielo nos dará los medios para ello". Acto seguido se dirigió al mar, extendió su túnica sobre las olas, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela y, haciendo la señal de la cruz, montó sin temor en aquella improvisada "barca". Su compañero quedó temblando en la playa. La milagrosa barca hizo en seis horas el trayecto hasta Barcelona, a sesenta leguas de distancia. Las gentes que vieron llegar al santo le recibieron con aclamaciones. Sin inmutarse por ello, Raimundo recogió su túnica, que estaba perfectamente seca, se la echó sobe los hombros y se dirigió a su monasterio. Una capilla y una torre fueron construidas en el sitio en que desembarcó.

Muerte y canonización

    Los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón visitaron a San Raimundo durante su última enfermedad. San Raimundo murió en Barcelona el 6 de enero de 1275, a los 100 años de edad. Ante su sepulcro se obraron milagros. La bula de canonización, publicada en 1601, cita algunos de esos milagros, entre estos el que se narra arriba.
    Sus restos mortales están en la Catedral de Barcelona, España.




martes, 5 de enero de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 6 de Enero – MIÉRCOLES – EPIFANÍA DEL SEÑOR



6 de Enero – MIÉRCOLES –
EPIFANÍA DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

      ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
     Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.
     Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
     Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.
     Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.
     Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá.
     Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.

SALMO RESPONSORIAL 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13

     R. Se postrarán ante ti, Señor, todos            los pueblos de la tierra.

     †   Dios mío, confía tu juicio al rey,
          tu justicia al hijo de reyes,
          para que rija a tu pueblo con                                                          justicia, 
          a tus humildes con rectitud. R.

     †   En sus días florezca la justicia
          y la paz hasta que falte la luna;
          domine de mar a mar, del Gran Río          al confín de la tierra. R.

     †   Los reyes de Tarsis y de las islas
          le paguen tributo.
          Los reyes de Saba y de Arabia
          le ofrezcan sus dones;
          póstrense ante él todos los reyes,
          y sírvanles todos los pueblos. R.

     †   Él librará al pobre que clamaba, 
          al afligido que no tenía protector;
          él se apiadará del pobre y del                         indigente, y salvará la vida de los                                                      pobres. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

     Hermanos:
     Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.
     Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

     Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
     - «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y, venimos a adorarlo. »

     Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
     Ellos le contestaron:
     - «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
     "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel."»

     Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
     - «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

     Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
     Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
     Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

     Los reyes magos somos nosotros.

     El autor del primer evangelio (el de Mateo), que probablemente vive en Antioquía de Siria, lleva años viviendo una experiencia muy especial: aunque Jesús fue judío, la mayoría de los judíos no lo aceptan como Mesías, mientras que cada vez es mayor el número de paganos que se incorporan a la comunidad cristiana.             Algunos podrían interpretar este extraño hecho de forma puramente humana: los paganos que se convierten son personas piadosas, muy vinculadas a la sinagoga judía, pero no se animan a dar el paso definitivo de la circuncisión; los cristianos, en cambio, no les exigen circuncidarse para incorporarse a la iglesia.
     Mateo prefiere interpretar este hecho como una revelación de Dios a los paganos. Para expresarlo, se le ocurre una idea genial: anticipar esa revelación a la infancia de Jesús, usando un relato que no debemos interpretar históricamente, sino como el primer cuento de Navidad. Un cuento precioso y de gran hondura teológica. Y que nadie se escandalice de esto. Las parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano son también cuentecitos, pero han cambiado más vidas que infinidad de historias reales.

     La estrella

     Los antiguos estaban convencidos de que el nacimiento de un gran personaje, o un cambio importante en el mundo, era anunciado por la aparición de una estrella. Orígenes escribía en el siglo III:

     “Se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandes cambios que han ocurrido sobre la tierra siempre han aparecido astros de este tipo que presagiaban revoluciones en el imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar el mundo. Yo mismo he podido leer en el Tratado de los Cometas, del estoico Queremón, que han aparecido a veces en vísperas de algún acontecimiento  favorable; de lo que nos proporciona numerosos ejemplos” (Contra Celso I, 58ss).

