viernes, 26 de agosto de 2016

Párate un momento: El Evangelio del dia 27 DE AGOSTO - SÁBADO 21~ SEMANA DEL T.O.-C Santa Mónica





27 DE AGOSTO - SÁBADO
21~ SEMANA DEL T.O.-C

Santa Mónica


       Evangelio según san Mateo 25, 14-30
   En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
       “Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
       El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco.
       El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
       En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
       Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
       Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco diciendo:        “Señor, cinco talentos me diste; mira, he ganado otros cinco”.
º Su señor le dijo:
       “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor”.
       Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
       “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
        Su señor le dijo:
       “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.
        Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo:
       “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
        El Señor le respondió:
       “Eres un empleado negligente y holgazán, ¿conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recogerlo mío con los intereses.
       Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez.
       Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

       1.   Esta parábola resulta incomprensible cuando se interpreta como el ejemplo de las “exigencias” de Dios y las “responsabilidades” del hombre en el juicio definitivo.
       Pero, por suerte para nosotros, la parábola no se refiere ni a lo que Dios nos da, ni a lo que Dios nos va a exigir el día del juicio.
       El asunto va por otro camino muy distinto.

       2.   No se puede presentar a Dios como un “negociante” que busca ganancias. Y que pide cuentas a sus hijos, para que cada uno le explique lo que su vida ha rendido de ganancias celestiales.
       Eso sería anular el Evangelio.
       La clave está en el miedo. El miedo que tuvo el último de los empleados, el que recibió solo un talento.
       Precisamente, la perdición de aquel desgraciado fue su miedo. Y la parábola viene a decir que quien se relaciona con Dios desde el miedo, está perdido. Porque el miedo bloquea, paraliza y condena a la esterilidad.     Además, el miedo deforma por completo nuestra relación con Dios.
       Si decimos que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8. 16), entonces es exacto lo que ha escrito J. Dupont: “El amor no tiene miedo al riesgo”.
       Y el que va por la vida asustado por el riesgo, es que no cree en Dios.
       En el Dios de Jesús.

       3. Pero lo más práctico y directo de la parábola se refiere a la gestión que la Iglesia hace de las cosas de Dios.
       Para la Iglesia, es tan importante el miedo, que, si no fuera por la “mentalidad del miedo” que transmite a sus fieles, la Iglesia no podría funcionar como funciona.
       La Iglesia predica un Dios que da miedo, una moral del miedo, un juicio que asusta.
        Así, la Iglesia somete a la gente y la obliga a obedecer.
       Pero, ¡atención!, en el cambio cultural, que estamos viviendo, el poder del “miedo” baja, mientras que el poder de la “seducción” sube.      Si la Iglesia no modifica su teología y su pastoral, la Iglesia se irá hundiendo más y más.

Santa Mónica

Santa Mónica: Sigue rogando por las madres y por sus hijos, por las esposas y sus maridos y por todos los pobres pecadores que necesitamos convertirnos.
Mónica significa dedicada a la oración y a la vida espiritual.
Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo.
Mónica nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa, pero de muy fuerte disciplina.
Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad (como su nombre lo indica) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión ni gusto por lo espiritual.
La hizo sufrir lo que no está escrito y por treinta años ella tuvo que aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar la mano contra ella.
Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años.

Fórmula para no pelear
En aquella región del norte de África, donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió: "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando me grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues…no peleamos". Esta fórmula se ha hecho célebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en la casa.
Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. y quizás por eso mismo logró su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo lo hiciera la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautismo, murió santamente Patricio, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.
Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que su hijo mayor era extraordinariamente inteligente, y por eso lo enviaron a la capital del estado, la ciudad de Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero Agustín tuvo la desgracia de que su padre no se interesaba por sus progresos espirituales. Solo le importaba que sacara buenas notas, que brillara en las fiestas sociales y que sobresaliera en los ejercicios físicos, pero acerca de la salvación de su alma, no se interesaba ni le ayudaba en nada. Y esto fue fatal para él, pues fue cayendo de mal en peor en pecados y errores.
Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida poco santa. En una enfermedad, ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó el propósito de hacerlo. Finalmente, se hizo socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo de vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar a enemigos de Dios.

