martes, 3 de noviembre de 2020

Párate un momento: El Evangelio del dia 5 DE NOVIEMBRE – JUEVES – 31ª – SEMANA DEL T. O. – A – Santa Ángela de la Cruz

 

 

5 DE NOVIEMBRE – JUEVES –

31ª – SEMANA DEL T. O. – A –

Santa Ángela de la Cruz

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3,3-8a):

Los circuncisos somos nosotros, que damos culto con el Espíritu de Dios, y que ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne. Aunque, lo que es yo, ciertamente tendría motivos para confiar en la carne, y si algún otro piensa que puede hacerlo, yo mucho más, circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro costados y, por lo que toca a la ley, fariseo; si se trata de intransigencia, fui perseguidor de la Iglesia, si de ser justo por la ley, era irreprochable. Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo.

Palabra de Dios

 

Salmo: 104,2-3.4-5.6-7

R/. Que se alegren los que buscan al Señor

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas;

gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro.

Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;

hijos de Jacob, su elegido!

El Señor es nuestro Dios,

él gobierna toda la tierra. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-10):

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.

Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

 «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

Jesús les dijo esta parábola:

«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, - ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?   Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido."

Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, - ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra?   Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido."

 Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

Palabra del Señor

 

1.  Todo el capítulo 15 del evangelio de Lucas está dedicado a explicar cómo se relaciona y cómo se comporta Dios con los pecadores, perdidos y extraviados.

Esta explicación es capital para comprender cómo es el Dios que Jesús nos dio a conocer. No olvidemos que los evangelios son teología narrativa.

Es decir, en los relatos (el acontecer) se nos revela la teología (el ser) de Dios (Bernhard

Welte).

Por tanto, al ver cómo se porta Dios con los extraviados, comprendemos cómo es ese Dios en el que creemos. La conducta de una persona nos

revela cómo es esa persona.

 

2.  Ahora bien, lo que queda más patente en este capítulo del evangelio de Lucas es que el Dios de Jesús quiere tanto a los perdidos y extraviados que no puede pasar sin ellos. Por eso Dios ni juzga, ni condena a los extraviados, sino que los busca hasta que los encuentra, y los acoge cuando vuelven. Sin reprocharles nada, sin pedirles explicaciones, sin amenazas, sin juicio ni castigo. Es más, cuando Dios encuentra al extraviado, se alegra, lo lleva en sus hombros, convoca a todos los que se pueden alegrar con él, y organiza un banquete de fiesta. Porque su alegría es indecible.

Esto es lo que se destaca en las tres parábolas: la oveja perdida (15, 3-7), la moneda extraviada (15, 8-10) y el hijo "perdido" (15, 11-32). Así es el Dios que nos presenta Jesús.

 

3.  Por esto, Jesús se comportó con los más extraviados y perdidos, con los despreciables pecadores, de forma que todos acudían a escucharle. Cuando esta clase de personas se acercan a alguien es porque en esa persona encuentran comprensión, tolerancia, respeto, acogida, y jamás escuchan un reproche, ni siquiera un recelo o una sospecha. Ya sea por su vida "pública", bien sea por su vida "privada". Y si además se les invita a comer, compartiendo la misma mesa, la amistad, el gozo y la alegría de la mutua confianza, entonces y así, nos vemos sorprendidos por la inesperada teofanía del Dios de Jesús.

Así es el Dios en el que creemos. - ¿No vale la pena parecerse a este Dios?

Dios se "encarnó". Dios se "humanizó".  Y así nos enseña a nosotros a ser "profundamente humanos".

    Santa Ángela de la Cruz

 

Santa Ángela de la Cruz Guerrero González

 María de los Ángeles Guerrero González nació en Sevilla el 30 de enero de 1846 y murió también allí el 2 de marzo de 1932. Humilde religiosa española, fundó la congregación religiosa llamada Compañía de las Hermanas de la Cruz dedicada a ayudar a los pobres y a los enfermos.

Fue canonizada en Madrid por san Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003.

