domingo, 24 de abril de 2016

PÁRATE UN MOMENTO: EVANGELIO DEL DÍA 25 DE ABRIL – LUNES – 5ª ~ SEMANA DE PASCUA San Marcos Evangelista




25 DE ABRIL – LUNES –
5ª ~ SEMANA DE PASCUA
San Marcos Evangelista

       Evangelio según san Marcos 16, 15-20

       En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:
       “Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.  A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño.     Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”.
       Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

      
             1.   Qué cosa más bella. Somos partícipes de       la misión de Cristo en el mundo.     En todo el       mundo.  Estamos convocados a comunicar al mundo entero que Cristo está vivo.  Que está entre nosotros.  Y nos acompañarán signos milagrosos.  Esos que proceden de la misericordia de Dios.  De su ternura, de su cercanía para con el hombre y la mujer.  Especialmente para quien más sufre.
             1.    Pregonar el Evangelio en todas partes sintiendo cómo el Señor coopera con nosotros es un privilegio.  Y una responsabilidad.  También una gracia.
 
       Hoy  habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.

Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.

El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente.

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.

¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).

San Marcos Evangelista


Suele identificársele con Juan, llamado Marcos. Este personaje aparece varias veces en los Hechos de los Apóstoles. Se le cita por primera vez en Hechos 12:12, cuando Simón Pedro, milagrosamente liberado de la cárcel, se refugia en casa de María, madre de "Juan, por sobrenombre Marcos". Acompañó a Pablo de Tarso y a Bernabé en el primer viaje de Pablo (Hechos 13:5), pero se separó de ellos cuando llegaron a Panfilia, regresando a Jerusalén (Hechos 13:13 en estos versículos se hace referencia a él simplemente como "Juan"). Cuando Pablo iba a iniciar su segundo viaje, tuvo una grave disputa con Bernabé a propósito de "Juan, llamado Marcos": Bernabé quería que fuese con ellos, pero Pablo se negaba, ya que les había abandonado en el viaje anterior. Pablo y Bernabé terminaron por separarse, y Marcos acompañó al segundo en su viaje a Chipre (Hechos 15:37-39).
Marcos es considerado por la tradición cristiana el autor del evangelio que lleva su nombre. Puesto que él no fue discípulo directo de Jesús, por lo que basó su relato -siempre según la tradición- en las enseñanzas de Pedro. El autor más antiguo que asignó a Marcos la autoría de este evangelio fue Papías de Hierápolis, en la primera mitad del siglo II, en un testimonio citado por Eusebio de Cesarea.
Desde el siglo II se dio por sentado que Marcos era el autor de este evangelio. Aunque es imposible tener ningún tipo de certeza a este respecto, se ha aducido convincentemente que no hay ninguna razón por la cual los primeros cristianos tuvieran que adjudicar la autoría de este evangelio a un personaje desconocido que no fue discípulo directo de Jesús, en lugar de atribuírsela a uno de los apóstoles.

En el 828, las reliquias atribuidas a San Marcos fueron llevadas de Alejandría por navegantes italianos, que las trasladaron a Venecia, donde se conservan en la Basílica de San Marcos, construida expresamente para albergar sus restos. Los coptos creen que la cabeza del santo quedó en Alejandría. Cada año, en el día 30 del mes de Babah, la Iglesia Copta conmemora la consagración de la iglesia de San Marcos, y la aparición de la cabeza del santo en la iglesia copta de San Marcos, en Alejandría, donde se conservaría su cabeza.

sábado, 23 de abril de 2016

Párate un momento_ Evangelio del día 24 de abril – Domingo 5ª - Semana de Pascua




24 de abril – Domingo
5ª  - Semana de Pascua

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.
En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.


SALMO RESPONSORIAL 144, 8-9. 10-11. 12-13ab

R. Bendeciré tu nombre por siempre,    
     Dios mío, mi rey.

·     El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.
·     Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

·     Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. R.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1- 5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.
Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.
Y oí una gran voz desde el trono que decía: - «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».
Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido. Y dijo el que está sentado en el trono: - «Mira, hago nuevas todas las cosas».


Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
- «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.  Sí Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.
 Hijos, me queda poco de estar con vosotros.  Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

De la persecución a la gloria pasando por el amor mutuo.