     Sin necesidad de recurrir a lo que pensasen otros pueblos, la Biblia anuncia que saldrá la estrella de Jacob como símbolo de su poder (Nm 24,17). Este pasaje era relacionado con la aparición del Mesías.

El bueno: los magos

     De acuerdo con lo anterior, nadie en Israel se habría extrañado de que una estrella anunciase el nacimiento del Mesías. La originalidad de Mt radica en que la estrella que anuncia el nacimiento del Mesías se deja ver lejos de Judá. Pero la gente normal no se pasa las noches mirando al cielo, ni entiende mucho de astronomía. ¿Quién podrá distinguirla? Unos astrónomos de la época, los magos de oriente.
     La palabra “mago” se aplicaba en el siglo I a personajes muy distintos: a los sacerdotes persas, a quienes tenían poderes sobrenaturales, a propagandistas de religiones nuevas, y a charlatanes. En nuestro texto se refiere a astrólogos de oriente, con conocimientos profundos de la historia judía. No son reyes. Este dato pertenece a la leyenda posterior, como luego veremos.

El malo: Herodes, los sumos sacerdotes y los escribas

     La narración, muy sencilla, es una auténtica joya literaria. El arranque, para un lector judío, resulta dramático. “Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes”. Cuando Mt escribe su evangelio han pasado ya unos ochenta años desde la muerte de este rey. Pero sigue vivo en el recuerdo de los judíos por sus construcciones, su miedo y su crueldad. Es un caso patológico de apego al poder y miedo a perderlo, que le llevó incluso a asesinar a sus hijos y a su esposa Mariamme. Si se entera del nacimiento de Jesús, ¿cómo reaccionará ante este competidor? Si se entera, lo mata.

Un cortocircuito providencial

     Y se va a enterar de la manera más inesperada, no por confidencia de la policía secreta, sino por unos personajes inocentes. Mt escribe con asombrosa habilidad narrativa. No nos presenta a los magos cuando están en Oriente, observando el cielo y las estrellas. Omite su descubrimiento y su largo viaje.
La estrella podría haberlos guiado directamente a Belén, pero entonces no se advertiría el contraste entre los magos y las autoridades políticas y religiosas judías. La solución es fácil. La estrella desaparece en el momento más inoportuno, cuando sólo faltan nueve kilómetros para llegar, y los magos se ven obligados a entrar en Jerusalén.
     Nada más llegar formulan, con toda ingenuidad, la pregunta más comprometedora: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo”. Una bomba para Herodes.

El contraste

     Y así nace la escena central, importantísima para Mt: el sobresalto de Herodes y la consulta a sacerdotes y escribas. La respuesta es inmediata: “En Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas”. Herodes informa a los magos y éstos parten. Pero van solos. Esto es lo que Mt quiere subrayar. Entre las autoridades políticas y religiosas judías nadie se preocupa por rendir homenaje a Jesús. Conocen la Biblia, saben las respuestas a todos los problemas divinos, pero carecen de fe. Mientras los magos han realizado un largo e incómodo viaje, ellos son incapaces de dar un paseo de nueve kilómetros. El Mesías es rechazado desde el principio por su propio pueblo, anunciando lo que ocurrirá años más tarde.
     Los magos no se extrañan ni desaniman. Emprenden el camino, y la reaparición de la estrella los llena de alegría. Llegan a la casa, rinden homenaje y ofrecen sus dones. Estos regalos se han interpretado desde antiguo de manera simbólica: realeza (oro), divinidad (incienso), sepultura (mirra). Es probable que Mt piense sólo en ofrendas de gran valor dentro del antiguo Oriente. Un sueño impide que caigan en la trampa de Herodes.

Los Reyes magos no son los padres, somos nosotros

     A alguno quizá le resulte una interpretación muy racionalista del episodio y puede sentirse como el niño que se entera de que los reyes magos no existen. Podemos sentir pena, pero hay que aceptar la realidad. De todos modos, quien lo desee puede interpretar el relato históricamente, con la condición de que no pierda de vista el sentido teológico de Mt. Desde el primer momento, el Mesías fue rechazado por gran parte de su pueblo y aceptado por los paganos. La comunidad no debe extrañarse de que las autoridades judías la sigan rechazando, mientras los paganos se convierten.