 

Ángela Guerrero González, Sor Ángela de la Cruz, Madre de los pobres, nació el 30 de enero de 1846 en Sevilla en el seno de una familia sencilla. Sus padres, Francisco Guerrero y Josefa González, tuvieron catorce hijos, pero sólo seis llegaron a mayores de edad a causa de la terrible mortalidad infantil, aún persistente durante todo el s. XIX.

Sus padres eran—hasta la exclaustración de los religiosos en 1836—los cocineros del Convento de los Padres Teatinos de Sevilla. Su padre murió pronto. Sin embargo, la madre llegara a ver la obra de su hija, y las Hermanitas de la Cruz la llamaran con el dulce nombre de "la abuelita" y quedaran admiradas de las muchas virtudes que florecían en el jardín de su alma. Ella supo trasplantarlas al jardín del alma de su hija Ángela. Se dice que un día, siendo aún muy pequeña, desapareció y todos la buscaron. Todos menos su madre que enseguida adivinó donde estaba: en la iglesia. Allí la encontraron rezando y recorriendo los altares. Ya mayor dirá: "Yo, todo el tiempo que podía, lo pasaba en la iglesia, echándome bendiciones de altar como hacen las chiquillas".

Por carecer de recursos, apenas puede aprender a leer y escribir. Ángela, que crecía en un piadoso ambiente familiar, pronto daría cumplidas pruebas de bondad natural. Ya de joven, nadie osaba hablar mal o pronunciar blasfemias en su presencia. Si hablaban algo menos puro, al verla llegar, decían, cambiando de conversación: "Callad, que viene Angelita".

Ángela necesita trabajar desde los doce años para ayudar a su familia, cuando apenas ha tenido ocasión de asistir a la escuela: en el taller de calzado de doña Antonia Maldonado, en la calle del Huevo, trabajó durante algún tiempo como zapatera. Dña. Antonia estaba encantada de ella y exhortaba a las demás a que la imitaran. Hacia rezar el rosario y rendían más que antes.

El Padre Torres Padilla era muy amigo de la familia donde trabajaba como zapatera. Le habían hablado de la maravilla de aquella joven.

De 1862 a 1865, Ángela, que asombra por sus virtudes a cuantos la conocen, reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 se cierne una oleada de cólera sobre Sevilla que azota a las familias pobres hacinadas en los "corrales de vecindad". Ángela se multiplica para poder ayudar a estos hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria. Y en ese mismo año pone en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja". Cuenta ahora con diecinueve años.

Quiso entrar en las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque no la admitieron por temor a que no pudiera soportar los duros menesteres del convento en su cuerpo menudo y débil.

Después ingresó en las Hermanas de la Caridad. Llegó a vestir el hábito, pero hubo de salir del convento al enfermar. Viendo que no podía ser monja en el convento, se dijo a si misma: "Seré monja en el mundo" e hizo los Votos religiosos. Un billete de 1º de noviembre de 1871 nos revela que "María de los Ángeles Guerrero, a los pies de Cristo Crucificado" promete vivir conforme a los consejos evangélicos: ya que le ha fallado ser monja en el convento, será monja fuera. Dos años más tarde, Ángela pone en manos del doctor Torres Padilla unas reflexiones personales en las que se propone, no vivir siguiendo a Jesús con la cruz de su vida, sino vivir permanentemente clavada en ella junto a Jesús. De ahora en adelante se llamará Ángela de la Cruz.

Ángela comienza a afirmarse en una idea que le ha venido con fuerza: "hay que hacerse pobre con los pobres".

En invierno de 1873 Ángela formula votos perpetuos fuera del claustro, y por el voto de obediencia queda unida al padre Torres. Pero su mente y su corazón inquietos comienzan a "reinar" en una idea que continuamente le asalta: formar la "Compañía de la Cruz". Obstinada en su empeño el 17 de enero de 1875 comienza a trazar su proyecto, que, como toda obra noble, se verá colmado por el éxito, más ante los ojos de Dios que ante los ojos de los hombres.