Una visión
Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía :"tu hijo volverá contigo " y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró al muchacho el sueño tenido y él dijo, lleno de orgullo, que eso significaba que ella se iba a volver maniqueísta como él. Pero ella le respondió: "En el sueño no me dijeron, mamá ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo". Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien más tarde la consideraba como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.

Faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.
Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió: "Esté tranquila, es imposible que se pierda el Hijo de tantas lágrimas". Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.
Cuando tenía 29 años, el joven decidió ir a Roma a dar clases. Ya era todo un doctor. Mamá se propuso irse con él para librarlo de todos los peligros morales. Pero Agustín le hizo una jugada tramposa (de la cual se arrepintió mucho más tarde) Al llegar junto al mar le dijo a Mónica que se fuera a rezar a un templo, mientras iba a visitar a un amigo, y lo que hizo fue subirse al barco y salir rumbo a Roma, dejándola sola, pero Mónica no era mujer débil para dejarse derrotar tan fácilmente. Tomó otro barco y se dirigió a Roma.

La conversión del hijo
En Milán; Mónica se encontró con el Santo más famoso de la época, San Ambrosio, arzobispo de esa ciudad. En él se encontró un verdadero padre lleno de bondad y de sabiduría que la fue guiando con prudentes consejos. Además, Agustín se quedó impresionado por su enorme sabiduría y la poderosa personalidad de San Ambrosio y empezó a escucharle con profundo cariño y a cambiar sus ideas y entusiasmarse por la fe católica.
Y sucedió que, en el año 387, Agustín, al leer unas frases de San Pablo sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida. Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejó sus vicios y malas costumbres. Se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.
Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en el África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche al ver el cielo estrellado platicando con Agustín acerca de cómo serán las alegrías que tendrían en el cielo ambos se emocionaban comentando y meditando los goces celestiales que los podían esperar. En determinado momento exclamó entusiasmada: "¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco después le invadió una fiebre, y en pocos días se agravó y murió. Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad.
Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.



jueves, 25 de agosto de 2016

Párate un momento: El Evangelio del día 26 DE AGOSTO - VIERNES - 21ª~ SEMANA DEL T.O.-C Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars




26 DE AGOSTO - VIERNES -
21ª~ SEMANA DEL T.O.-C
Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars

       Evangelio según san Mateo 25, 1-13
  En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
       “El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.
       Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
       El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
       “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!”        Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron:
       “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
       Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta.
       Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
       “Señor, Señor, ábrenos”
        Pero él respondió:
       “Os lo aseguro: no os conozco”.
        Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

       1.   Esta parábola, como casi todas las que cuentan los evangelios, tiene un elemento de extrañeza, un dato que rompe con la realidad de lo habitual, de lo normal de la vida (cf. R Ricoeur).
       Y es precisamente, en ese dato de ruptura con la realidad, donde se produce el “corte” con lo normal de la realidad, ahí es donde se encuentra la clave de interpretación de la parábola.
       En la historia que relata esta parábola, lo extraño está sobre todo en que se cierre la puerta del banquete a unas jóvenes, cosa impensable en una aldea del antiguo Oriente, ya que el pueblo entero participaba en la fiesta.
       También hay quienes no entienden que las jóvenes, que entran en el banquete, no fueran solidarias con sus compañeras hasta el punto de negarles el aceite que necesitaban en aquel momento.

       2.   La parábola no se refiere al juicio de Dios, ya que todo gira en torno a un banquete de bodas, que es un acontecimiento de alegría, no de temor y amenaza.
       La parábola se refiere al Reino, a la gran fiesta del Reino, que, una vez más, se presenta en los evangelios, como banquete nupcial, uno de los símbolos de alegría y disfrute de la vida más frecuente en todas las culturas.
       A fin de cuentas, el amor celebrado en la comensalía de un buen banquete o un simposio, como le llamaban los antiguos. Es una de las expresiones más frecuentes y comunes de la felicidad humana.