Aunque no se advierta a primera vista, hay algunos temas comunes a las tres lecturas.       

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

El domingo pasado se leyó la actividad de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y las dificultades que promovieron al final los judíos y algunas señoras importantes, obligándoles a huir de allí. Marchan entonces a Iconio, Listra y Derbe (el mapa ayuda a seguir el itinerario). Lo que allí ocurrió no se lee en la misa, pero es importante recordarlo brevemente para comprender la lectura de hoy (el que quiera puede leer el capítulo 14 de los Hechos, que es muy interesante).
            En Iconio predican con bastante éxito, pero al final la gente se divide, algunos intentan apedrearlos y tienen que huir de nuevo.
            En Listra curan a un tullido y la gente los consideran dioses; ellos consiguen con dificultad que no les den culto. Pero vienen judíos de Antioquía e Iconio que ponen a la gente contra Pablo; lo apedrean y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Los discípulos lo recogen y al día siguiente huye con Bernabé hacia Derbe.
            En Derbe anuncian el evangelio y ganan bastantes discípulos. Allí no se dan persecuciones. Terminada la predicación, emprenden el viaje de vuelta a Antioquía de Siria (donde habían comenzado el viaje misionero), pasando por las mismas ciudades que ya habían evangelizado. Este viaje de vuelta es el tema de la lectura de hoy.



El viaje de vuelta, contado tan esquemáticamente, debió de durar, como mínimo, uno o dos meses. Pero Lucas no se detiene a contar con detalle lo ocurrido. Para él es más importante indicar la conducta de los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:
1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo de Hch (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: “hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios”. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (Hch 11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.
2) Designar responsables. Esta palabra griega, presbitérous, etimológicamente designa a los “ancianos”, pero en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.
3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.
Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.

 Apocalipsis 21, 1-5a

            Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la segunda, del Apocalipsis, habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.

Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en las dos primeras lecturas: ahora mismo, la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap), pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

 Evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

            El evangelio de hoy, aunque muy breve, lo podemos dividir en dos partes. La primera nos sitúa en la noche del Jueves Santo, cuando Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes.

            Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: 
            - «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 

            ¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar”, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: “te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.
            Pero, ¿qué es eso que ha ocurrido y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.

            La segunda parte es muy conocida, fácil de entender y muy difícil de practicar.

            Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

            El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad en este caso consiste en amar “como yo os he amado”, hasta dar la vida. Para Jesús, este rasgo es el único distintivo del cristiano, y no puede ser sustituido por actos cultuales (misas, etc.) ni por programas ideológicos de cualquier tipo. 




viernes, 22 de abril de 2016

Párate un momento: evangelio del día 23 DE ABRIL – SÁBADO - 4ª - SEMANA DE PASCUA San Jorge






23 DE ABRIL – SÁBADO -
4ª - SEMANA DE PASCUA
San Jorge

       Evangelio según san Juan 14, 7-14

       En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
       “Si me conocierais a mi; conoceríais también a mi Padre.  Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto”.
       Felipe le dice:
       “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”.
        Jesús le replica:
       “Hace tanto tiempo que estoy con vosotros ¿y no me conoces, Felipe?  ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?
       Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia.  El Padre, que permanece en mi; él mismo hace las obras.  Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí.  Si no, creed en las obras.  Os lo aseguro: el que cree en mi; también él hará las obras que yo hago, aún mayores.  
       Porque yo me voy al Padre: y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.  Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”.

       1.   Jesús empieza hablando del “conocimiento de Dios”.  Así, Jesús plantea —y
 resuelve— el problema más profundo que nos presenta el hecho religioso.  Dios, por definición, es el Trascendente.  Pero ser “trascendente” no significa ser “infinitamente superior”, sino simplemente ser “incomunicable” a quienes pertenecemos a un “orden absolutamente distinto” (S. Nordmann).
       Digámoslo sin miedo. Dios es el “Absolutamente Otro”.  Lo que representa que Dios no está a nuestro alcance.  Por eso es una ignorancia, una ingenuidad o una asombrosa mentira ponerse a hablar de Dios, de lo que piensa Dios, de lo que Dios quiere o de lo que manda, como si lo conociéramos al detalle.
       De aquí nacen todos los problemas que nos presenta el tema de Dios. Y las contradicciones que vemos en Dios, en “la imposible teodicea”
(J. A. Estrada).  
       Entonces, el problema de Dios ¿no tiene solución?