Ángela ha encontrado tres compañeras: Josefa de la Peña, una terciaria franciscano "pudiente", que ha decidido dar el paso que su contacto con los pobres le está pidiendo; Juana María Castro y Juana Magadán, dos jóvenes pobres, sencillas y buenas. Con el dinero de Josefa Peña alquilan su "convento": un cuartito con derecho a cocina en la casa número 13 de la calle San Luis, y desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra, y comienzan a adquirir notable consistencia en el clima religioso de Sevilla. Estrenan hábito y sus compañeras comienzan a llamarle "Madre", cuando aún no se ha borrado de su rostro la primavera de la niñez. Entre duras penitencias y mortificaciones, fieles a la causa de los pobres, consiguen obtener en 1876 la admisión y bendición del Cardenal Spinola.

Todo el resto de su vida estaría marcado por el signo doliente de la Cruz, pero también por la felicidad de quien se siente "luz en el mundo mostrando una razón para vivir". La Compañía va a crecer, y con ella el agradecimiento del pueblo sevillano y de todos los rincones de Andalucía a donde llega el espíritu de Sor Ángela. Como afirma José María Javierre en su preciosa obra Madre de los pobres: 'Que yo sepa, es el único caso en el mundo. Existe una ciudad donde pronunciáis el nombre de una persona y todos los habitantes, todos, sonríen: -Era buena, era una santa."

La siguen bastantes jóvenes y mayores que quieren imitar a Sor Ángela y seguir su mismo género de vida. Todos caben en sus casas. La austeridad será nota distintiva de sus casas. Roma da aprobación a su Obra.

 

Fallecimiento

Falleció el 2 de marzo de 1932 como consecuencia de un accidente cerebrovascular, personas de todas las clases sociales rindieron homenaje a la hoy Santa que, por privilegio del Gobierno de la Segunda República Española, fue sepultada en la cripta de la Casa Madre en Sevilla.

Dos días después el Ayuntamiento republicano de la ciudad de Sevilla, presidido por el alcalde don José González Fernández de Labandera, decidió por unanimidad que constase en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte de la religiosa y decidió se rotulase con su nombre la entonces llamada calle Alcázares, donde estaba y continúa el convento. Esta decisión tiene gran importancia, si tenemos en cuenta las ideas anticlericales imperantes en la época.

 

Canonización

El Papa Juan Pablo II la beatificó el 5 de noviembre de 1982. El 20 de diciembre de 2002, la Iglesia reconoció oficialmente su santidad, al aprobar el milagro que le había sido atribuido, la curación, científicamente inexplicada, de un niño que sufría una obstrucción de la arteria central de la retina del ojo derecho y recuperó repentinamente la visión. Fue canonizada por Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003 en la madrileña Plaza de Colón, con el nombre de Santa Ángela de la Cruz.

El 7 de mayo de 2003, el cuerpo incorrupto de la Santa es trasladado desde la Casa Madre hasta la Catedral de Sevilla, donde presidió los actos en su honor, por la Canonización. Una gran multitud se concentró a su paso, adornándose los templos y calles del recorrido para la ocasión.

En 2012, la Compañía de la Cruz tiene más de cincuenta conventos, 700 hermanas y unas 50 novicias que realizan el noviciado en Sevilla. Los países donde se encuentra son España, Argentina e Italia. En España en las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura, Canarias, Madrid, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla La Mancha y Galicia.

 

Oración a Santa Ángela de la Cruz

Dios de toda bondad, que iluminaste a Santa Ángela virgen, con la sabiduría de la cruz, para que reconociese a tu Hijo Jesucristo en los pobres y enfermos abandonados, y los sirviese como humilde esclava, concédenos la gracia que te pedimos por su intercesión, en esta novena.

Así también, inspira en nosotros el deseo de seguir su ejemplo, abrazando cada día nuestra propia cruz, en unión con Cristo crucificado y sirviendo a nuestros hermanos con amor.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.

Amén.

 

(Fuente: hermandades-de-sevilla.org y wikipedia)

 

 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Párate un momento: El Evangelio del dia 4 DE NOVIEMBRE – MIERCOLES – 31ª – SEMANA DEL T. O. – A – SAN CARLOS BORROMEO

 

 


4 DE NOVIEMBRE – MIERCOLES –

 31ª – SEMANA DEL T. O. – A –

SAN  CARLOS  BORROMEO

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,12-18):

Ya que siempre habéis obedecido, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor.

Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir.

El día de Cristo, eso será una honra para mí, que no he corrido ni me he fatigado en vano. Y, aun en el caso de que mi sangre haya de derramarse, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y asociaos a la mía.

 

Palabra de Dios

 

Salmo: 26,1.4.13-14

 

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor,

contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor

en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,

ten ánimo, espera en el Señor. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

 «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Así, - ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

"Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."

- ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

 

Palabra del Señor

 

1.  Jesús pronunció estas palabras cuando iba de camino hacia Jerusalén (Lc 14, 25). Jesús sabía que iba derecho al enfrentamiento final que le llevaría a la cruz. Él sabía esto, no porque tuviera ciencia divina (cosa que no consta en ninguna parte, ni nadie sabe, ni puede saber, lo que es eso), sino porque tenía sensatez humana, con la que había aprendido que quienes se enfrentan a un sistema religioso-político, como él lo venía haciendo, terminaban sus días de la peor manera.

Así aceptó Jesús "la función más baja que una sociedad puede adjudicar: la de delincuente ejecutado" (Gerd Theissen). Y conste que lo que Jesús vio que era una constante en su tiempo, lo sigue siendo hoy.

 

2.  Jesús tomó esta decisión y echó por este camino porque se dio cuenta de que solo quienes llegan a este radicalismo son los que mantienen el ideal y la esperanza de que este mundo pueda ser distinto: un mundo con menos egoísmo y ambiciones y con más humanidad y gente más honrada.  Con un ejemplo basta: desde hace un siglo, los que han logrado que este mundo sea más soportable no han sido los que han organizado y ganado las guerras; ni los que han acumulado enormes capitales, y menos aun los que han matado a todos sus enemigos. 

Los que han hecho algo determinando y definitivo por el bien de este mundo, algo que ha quedado como memoria de esperanza, han sido los que tomaron decisiones que les han llevado a la muerte: Gandhi, Martin L. King, Oscar Romero, Maximiliano Kolbe y tantos otros cuyos nombres nadie conoce.

 

3.  Jesús dice que para llegar a esto hay que superar y pasar por encima de todos los lazos humanos que nos condicionan la libertad y nos incapacitan para superar el miedo. Es duro esto. Pero es posible. A partir de una mística que se traduce en fuerza. La fuerza que solo entienden los que la tienen.

Se trata de la fuerza que tiene la BONDAD. La bondad de los débiles, de los descalificados, de los que fracasan. Los que viven de forma que así se "autoes-tigmatizan", esos son los que hacen este mundo más humano, más habitable, más gozoso para vivir en él.

 

SAN  CARLOS  BORROMEO


 

Nació en Arona (Lombardía) en el año 1538; después de haberse graduado en ambos derechos, fue agregado al colegio cardenalicio por su tío Pío IV y nombrado obispo de Milán. Fue un verdadero pastor de su grey; visitó varias veces toda su diócesis, convocó sínodos, decretó muchas disposiciones orientadas a la salvación de las almas y fomentó en gran manera las costumbres cristianas.

Murió el día 3 de noviembre del año 1584.

San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio las palabras de Jesús; "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará".

Era de familia muy rica. Su hermano mayor, a quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer de un caballo. El consideró la muerte de su hermano como un aviso enviado por el cielo, para estar preparado porque el día menos pensado llega Dios por medio de la muerte a pedirnos cuentas. Renunció a sus riquezas y fue ordenado sacerdote y más tarde arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones de que su elección fue por nepotismo (era sobrino del Papa), sus enormes frutos de santidad demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.

Como obispo, su diócesis que reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos. Su escudo llevaba una sola palabra: "Humilitas", humildad.  El, siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, privándose de lujos. Fue llamado con razón "padre de los pobres"

       San Carlos Borromeo Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.

Para con los necesitados era supremamente comprensivo. Para con sus colaboradores era muy amigable y atento, pero exigente. Y para consigo mismo era exigentísimo y severo.

Fue el primer secretario de Estado del Vaticano (en el sentido moderno).