       3.   ¿Qué nos quiere decir la parábola?
       Las diez doncellas se consideraban las “invitadas”, o sea las “preferidas” y “privilegiadas”, que tenían asegurada la fiesta del banquete.
       Por eso hubo entre ellas algunas que no se cuidaron de llevarlo todo debidamente preparado. Y eso fue el motivo de su frustración.
       Jesús quiere decir: que nadie se sienta “privilegiado” y “seguro”, es decir, que nadie piense que él es quien tiene que estar en el Reino de Dios.
       En el Reino no hay privilegiados seguros.
       La entrada en el banquete no depende del privilegio, sino de una vida que sabe estar donde y como tiene que estar.
       En la postura humilde que no se ve como “el privilegiado”.

Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars

 
Nació Teresa de Jesús Jornet e Ibars el 9 enero 1843 en Aytona (Lérida), en el seno de una familia de agricultores, profundamente cristianos; cursó los estudios de Magisterio y ejerció su profesión de maestra nacional durante algún tiempo en Argensola (Barcelona).
En 1868 ingresó en el monasterio de Clarisas de Briviesca (Burgos), del que tuvo que salir poco después por motivos de salud (1870). Durante algunos años recibió el influjo espiritual de un tío suyo, el P. Francisco de Jesús María y José Palau y Quer, carmelita descalzo exclaustrado, celoso misionero, gran contemplativo y apologista militante, creador de diversas instituciones de enseñanza. Durante algún tiempo, Teresa trabajó en las escuelas del P. Palau sin ligarse a compromiso de vida religiosa, abandonando estas actividades poco después (1872), fallecido el P. Palau.
Circunstancias providenciales decidieron definitivamente su vida, en el mismo a. 1872; en Barbastro (Huesca) entró en relación casual con un celoso sacerdote, D. Pedro Llacera, que le dio a conocer los planes de fundación en favor de la ancianidad desvalida que por entonces inspiraban la actividad de otro ilustre sacerdote, D. Saturnino López Novoa, chantre de la Catedral de Huesca; Teresa vio abierto el camino de su vida y se ofreció inmediatamente a ser colaboradora en tal empresa caritativa, uniéndose a las primeras aspirantes del nuevo Instituto fundado en Barbastro el 3 octubre 1872: pocos días después fue nombrada con carácter provisional superiora de aquel grupo por el Vicario capitular de la diócesis. Es fundadora de las conocidas Hermanitas de los ancianos desamparados.
Trasladada la Fundación a Valencia, Teresa fue confirmada en su cargo de directora general por el arzobispo Mons. Mariano Barrio Fernández (10 mayo 1875). Emitió la primera profesión el 29 noviembre 1874, pronunciando los votos perpetuos el 8 diciembre 1877.
El arzobispo de Valencia Mons. Antolín Monescillo (31 enero 1878) renovó el nombramiento de directora general. En 1887 fue elegida Superiora general del Instituto, de acuerdo con las Constituciones aprobadas por la Santa Sede, por un periodo de nueve años, siendo postulada para continuar en el cargo terminado este periodo, confirmándola en tal designación la Santa Sede (14 julio 1896) para otro periodo de nueve años que no pudo terminar.
Murió santamente en Liria (Valencia) el 26 agosto 1897, dejando 103 Casas-Asilos de su Congregación en plena actividad en España y América. Había recibido en la Congregación a 1.260 hermanitas, de las cuales muchas se le habían anticipado en la muerte.