       2.   La solución, que ha encontrado el cristianismo, está en Jesús.  Por eso el mismo
Jesús afirma: “Si me conocéis a mí, conocéis también a mi Padre” (Jn 14, 7).  Porque
Jesús está en Dios. Y Dios está en Jesús (Jn 14, 11).  De ahí que conocer a Jesús es conocer a Dios (“el Padre”).  Por eso el gran problema del conocimiento de Dios está en el conocimiento de Jesús.
       Tal como el cristianismo resuelve todo este problema, la solución está en el conocimiento que tenemos de Jesús.  Porque Dios está en
Jesús.  Y se nos revela en Jesús.

       3.   Esto es lo que Jesús le dice a Felipe cuando este le pide a Jesús: “Muéstranos al Padre” (Jn 14, 8).  La respuesta de Jesús es sorprendente: “Felipe, ¿no me conoces?” (Jn 14, 9).
       La clave está en el conocimiento de Jesús. Pero aquí es donde está el problema práctico y concreto.  Porque el conocimiento de Jesús no se alcanza “estudiándolo”, sino “siguiéndolo”.       La clave está en el seguimiento de Jesús. Solo quienes siguen a Jesús son los que pueden conocer a Dios.  “El saber cristológico no constituye ni se transmite primariamente en el concepto, sino en los relatos de seguimiento” (J. B. Metz).
       Los discípulos no conocieron a Jesús estudiando cristología, sino viviendo con Jesús y como Jesús. Conocen a Jesús los que siguen a Jesús.
  De ahí que solamente pueden conocer a Dios quienes siguen la forma de vida que trazó Jesús en el Evangelio.

San Jorge



La vida de San Jorge se popularizó en Europa durante la Edad Media, gracias a una versión bastante "sobria" de sus actas. Según cuenta la tradición, el santo era un caballero cristiano que hirió gravemente a un dragón de un pantano que aterrorizaba a los habitantes de una pequeña ciudad. El pueblo sobrecogido de temor se disponía a huir, cuando San Jorge dijo que bastaba con que creyesen en Jesucristo para que el dragón muriese. El rey y sus súbditos se convirtieron al punto y el monstruo murió.
Por entonces estalló la cruel persecución de Diocleciano y Maximiano; el santo entonces comenzó a alentar a los que vacilaban en la fe, por lo que recibió crueles castigos y torturas, pero todo fue en vano. El emperador mandó a decapitar al santo, sentencia que se llevó a cabo sin dificultad, pero cuando Diocleciano volvía del sitio de la ejecución fue consumido por un fuego bajado del cielo. Esta versión popular de la vida del santo, induce a que en realidad San Jorge fue verdaderamente un mártir de Dióspolis (es decir Lida) de Palestina, probablemente anterior a la época de Constantino. No se sabe exactamente como llegó a ser San Jorge patrón de Inglaterra. Ciertamente su nombre era ya conocido en las islas Británicas antes de la conquista de los normandos. En todo caso, es muy probable que los cruzados especialmente Ricardo I hallan vuelto del oriente con una idea muy elevada sobre el poder de intercesión de San Jorge.



jueves, 21 de abril de 2016

Párate un momento: El Evangelio del día 22 DE ABRIL - VIERNES - 4ª - SEMANA DE PASCUA Santos Sotero y Cayo, papas






22 DE ABRIL - VIERNES      -
4ª - SEMANA DE PASCUA
Santos Sotero y Cayo, papas

       Evangelio según san Juan 14, 1-6

       En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
        “No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí.  En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a pre- pararos sitio.  Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”.
       Tomás le dice:
       “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”
       Jesús le responde:
       “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”.

       1.   Aquí comienza el último discurso de Jesús a sus compañeros y amigos más cercanos.  Es un discurso de despedida.  Y bien sabemos que toda despedida, sobre todo cuando es definitiva (in 13, 33; Lc 22, 16), es un momento fuerte, duro, costoso y propicio para las emociones intensas que turban lo más íntimo de una persona.  El verbo griego tarassó, que aplica aquí Jesús a los discípulos y que significa “agitar”, “confundir”, “inquietar”, “perturbar” (H. Balz), es el mismo verbo que utiliza el evangelio de Juan para referirse a la emoción y la conmoción tremenda de Jesús ante su propia muerte (Jn 11, 33; 13, 21; Mt 26,38).
       Jesús les pide a aquellos hombres que no se dejen llevar por tales sentimientos.  Sino que “crean” en él, es decir, que “se fíen de él”.  Eso les dará la seguridad y la paz que necesitan.