Fue blanco de un vil atentado, mientras rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.

Fundó seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios.

Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.

Murió joven y pobre, habiendo enriquecido enormemente a muchos con la gracia. ……murió diciendo: "Ya voy, Señor, ya voy". En Milán casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia de que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

Párate un momento: El Evangelio del dia 3 DE NOVIEMBRE – MARTES – 31ª – SEMANA DEL T. O. – A – San Martín de Porres

 


 

3 DE NOVIEMBRE – MARTES –

31ª – SEMANA DEL T. O. – A –

San Martín de Porres

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,5-11):

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Palabra de Dios

 

Salmo: 21,26b-27.28-30a.31-32

R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.

Los desvalidos comerán hasta saciarse,

alabarán al Señor los que lo buscan:

viva su corazón por siempre. R/.

Lo recordarán y volverán al Señor

hasta de los confines del orbe;

en su presencia se postrarán

las familias de los pueblos. R/.

Porque del Señor es el reino,

el  gobierna a los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba. R/.

Mi descendencia le servirá,

hablarán del Señor a la generación futura,

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:

todo lo que hizo el Señor. R/.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,15-24):

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:

«¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»

Jesús le contestó:

«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: "Venid, que ya está preparado." Pero ellos se excusaron uno tras otro.

El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor."

Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor."

Otro dijo: "Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir."

El criado volvió a contárselo al amo.

Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado:

"Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos."

El criado dijo:

 "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio."

Entonces el amo le dijo:

"Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa."

Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

 

Palabra del Señor

 

1.  Las parábolas son pequeñas historias, tomadas de la vida diaria, pero contadas de tal forma que, en el relato, se produce inesperadamente un "corte" con lo que suele ocurrir en la vida cotidiana. Ese "corte" es un elemento de "sorpresa", que constituye una auténtica extravagancia con lo normal, con lo que sucede en la vida diaria de los seres humanos normales (Paul Ricoeur, W. Harnisch).

Este corte sorpresivo es tan importante que en eso está la clave para entender lo que la parábola quiere enseñar, y para interpretar su significado.

 

2.  Según lo dicho, lo primero que queda claro en esta parábola es que el gran banquete es la imagen del Reino de Dios. Un banquete es fiesta, gozo, disfrute. Y todo eso compartido, vivido y disfrutado con los demás. Pero lo sorprendente es que en el gran banquete de Dios no entran los que, según las normas de lo establecido y de lo "razonable", tendrían que entrar.  Esos no entran porque, en realidad, no les interesa el banquete.  Todos ellos tienen asuntos que les interesan más. Asuntos relacionados con sus intereses económicos o con su disfrute privado.

Por el contrario, los que entran en el banquete de Dios son los que nadie diría que son los invitados: pobres, lisiados, ciegos, cojos, y hasta los vagabundos de los caminos.

 

3.  Jesús trastorna todos nuestros criterios, nuestros esquemas de pensamiento, nuestras escalas de valores. En el gran banquete de Dios no entran los que "oficial" y "socialmente" se consideran los invitados, los que tienen títulos, cargos, dignidades y tareas religiosas o apostólicas, que hacen pensar a la gente que ellos son los que van a ir al cielo con pleno derecho.

Jesús era más laico y más secular que todo cuanto nosotros podemos imaginar. Jesús puso el gran banquete de Dios, no donde nosotros ponemos la gran solemnidad del boato sagrado, sino donde el mundo ha puesto la gran exclusión de los que nosotros pensamos que no tienen entrada para esa gran solemnidad, tan pomposa como falsa. Por eso hay que preguntarse: - ¿quiénes son los que van actualmente a misa?  - ¿Van los que se podrían considerar como los actuales marginados y excluidos?  - ¿Por qué los más desamparados y los sin techo y sin papeles no encuentran en nuestros templos la acogida que encontraron los vagabundos de entonces en el gran banquete del Reino de Dios?

San Martín de Porres

 


 

Nació en la ciudad de Lima, Perú, el día 9 de diciembre del año 1579. Fue hijo de Juan de Porres, caballero español de la Orden de Calatrava, y de Ana Velásquez, negra libre panameña.