Sus restos mortales fueron trasladados a Valencia, a la Casa Madre de la Congregación, y son objeto de fervoroso culto. Fue beatificada por Pío XII el 27 abril 1958 y canonizada el 27 enero 1974 por Pablo VI, que con tal motivo pronunció una homilía exaltando el valor de su santidad y de su vocación en favor de los ancianos desvalidos. Se celebra su fiesta el 26 de agosto.

miércoles, 24 de agosto de 2016

PÁRATE UN MOMENTO.: El Evangelio del día 25 DE AGOSTO - JUEVES 21ª~ SEMANA DEL T. O.-C San Ginés de Arlés





25 DE AGOSTO - JUEVES
21ª~ SEMANA DEL T. O.-C
San Ginés de Arlés

       Evangelio según san Mateo 24, 42-5 1
    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
       “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de la casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no lo dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
       ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas?
       Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar lo encuentra portándose así.
       Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes.
       Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y a la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas.
       Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

       1.   Jesús hace aquí un llamamiento a la vigilancia. El texto utiliza el verbo “grégoréo”, que significa “estar despierto” o “estar vigilante”. Y que, en el N. T., se utiliza sobre todo para exhortar.
       Es importante el sentido de este verbo para insistir en la necesidad de “estar preparados para la llegada de Jesús” (Mt 24,42; 25, 13; Mc 13, 3-37; cf. 1 Tes 5, 6; Ap 3, 2. 3; 16, 15) (J. M. Nützel).
       Pero teniendo en cuenta que no se trata directamente de la vigilancia ante la muerte inesperada. Se trata, más bien, de lo vigilantes que debemos estar los humanos para tratar debidamente a los demás (Mt 24, 45-51).
       No es, pues, la vigilancia ante el peligro de posible condenación, sino la vigilancia ética que se refiere al cuidado que hemos de tener en la mejor relación posible con nuestros semejantes.

       2.   Jesús, por tanto, no habla aquí de la vigilancia ante el posible fin del mundo, la llamada vigilancia “escatológica”. De eso se habla algunas veces en el N. T. (Mc 1 34-37; 1 Tes 5, 6; Hech 16, 15, en Qumran: Q 12, 37). Pero, por lo visto, ese tema no fue objeto de preocupación especial para Jesús. Lo que a él le interesó de verdad es que los humanos no nos dediquemos a buscar nuestra buena vida solamente, sino que nuestro interés determinante sea el cuidado de los demás, especialmente los que se ven en mayores necesidades.

       3.   La vigilancia obsesiva de los que andan siempre pensando en la propia muerte puede (y suele) ser una forma refinada de egoísmo, que se centra en el propio interés. Y, además, es una clara manifestación de que uno no se fía de Dios, ni toma en serio la bondad incondicional del Padre de cielo.
       Quizá —a quien esto le ayude— no vendría mal pedirle a Dios todos los días que nos fiemos tanto de él, que la muerte nos llegue en condiciones tales que no podamos ni prepararnos a “bien morir”.
       Se sabe que el conocido jesuita Tony de Mello confió, a algún amigo, que su oración
 constante a Dios era pedirle una muerte que no le diera tiempo para prepararse a bien morir. Porque así vivía su convicción de que la muerte “siempre es buena”, ya que consiste en entregarse al abrazo sin fin del Padre.
       Y así sucedió. Mello murió de repente, a causa de un infarto, en el aeropuerto de Nueva York.

San Ginés de Arlés
En Arlés, de la Provenza, san Genesio, mártir, que todavía catecúmeno y desempeñando el oficio de escribano, al negarse a actuar contra los cristianos buscó la salvación en la huida, pero, detenido por los soldados, fue bautizado con su propia sangre (303).
Ginés, nativo de Arlés, fue un soldado que llegó a ser conocido por su maestría en la escritura, por lo que fue nombrado secretario del magistrado romano de Arlés.
En el desarrollo de las funciones de su oficio, le fue dictado para ser copiado el decreto de persecución de los cristianos.