       2.   La fe en Jesús no es un problema.  La fe en Jesús es la solución para resolver lo que más deseamos o lo que más nos preocupa. Sobre todo, cuando tenemos que afrontar las situaciones más duras de la vida.  Los peligros y las amenazas, que nos agobian, encuentran solución, fuerza y esperanza cuando nos fiamos de Jesús.
       La fe, tal como de ella hablan los evangelios, es una confianza en Jesús, que se convierte en fuerza interior.  Una fuerza que se sobrepone a las dudas, las oscuridades, las preguntas, las inseguridades, los miedos...

       3.   Cuando Jesús es la meta de los más nobles anhelos, por eso mismo es también
es camino para alcanzar lo que anhelamos.  Si anhelamos estar siempre con alguien, ese deseo mantenido siempre, es el camino para lograr la presencia y la intimidad que nunca acaba.  En estos tiempos que vivimos, cuando tenemos más medios para todo, tenemos también más miedos que nunca.  Solo cuando la forma de vida, que siguió Jesús, es nuestra forma de vida, entonces esa vida (así vivida) es el “camino” del que nos habla Jesús en este evangelio.  Y así, Jesús es también la “verdad” y la “vida”.
       Solo de esa forma el Evangelio se hace presente en este mundo.  Y sirve para dar sentido a la vida.

Santos Sotero y Cayo, papas


Tiempos nada fáciles los que le tocaron vivir a San Sotero. Fue el sucesor en el pontificado del Papa Aniceto muerto el año 165. Había nacido en la Campania italiana, en Fondi y su padre se llamaba Concordio.
Durante su pontificado se extendió la Iglesia ya que él mismo ordenó a bastantes diáconos, sacerdotes y obispos. En el terreno disciplinar dictó leyes sobre el lugar de las mujeres en la Iglesia y, sobre todo, atajó con gran valentía las herejías que se cernían sobre la Iglesia en aquellos tiempos iniciales del cristianismo.
En su tiempo se extendió la herejía de Montano que propugnaba un exagerado rigorismo de costumbres. La penitencia más rigurosa y la vida más perfecta debían practicarla todos los cristianos para no caer en pecado, sobre todo si se trataba de pecados muy graves, ya que no se les podían perdonar porque la Iglesia carecía de poder para ello. Esta doctrina que después defenderían Tertualiano y, sobre todo, Novaciano, fue condenada por la Iglesia en tiempos del Papa San Sotero. Él defendió la doctrina que siempre se había predicado y defendido en la Iglesia desde Jesucristo, que para el pecador arrepentido no hay pecado alguno, por grande que éste sea, que no se le pueda conceder el perdón. Así desaparecía el clima de rigorismo y pesimismo que atormentaba a los cristianos tan en contradicción con la doctrina del Evangelio que es de amor, perdón, alegría y esperanza...
Otra característica de San Sotero fue su ardiente caridad para con los necesitados. Él era todo para todos y quería que se viviera de acuerdo con lo que los Hechos de los Apóstoles expresan de los primeros cristianos, que «todo era común entre ellos» y que «todos eran un solo corazón y una sola alma»... San Sotero pedía limosnas a las Iglesias más ricas para distribuirlas entre las más pobres y se esforzaba «por tratar a todos con palabras y obras como un padre trata a sus hijos». Durante su pontificado el emperador Marco Aurelio (161-180), persiguió sañudamente a la Iglesia y durante este tiempo hubo abundantes mártires, entre ellos el mismo Papa que parece murió mártir el 22 de Abril del 175.
San Cayo vivió un siglo más tarde y a pesar de ello en la tradición cristiana han caminado siempre unidos ambos Santos aunque nada tengan en común a no ser el haber muerto por Cristo y el haber sido Obispos de Roma. Su vida va entretejida de bastantes leyendas y datos poco dignos de fiar pero sabemos cierto que sucedió en el Pontificado al Papa San Eutiquiano el año 283. La última persecución más violenta fue la de Valeriano. Después casi todo el siglo II fue tiempo de paz y durante él la Iglesia quedó robustecida fuertemente. San Cayo se aprovechó de esta paz y patrocinó, sobre todo las dos escuelas célebres de Oriente: Alejandrina y Antioquena que tantos y tan ilustres hijos produjeron. A pesar de esta paz relativa también hubo algunos conatos de persecución y de hecho el mismo papa San Cayo pasó temporadas oculto en las Catacumbas de San Calixto y desde allí alentaba a los cristianos. Él, valiente, animaba a que fueran fieles a su fe en Jesucristo y que por nada del mundo renegaran de ella. Si no estaban dispuestos a morir por Jesucristo – les decía – que por lo menos perseveraran ocultos entregados a la oración y buenas obras.
El año 283 empezó una nueva persecución contra los cristianos decretada por Caro que, aunque no tan sangrienta como otras anteriores, causó graves daños a la Iglesia, siendo muchos los hombres y mujeres que derramaron generosamente su sangre por confesar a Jesucristo.
No son claras las noticias sobre el martirio de San Cayo. Hay historiadores que afirman que murió mártir, otros que a causa de las persecuciones y también quienes niegan que fuera mártir. Desde el siglo IV se celebra este día. Murió el 296.