 

Martín es bautizado en la iglesia de San Sebastián, donde años más tarde Santa Rosa de Lima también lo fuera.

 

Son misteriosos los caminos del Señor: no fue sino un santo quien lo confirmó en la fe de sus padres. Fue Santo Toribio de Mogrovejo, primer arzobispo de Lima, quien hizo descender el Espíritu sobre su moreno corazón, corazón que el Señor fue haciendo manso y humilde como el de su Madre.

 

A los doce Martín entró de aprendiz de peluquero, y asistente de un dentista. La fama de su santidad corre de boca en boca por la ciudad de Lima.

 

Martín conoció al Fraile Juan de Lorenzana, famoso dominico como teólogo y hombre de virtudes, quien lo invita a entrar en el Convento de Nuestra Señora del Rosario.

 

Las leyes de aquel entonces le impedían ser religioso por el color y por la raza, por lo que Martín de Porres ingresó como Donado, pero él se entrega a Dios y su vida está presidida por el servicio, la humildad, la obediencia y un amor sin medida.

 

San Martín tiene un sueño que Dios le desbarata: "Pasar desapercibido y ser el último". Su anhelo más profundo siempre es de seguir a Jesús. Se le confía la limpieza de la casa; por lo que la escoba será, con la cruz, la gran compañera de su vida.

 

Sirve y atiende a todos, pero no es comprendido por todos. Un día cortaba el pelo a un estudiante: éste molesto ante la mejor sonrisa de Fray Martín, no duda en insultarlo: ¡Perro mulato! ¡Hipócrita! La respuesta fue una generosa sonrisa.

 

San Martín llevaba ya dos años en el convento, y hacía seis que no veía a su padre, éste lo visita y… después de dialogar con el P. Provincial, éste y el Consejo Conventual deciden que Fray Martín se convierta en hermano cooperador.

 

El 2 de junio de 1603 se consagra a Dios por su profesión religiosa. El P. Fernando Aragonés testificará: "Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor". La portería del convento es un reguero de soldados humildes, indios, mulatos, y negros; él solía repetir: "No hay gusto mayor que dar a los pobres".

 

Su hermana Juana tenía buena posición social, por lo que, en una finca de ella, daba cobijo a enfermos y pobres. Y en su patio acoge a perros, gatos y ratones.

 

Pronto la virtud del moreno dejó de ser un secreto. Su servicio como enfermero se extendía desde sus hermanos dominicos hasta las personas más abandonadas que podía encontrar en la calle. Su humildad fue probada en el dolor de la injuria, incluso de parte de algunos religiosos dominicos. Incomprensión y envidias: camino de contradicciones que fue asemejando al mulato a su Reconciliador.

 

Los religiosos de la Ciudad Virreinal van de sorpresa en sorpresa, por lo que el Superior le prohíbe realizar nada extraordinario sin su consentimiento. Un día, cuando regresaba al Convento, un albañil le grita al caer del andamio; el Santo le hace señas y corre a pedir permiso al superior, éste y el interesado quedan cautivados por su docilidad.

 

Cuando vio que se acercaba el momento feliz de ir a gozar de la presencia de Dios, pidió a los religiosos que le rodeaban que entonasen el Credo. Mientras lo cantaban, entregó su alma a Dios. Era el 3 de noviembre de 1639.

 

Su muerte causó profunda conmoción en la ciudad. Había sido el hermano y enfermero de todos, singularmente de los más pobres. Todos se disputaban por conseguir alguna reliquia. Toda la ciudad le dio el último adiós.

 

Su culto se ha extendido prodigiosamente. Gregorio XVI lo declaró Beato en 1837. Fue canonizado por Juan XXIII en 1962. Recordaba el Papa, en la homilía de la canonización, las devociones en que se había distinguido el nuevo Santo: su profunda humildad que le hacía considerar a todos superiores a él, su celo apostólico, y sus continuos desvelos por atender a enfermos y necesitados, lo que le valió, por parte de todo el pueblo, el hermoso apelativo de "Martín de la caridad".

 

Su fiesta se celebra el 3 de noviembre.