La mistificación de la estrella

     La estrella ha atraído siempre la atención, y sigue ocupando un puesto capital en nuestros nacimientos. Mt, al principio, la presenta de forma muy sencilla, cuando los magos afirman: “hemos visto salir su estrella”. Sin embargo, ya en el siglo II, el Protoevangelio de Santiago la aumenta de tamaño y de capacidad lumínica: “Hemos visto la estrella de un resplandor tan vivo en medio de todos los astros que eclipsaba a todos hasta el punto de dejarlos invisibles”. Y el Libro armenio de la infancia dice que acompañó a los magos durante los nueve meses del viaje.
En tiempos modernos incluso se ha intentado explicarla por la conjunción de dos astros (Júpiter y Saturno, ocurrida tres veces en 7/6 a.C.), o la aparición de un cometa (detectado por los astrónomos chinos en 5/4 a.C.). Esto es absurdo e ingenuo. Basta advertir lo que hace la estrella. Se deja ver en oriente, y reaparece a la salida de Jerusalén hasta pararse encima de donde está el niño. Puesta a guiarlos, ¿por qué no lo hace todo el camino, como dice el Libro armenio de la infancia? ¿Y cómo va a pararse una estrella encima de una cuna? Para Dios «nada hay imposible», pero dentro de ciertos límites.

El número y nombre de los magos

     En el Libro armenio de la infancia (de finales del siglo IV) se dice: “Al punto, un ángel del Señor se fue apresurada­mente al país de los persas a avisar a los reyes magos para que fueran a adorar al niño recién nacido. Y éstos, después de haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el momento en que la Virgen daba a luz... Y los reyes magos eran tres hermanos: el primero Melkon (Melchor), que reinó sobre los persas; el segundo, Baltasar, que reinó sobre los indios, y el tercero, Gaspar, que tuvo en posesión los países de los árabes”.

     Para Mt, el dato esencial es que no son judíos, sino extranjeros.
     Según Justino proceden de Arabia. Luego se impone Persia. En cuanto al número, la iglesia siria habla de doce.

El contraste entre la primera lectura y el evangelio

     La liturgia parece ver en el relato de los magos el cumplimiento de lo anunciado en el libro de Isaías (Is 60,1-6).

     ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
     Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.
     Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
     Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
     Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
     Te inundará una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

     Sin embargo, la relación es de contraste. En Isaías, la protagonista es Jerusalén, la gloria de Dios resplandece sobre ella y los pueblos paganos le traen a sus hijos, los judíos desterrados, la inundan con sus riquezas, su incienso y su oro. En el evangelio, Jerusalén no es la protagonista; la gloria de Dios, el Mesías, se revela en Belén, y es a ella adonde terminan encaminándose los magos. Jerusalén es simple lugar de paso, y lugar de residencia de la oposición al Mesías: de Herodes, que desea matarlo, y de los escribas y sacerdotes, que se desinteresan de él. 






lunes, 4 de enero de 2016

Párate un momento: evangelio del día 5 de Enero – MARTES – San Deogracias, obispo






5 de Enero  – MARTES –
San Deogracias, obispo

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 43-51

     En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
- «Sígueme.»
     Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
     - «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
     Natanael le replicó:
     - «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó:
     - «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
     - «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta:
     - «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
     - «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió:
     - «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó:
     - «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees?
Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió:
     - «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

     1.- Lo primero que queda patente, en este relato, es que Jesús tenia un atractivo tan singular, que quienes se acercaban a Él, lo veían, lo escuchaban, enseguida encontraban en aquel modesto galileo de Nazaret la respuesta a sus anhelos más hondos y más íntimos. Se trataba, sin duda, de anhelos que trascendían todo cuanto puede dar de sí la condición humana. Lo humano tiene sus límites. Y por eso hay cosas que nosotros sabemos que jamás podremos alcanzar. Ahí entra “lo utópico”. Y, si es verdad lo que se relata aquí, entonces está fuera de duda que Jesús es la respuesta a nuestras utopías más nobles, más llenas de sentido.