martes, 19 de abril de 2016

Párate un momento: evangelio del día 21 DE ABRIL – JUEVES – 4ª – SEMANA DE PASCUA San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia




21 DE ABRIL – JUEVES –
4ª – SEMANA DE PASCUA
San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia

       Evangelio según san Juan 13, 16-20

       Después que Jesús lavara los pies a sus discípulos, les dijo:
       “Os aseguro: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía.  Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.  No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quién he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”.  Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.  Os lo aseguro: el que recibe a mi enviado, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado”.

       1.   Si pensamos detenidamente y a fondo el tema de Dios, enseguida nos damos cuenta de que en realidad la palabra “Dios” es una palabra vacía, sin contenido. Porque ese contenido no está a nuestro alcance, ni podemos conocerlo.  Dios es, por definición, el Trascendente.   Esto quiere decir que Dios no está al alcance de la mente humana.  Lo único que, tratándose de Dios, podemos hacer los mortales es representarnos a Dios.  En otras palabras, Dios es una  “proyección” de nuestros anhelos y deseos en cuanto se refiere a todo cuanto nos trasciende.
       Los humanos palpamos nuestras limitaciones.  Y queremos superarlas.  Por eso, sentimos la necesidad de Dios, buscamos a Dios, creemos en Dios.

       2.   Si este asunto se piensa despacio y se analiza a fondo, sabemos que ha habido dos grandes religiones que han comprendido el enorme problema que representa el    “Trascendente”.  Se trata del Budismo y el Cristianismo.  Pero lo que ha ocurrido es que el Budismo ha sido consecuente con la trascendencia de Dios.  Y por eso los budistas dicen: Dios no está a nuestro alcance, pues entonces no hablemos de Dios.
Sin embargo, la teología cristiana ha comprendido el problema de la trascendencia, pero, no obstante, los teólogos cristianos hablan de Dios, de cómo es Dios, de lo que quiere o no quiere Dios, etc.  Lo cual se presta a que, con frecuencia, hablemos, no de Dios, sino de nuestras representaciones de Dios.
       Ni podemos decir lo que Dios manda o prohíbe: sino lo que los que tienen autoridad religiosa dictaminan, como si hubiera sido dicho por Dios.  Y así sucesivamente.

       3.   Es verdad que el cristianismo ha encontrado la solución en Jesús, como “imagen” de Dios, como “encarnación” de Dios...  Por eso Jesús afirma: “el que recibe a mi enviado, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado”.
       Recibir a un ser humano es recibir a Jesús. Y recibir a Jesús es recibir a Dios.  Por tanto,
Dios está presente en todo ser humano.  Y nuestra relación con Dios es, en realidad,
la relación que tengamos y mantengamos con el ser humano, sea el que sea.
       En el Budismo, esta manera de entender y vivir el problema de Dios se plantea de forma más sencilla y quizá más profunda: “El misterio llamado Buda, Dios o lo Sagrado está en nuestro interior.  Montes y ríos, valles y arroyos, todo es cuerpo de Buda, manifestación de su vida.  ¿Lo llamamos Buda, Dios, o Allah? El nombre no importa” (Kotaró Suzuki).