Indignado en su ideal de justicia, el joven catecúmeno lanzó las tablillas de cera donde tomaba sus notas a los pies del magistrado y huyó.
Fue capturado y ejecutado y recibió el bautismo en su propia sangre.
Su veneración debe ser muy antigua, y su nombre se halla en el Martyrologium Hieronymianum. Una iglesia y un altar dedicados a él eran ya conocidos en el siglo IV. Así, el obispo de la ciudad, San Hilario de Arlés, cuenta que, mientras se celebraba la solemnidad de San Ginés:
"Iba mucha gente a su iglesia, y tenían que pasar por un puente del río Ródano, pero cargó tanta multitud que iba al oficio, que se hundió ... estaba allí el entonces obispo de la ciudad, llamado Honorato, se puso de rodillas pidiendo a San Ginés alcanzase de Dios remedio para toda aquella gente que por ir a honrarlo padecía tal desgracia ... no había concluido su petición, cuando se vio que salían del río cuantos en él habían caído. Ninguno quedó ahogado, ninguno tullido de pie o mano, ninguno descalabrado.
Mojados todos y todos muy alegres ... Pasaron en barcas el río y fueron a la iglesia de San Ginés para dar gracias a Dios por lo que había hecho por la intercesión del Santo".


martes, 23 de agosto de 2016

Párate un momento: El Evangelio del día 24 DE AGOSTO - MIÉRCOLES 21~ SEMANA DEL T.O.-C San Bartolomé, apóstol



24 DE AGOSTO - MIÉRCOLES
21~ SEMANA DEL T.O.-C
San Bartolomé, apóstol

       Evangelio según san Mateo 23, 27-32
    En aquel tiempo, habló Jesús diciendo:
       “¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.
       ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas! que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”.
       Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas.
       ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!”.

       1.   Al intentar conocer el alcance de estas acusaciones de Jesús, lo que interesa es lo que quiso decir, no las expresiones que el redactor utilizó.
       Por ejemplo, en la cultura judía no se blanqueaba jamás un sepulcro. Para los judíos, blanquear una losa es una impureza ritual (J. Abrahams, J. D. M. Derret).
       Lo que Jesús quiso decir, sin duda es que los escribas y fariseos eran hombres con buena apariencia externa, pero en su interior eran en realidad malas personas.
       El sistema eclesiástico fomenta que, a veces, incluso personas de una gran bondad se vean obligadas a tener que llevar alguna forma de “doble vida”.
       Cuando se conocen los ambientes religiosos y clericales por dentro”, puede uno quedarse asombrado.

       2.   El hecho de recurrir a la imagen de los sepulcros da a entender que Jesús asocia estos comportamientos religiosos con la muerte, con la descomposición de la muerte y la podredumbre repugnante de la muerte.
       Es posible que el redactor definitivo del texto evangélico llegara a cargar las tintas de lo negativo. Pero eso mismo está indicando el rechazo tan fuerte que el recuerdo de Jesús provocaba hacia este tipo de conductas, que, con apariencia de religiosidad, en realidad entrañaban —y siguen entrañando— una profunda descomposición humana.

       3.   Esta descomposición supera todo límite cuando el hombre religioso, con mentalidad farisaica, está tan ciego, que ni se conoce a sí mismo. Hasta el extremo de pensar que él no hace mal a nadie, cuando en realidad es herencia de los asesinos que mataron a los profetas de Dios.
       El que vive ocultando su realidad a los demás, termina ocultándosela a sí mismo. Seguramente esto explica el hecho de que haya tanta gente de Iglesia, que está incapacitada para darse cuenta del mal que hace.
       El Evangelio, en este discurso, llega al límite de las denuncias. Un límite que, a veces, supera todo lo imaginable. Porque es el límite que marca el territorio de “la ciudad sin ley”.       En Mt 7, 23 y en 13, 41, se utiliza el término “anomia” que es el compendio de toda perversidad (J. E. DavisOfl). Si en Mt 5, 20 se dice que la justicia de letrados y fariseos no es suficiente, aquí se da un paso más, hasta llegar a la afirmación de que son “los verdaderos portadores del mal” (Ulrich Luz).