     2.- Por eso estos hombres, que se fueron con Jesús desde el momento en que lo vieron y lo tuvieron cerca, estos mismos hombres se quedaron con él incluso cuando se vieron en momentos en que no lo entendían (Jn. 6,60). Hasta el extremo de que muchos de sus seguidores lo abandonaron para tomar otro camino en la vida (Jn. 6,66). Es más, de sobra sabemos que Jesús tuvo tales enfrentamientos con los responsables de la religión oficial (Jn. 5,16), que no faltaron ocasiones en que estuvieron a punto de matarlo (Jn. 7,19.30; 8,20. 40. 59…). Pero ellos permanecieron fieles a la palabra dada.

     3.- Cuando se vive la experiencia del seguimiento de Jesús, no es el miedo a un “poder opresor” (que nos castigaría en el caso de un abandono) el que nos mantiene fieles y cerca de Jesús. No es eso. La fidelidad al seguimiento es el fruto de un “poder seductor”, que nos atrae, colma la vida de sentido, centra nuestra forma de vivir en la libertad al servicio de la misericordia, y así nos libera de una sumisión que nos “esclavizaría en la imagen” que queremos mantener a toda costa. Esto último, jamás.

San Deogracias, obispo

Martirologio Romano: En Cartago, ciudad del norte de África (hoy Túnez), san Diosgracias, obispo, que redimió a muchos cautivos capturados por los vándalos, ofreciéndoles cobijo en dos grandes basílicas dotadas de camas y lechos. 457.

El cual rescató a muchos fieles que los vándalos habían llevado cautivos a la ciudad, y esclarecido en otras santas obras murió en el Señor.

De la expresión latina Deo gratias, que significa "gracias a Dios" y que se usa especialmente en la liturgia y en la vida monástica, se formó el nombre propio Deogracias. Es una exclamación de conformidad con la voluntad de Dios, y de agradecimiento. Se emplea también para expresar el descanso que se experimenta al término de una situación difícil y enojosa, y en algunos lugares se usa todavía, aunque cada vez menos, como salutación al entrar en una casa. En la sociedad profundamente religiosa que generó el cambio de religión de todo el imperio romano, éste era un nombre especialmente agradable de llevar. Nacido probablemente como sobrenombre dado a quienes tenían con mucha frecuencia esta expresión en su boca, derivó luego a nombre, sin llegar a extenderse demasiado su uso.
San Deogracias fue consagrado obispo de Cartago el 25 de octubre del 453, en plena invasión de los vándalos, que al entrar expulsaron a su obispo san Quod-vult-Deus (LoqueDiosquiere) y a su clero, manteniendo la iglesia abandonada y sin culto religioso durante 14 años.
A petición del emperador Valentiniano, Genserico permitió a san Deogracias ejercer su ministerio pastoral con aquella feligresía tan largamente abandonada. Fue el obispo providencial que necesitaba la diócesis de Cartago en aquel momento. Fortaleció en la fe a todos y ayudó a muchos, pues la invasión había quebrantado la economía de la población autóctona. A los dos años de estar Deogracias al frente de la diócesis, Genserico entró en Roma, la saqueó y se llevó cautivos a África a buen número de sus habitantes. Desplegó el santo obispo una caridad y una eficacia admirables para atender a los miles de desplazados que fueron a parar a su diócesis: habilitó todos los templos de la ciudad para alojarlos, de noche especialmente. Consiguió la solidaridad de sus feligreses para con los deportados. Vendió todo lo que en la iglesia tenía algún valor para atender a sus más urgentes necesidades.
Hizo todo cuanto estuvo en su mano para evitar que se dividieran las familias. Atendía él personalmente a los enfermos. Tres años y unos meses duró en total su episcopado, y murió en medio de la tensión constante por atender a muchos más necesitados de lo que le permitían los recursos de toda la diócesis. Su caridad y su ejemplo dejaron una huella profunda en toda la Iglesia que sabía de su dedicación heroica a los deportados.
Los Deogracias celebran su onomástica el 22 de marzo (anteriormente había sido el 23).
En Cartago se celebra el 5 de enero, y en Argel, el 29 de octubre.
Quienes llevan hoy este nombre pueden ufanarse de él legítimamente, pues amén del gran personaje que lo santificó y le dio dignidad y realce, y además del valor que el propio nombre tiene por sí mismo, pueden estar seguros de que tratándose de un nombre tan singular, constituye una larga tradición familiar que tiene el valor añadido de numerosas generaciones que lo han ido conservando y transmitiendo cada vez más ennoblecido.