San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia

                                      (1034-1109)

        San Anselmo
El ilustre historiador cardenal Baronio llamó a nuestro Santo «la lumbrera del siglo XI y la Estrella de Inglaterra».
Nació en la ciudad de Aosta, en el Piamonte italiano el 1033. Su padre se llamó Gondulfo y era ambicioso, apasionado y muy amigo del boato... Tenía puestas sus esperanzas humanas en su hijo. Su madre de origen quizá menos noble pero enriquecida con muchas dotes sobrenaturales y, sobre todo, muy buena educadora y una excelente cristiana. Ella fue quien mayormente influyó en la formación del pequeño como después lo recordará él mismo con gran alegría. Como también serán los monjes benedictinos los que tendrán gran parte en la formación de su espíritu, llegará a decir más tarde: «Todo lo que soy se lo debo a mi madre y a los monjes benedictinos». A veces su madre mostrándole las enormes alturas de los Alpes que parecían cortar los cielos en dos partes le decía: «Mira, hijo mío: Ahí comienza el reino de Dios. A este reino estamos nosotros llamados y a él llegaremos si somos buenos».
Su madre murió cuando más necesidad tenía de su ayuda. Su padre suplió en parte esta educación, pero llevándolo con demasiada dureza. Es cierto que esto le ayudó a evitar el entregarse a la vida licenciosa que llevaban otros jóvenes de su edad, pero tampoco se sentía feliz porque se veía coartado de vivir la vida cristiana como él creía que debía hacerlo: como correspondía a los hijos de Dios. Tomó un criado y algunas provisiones y marchó vagabundo probando una y otra vida hasta que llegó al Monasterio de Bec, en Normandía, donde ya era famoso un compatriota suyo, Lanfranco de Pavía. Pidió ser admitido religioso y vistió el hábito a los veintisiete años. Pocos años después era nombrado Prior y después Abad de aquel célebre Monasterio. El ejemplo que en todo daba Anselmo era maravilloso. Se entregó a servir a todos con gran caridad. Se sentía feliz entregado a la oración y al estudio en el que estaba muy bien preparado porque había frecuentado las más importantes escuelas de su país.
Los años que pasó como Abad en Bec fueron verdaderamente fecundos. Se entregó de lleno a su misión de Padre bondadoso y de alentador de cuantas obras se realizaban en el Monasterio, pero aún le quedaba tiempo para escribir, y dar clases hasta el punto de que cuantos le trataban, y después por el fruto de sus obras podemos afirmar que era un profundo filósofo, teólogo y conocedor de las ciencias de su tiempo, llegando a ser uno de los Padres más importantes de la Edad Media. Amaba tiernamente a la Virgen María y sobre Ella, escribió preciosos tratados. Se le llamó «el segundo San Agustín», tan profundo era en sus escritos y en sus clases. Escribió el Proslogion, con el célebre argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios.
Echó los cimientos de la Teología escolástica con sus ya famosas palabras «No busco entender para creer, pero creo para entender. Pues quien no cree no experimenta, y quien no experimenta, no cree».
Luchó también para desenmascarar a los enemigos de la Iglesia y de la fe cristianas. Refutó al racionalista Roscelino y al famoso Guillermo el Rojo le dijo en tono profético: «No te empeñes en uncir un toro con un cordero, porque no podrán trillar»... Esta profecía se cumplió cuando el 1093 era elegido para gobernar la diócesis de Cantorbery. El se opone, él es el manso cordero que todo lo quiere a las buenas y en paz. El toro es el mismo Guillermo II, altanero, déspota y simoníaco... contra el que deberá luchar para defender los derechos de la Iglesia. La lucha será dura y larga. Pero no importa. La unión con la Iglesia de Roma amenaza. Él será el adalid de la fidelidad y unión con el Papado. Con suavidad y a la vez con gran valor y energía, defiende la unión con el Papa sin importarle que lo destierren por dos veces. Lleno de méritos muere el 21 de abril de 1109. Es el «héroe de la doctrina y virtud e intrépido en las lides de la fe».