San Bartolomé, apóstol

   Bartolomé, también llamado Nathanael, fue uno de los Apóstoles de Jesús. Su nombre (en griego Βαρθολομαίος) procede del patronímico arameo bar-Tôlmay, "hijo de Tôlmay" o "hijo de Ptolomeo". Es mencionado en los tres evangelios sinópticos, siempre en compañía de Felipe (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14).
En el Evangelio de Juan, donde no aparece con el nombre de Bartolomé, se le ha identificado con Nathanael, que también es relacionado siempre con Felipe. Louis Réau considera que su nombre procede de la unión de bar (hijo) y Ptolomeo, siendo, por tanto, descendiente de la Dinastía Ptolemaica, aunque esto no tiene ninguna base en el Nuevo Testamento; en todo caso, hay que tener en cuenta que no era extraño para los galileos del siglo I tomar nombres griegos, o bien asimilarlos a ellos.  Santiago de la Vorágine añade acerca de su figura que “se mantuvo ajeno al amor de las cosas en este mundo, vivió pendiente de los amores celestiales y toda su vida permaneció apoyado en la gracia y auxilio divino, no sosteniéndose en sus propios méritos sino sobre la ayuda de Dios”.
Según el Evangelio de Juan, Natanael fue uno de los discípulos a los que Jesús se apareció en el Mar de Tiberiades después de su resurrección (Juan 21:2). A él lo había llamado Jesús por mediación de Felipe (Juan 1:45). Juan es el único evangelista que menciona a Natanael, y como en las listas de los evangelios sinópticos el nombre de Felipe es seguido por el de Bartolomé, la tradición asimiló a Bartolomé y a Natanael como uno solo.
Según los Hechos de los Apóstoles, Bartolomé fue uno de los Doce, según (Mateo 10:3), (Marcos 3:18), (Lucas 6:14). Fue también testigo de la ascensión de Jesús (Hechos 1:13).
Según una tradición recogida por Eusebio de Cesarea, Bartolomé marchó a predicar el evangelio a la India, donde dejó una copia del Evangelio de Mateo en arameo. La tradición armenia le atribuye también la predicación del cristianismo en el país caucásico, junto a San Judas Tadeo. Ambos son considerados santos patrones de la Iglesia Apostólica Armenia puesto que fueron los primeros en fundar el cristianismo en Armenia.
Su martirio y muerte se atribuyen a Astiages, rey de Armenia y hermano del rey Polimio a quien San Bartolomé había convertido al cristianismo. Como los sacerdotes de los templos paganos, que se estaban quedando sin seguidores, protestaron ante Astiages de la labor evangelizadora de Bartolomé, Astiages mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus ídolos, tal como había hecho con su hermano. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera desollado vivo en su presencia hasta que renunciase a su Dios o muriese.
En la Capilla Sixtina, pintada por Miguel Ángel, la piel que tiene San Bartolomé en sus manos contiene un autorretrato del mismo autor, detalle que no se descubrió hasta bien entrado el siglo XIX. En el colgajo de piel se pueden distinguir con total nitidez las facciones del pintoɾ. Se dice que Miguel Ángel pintó su cara en la piel despellejada del mártir como signo de que él creía no merecer el Cielo, pues estaba atormentado.
Sus reliquias reposan en la iglesia de San Bartolomé en la Isla Tiberina de la ciudad de Roma.


lunes, 22 de agosto de 2016

Párate un momento: El Evangelio del día 23 DE AGOSTO - MARTES 21~ SEMANA DEL TIEMPO ORDINA Santa Rosa de Lima




23 DE AGOSTO - MARTES
21~ SEMANA DEL TIEMPO ORDINA
Santa Rosa de Lima

       Evangelio según san Mateo 23, 23-26
    En aquel tiempo habló Jesús diciendo:        “¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad!
       Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
       ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el  camello!
       ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!
       ¡Fariseo ciego! ¡Limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera!”.

       1.   Como es lógico, los fariseos se caracterizaban, entre otras cosas, por su mentalidad religiosa observante.
       Una forma de pensar que desarrolla una voluntad ejemplar, en gran medida inexplicable y en muchas cosas contradictoria. Por supuesto, una persona, que se entrega a este tipo de vida, denota una gran generosidad. Pero, al mismo tiempo, con esa generosidad, se produce una desviación chocante que consiste en que el sujeto pone enorme empeño en el cumplimiento exacto de cosas sin importancia, al tiempo que ni se da cuenta de las contradicciones, a veces enormes, en que vive.
       Por ejemplo, en los conventos o en las prácticas litúrgicas concede una importancia exagerada a la observancia de la puntualidad, el silencio, el cumplimiento de determinados rituales... Y, al mismo tiempo, esa persona —que cumple todo eso al detalle— ni se para a pensar en el sistema económico que la sustenta y que le da seguridad...
       O en las vinculaciones políticas que, en realidad, son las convicciones que determinan su vida.