domingo, 3 de enero de 2016

Párate un momento: Evangelio del dia 4 de Enero – LUNES – Stª GENOVEVA TORRES, virgen





4 de Enero – LUNES –
Stª GENOVEVA TORRES, virgen

Evangelio según san Juan (1,35-42):

     En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Éste es el Cordero de Dios.»
     Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.  Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?»
     Ellos le contestaron:  «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
     Él les dijo:  «Venid y lo veréis.»
     Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
     Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»  Y lo llevó a Jesús.  Jesús se le quedó mirando y le dijo:
 «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

     1.-Para Juan Bautista, Jesús realiza lo que representó –en las tradiciones de Israel- “el cordero de Dios”, el cordero que sacrificaron los israelitas la noche que comenzaron el largo camino de su liberación de la esclavitud en Egipto (Ex 12,1-13; Is 53,7-12) (R.E. Brown). Jesús es, pues, el hombre bueno y fiel que tanto quiso al pueblo, que se dejó matar por poner a los humanos en el camino de la liberación.

     2.- Según el IV evangelio, los primeros seguidores de Jesús fueron primero discípulos de Juan Bautista. Eran hombres que esperaban y deseaban la llegada del Mesías. Y creyeron haberlo encontrado en Jesús. Bastó para ello pasar un día con él. En el relato, es decisivo el verbo que expresa el “seguimiento” de Jesús. Por eso, sin duda, en el relato se repite tres veces el verbo “seguir” (Jn. 1,37-38.40). El término técnico que utilizan los evangelios para hablar de la relación que los discípulos mantuvieron con Jesús. Cuando este verbo se utiliza en sentido figurado, quiere decir que el seguidor de Jesús asume la forma de vida de Jesús como su propia forma de vivir (DGENT, fasc. 2, 254-259).

     3.- Tocamos aquí un tema capital. Los discípulos conocieron a Jesús, no “estudiándolo”, sino “siguiéndole” (J.B. Metz). Es decir, a Jesús (la cristología) no se le conoce en los libros, sino en la vida, haciendo propia la vida que llevó Jesús, en la medida en que uno vive como Jesús. Por eso cabe pensar: ¡qué gran mentira es la teología que se estudia y se enseña en tantos tratados “doctísimos” sobre Cristo! Se puede “saber” mucho sobre Jesús y, al mismo tiempo no tener “ni idea” de lo que es y lo que representa realmente Jesús para la humanidad.

Stª GENOVEVA TORRES, virgen

Virgen fundadora de la Congregación de las Hnas. del Sgdo. Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles (Angélicas)
Genoveva Torres Morales nació en Almenara (Castellón) el 3 de enero de 1870. Huérfana a los ocho años y constituida “ama de casa” al cuidado de un hermano, a sus trece años hubieron de amputarle una pierna de forma rudimentaria. Desde entonces tendría que andar siempre con dos muletas. Hubo de ser asilada en la “Casa de la Misericordia” de Valencia completando allí su deficiente cultura y creciendo en su vida espiritual. A los veinticuatro años, unida a dos compañeras, fundó la “Sociedad Angélica” para dar amparo a mujeres solas y para la adoración nocturna de la Eucaristía. Desde la Casa Madre de Zaragoza su obra se extendió rápidamente.

     De carácter afable y misericordioso, gobernó con sabiduría espiritual la obra fundada por ella que, con la aprobación pontificia, se denominó “Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles”. Devotísima de la Virgen, especialmente mediante el rezo del Rosario, tuvo por centro de su vida al Corazón de Jesús y a la Eucaristía. Murió en Zaragoza el 5 de enero de 1956. El pueblo comenzó a invocarla con el título de “Ángel de la soledad”. 

     Fue beatificada el 29 de enero de 1995 y canonizada el domingo 4 de mayo de 2003 (tercer domingo de Pascua), por el Papa Juan Pablo II, durante la V visita de Su Santidad a España. La misa de canonización se realizó en la Plaza Madrid de Colón.