       2.   También es frecuente, en este tipo de personas, cuidar sobre todo de la apariencia externa, o sea, lo que la gente ve, lo que se sabe y se comenta. Mientras “los trapos sucios se lavan en casa”, no hay motivo de especial preocupación.  Lo malo es cuando ciertas cosas trascienden a la calle.
       Esto es lo que explica, por ejemplo, que durante tanto tiempo, no se haya ni sospechado nada de los escándalos de pederastia, de venta de niños, de denuncias que han hecho determinados clérigos para que se meta en la cárcel a los “pecadores” comunistas, de izquierdas, anarquistas y socialistas, etc.
        El texto del evangelio de Mateo dice que se puede llegar al exceso de “robos” y “desenfrenos”.
        Dos palabras duras y torpes, que indican una maldad de graves consecuencias.

       3.   Estas cosas sucedían en tiempo de Jesús. Han seguido sucediendo en las generaciones posteriores, en ambientes religiosos, en instituciones que gozan de enorme prestigio, entre personas estimadas como lo más respetable de este mundo.
Y ocurre que, quienes se lamentan del daño que así se le hace a la fe, a la religión y a la Iglesia, son los que hacen estas cosas con la extraña conciencia del que sabe armonizar la mejor imagen pública con la más oscura realidad de vida.
       Es evidente que la actualidad del Evangelio es mucho más fuerte que los discursos de protesta y denuncia de los oradores o escritores más atrevidos.
       Se comprende por qué, entre los cristianos, hay tanta gente que le tiene tanto miedo al Evangelio de Jesús.

Santa Rosa de Lima

   Santa Rosa de Lima nació en Lima el 30 de abril de 1586, y fue bautizada con el nombre de Isabel Flores de Oliva . Sus padres fueron Gaspar Flores (soldado español) y María de Oliva (costurera indígena).
Según su madre, a los tres meses de nacida, su rostro se iluminó como una rosa, por lo que la empezó a llamar Rosa. Tuvo 12 hermanos.
Creció en su casa natal del barrio de Monserrate. Desde su niñez se sintió atraída por la vida religiosa. Oraba, ayunaba y hacía sacrificios identificándose con la pasión de Cristo. Creía que así ayudaba a reparar los pecados de la humanidad.
Cuando tenía 10 años de edad su padre la llevó a Quives, en la sierra de Lima. Aquí don Gaspar trabajó cinco años como administrador de un obraje de indígenas. En ese pueblo Rosa fue testigo del sufrimiento de los indígenas. A los 11 años recibió el sacramento de la Confirmación por parte de Santo Toribio de Mogrovejo.
De regreso en Lima, su hermano Hernando le ayudó a construir una ermita de adobe en el patio de su casa. Aquí oraba, meditaba y cantaba alabanzas a Dios, Jesús y la Virgen María. A los 20 años ingresó como Terciaria a la Orden de los Dominicos y pasó a llamarse Rosa de Santa María. Vistió hábitos blanquinegros, pero no hizo vida conventual.
En su casa incrementó sus penitencias. Se alimentaba poco, bebía agua con hiel de carnero, dormía en cama de troncos y su almohada era de adobe. Usaba una corona con púas que disimulaba con el hábito. También trabajaba haciendo hermosos bordados y acudía a los hospitales para cuidar a los enfermos.
En 1617, Santa Rosa cayó gravemente enferma, al parecer por una tuberculosis. Fue acogida en la casa del contador Gonzalo de la Maza, cuya esposa María de Uzátegui le tenía mucho aprecio a la santa limeña. A pesar de los cuidados que recibió en este hogar, Santa Rosa de Lima falleció el 24 de agosto de 1617, a la edad de 31 años.