sábado, 19 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 20 de marzo Domingo de Ramos.



20 de marzo
Domingo de Ramos.
Comienza la Semana Santa.

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.  Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.  El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.  Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.  El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

SALMO RESPONSORIAL 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado? 

·     Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere». R. 

·     Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R. 

·     Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R. 

·        Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. «Los que teméis al Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel». R. 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.  Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.  Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 22, 1-49

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato. No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».

C. Pilatos le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él le responde:

+ «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió. Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato.
Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si. Pilato entregó a Jesús a su voluntad

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío. Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad. Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte. Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».

C. Y decía: S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le dijo:

+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».  

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró. Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo».


¿QUÉ HACE DIOS EN UNA CRUZ?

Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado sobre la colina del Gólgota se burlaban de él y, riéndose de su impotencia, le decían: «Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz». Jesús no responde a la provocación. Su respuesta es un silencio cargado de misterio.
Precisamente porque es Hijo de Dios permanecerá en la cruz hasta su muerte.
Las preguntas son inevitables: ¿Cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Nos damos cuenta de lo que estamos diciendo? ¿Qué hace Dios en una cruz? ¿Cómo puede subsistir una religión fundada en una concepción tan absurda de Dios?
Un "Dios crucificado" constituye una revolución y un escándalo que nos obliga a cuestionar todas las ideas que los humanos nos hacemos de un Dios al que supuestamente conocemos. El Crucificado no tiene el rostro ni los rasgos que las religiones atribuyen al Ser Supremo.
El "Dios crucificado" no es un ser omnipotente y majestuoso, inmutable y feliz, ajeno al sufrimiento de los humanos, sino un Dios impotente y humillado que sufre con nosotros el dolor, la angustia y hasta la misma muerte. Con la Cruz, o termina nuestra fe en Dios, o nos abrimos a una comprensión nueva y sorprendente de un Dios que, encarnado en nuestro sufrimiento, nos ama de manera increíble.
Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios cuya vida transcurre, por decirlo así, al margen de nuestras penas, lágrimas y desgracias. Él está en todos los Calvarios de nuestro mundo.
Este "Dios crucificado" no permite una fe frívola y egoísta en un Dios omnipotente al servicio de nuestros caprichos y pretensiones. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento, el abandono y el desamparo de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias. Con este Dios nos encontramos cuando nos acercamos al sufrimiento de cualquier crucificado.
Los cristianos seguimos dando toda clase de rodeos para no toparnos con el "Dios crucificado". Hemos aprendido, incluso, a levantar nuestra mirada hacia la Cruz del Señor, desviándola de los crucificados que están ante nuestros ojos. Sin embargo, la manera más auténtica de celebrar la Pasión del Señor es reavivar nuestra compasión. Sin esto, se diluye nuestra fe en el "Dios crucificado" y se abre la puerta a toda clase de manipulaciones. Que nuestro beso al Crucificado nos ponga siempre mirando hacia quienes, cerca o lejos de nosotros, viven sufriendo.
Estos días de Semana Santa podemos mirar a Jesús Crucificado. ¿Qué sientes al verle sufrir a Él?
Él sabe muy bien lo que es estar mal y lo que es sentirse impotente. Él te está acompañando de cerca, también ahora, cuando sufres. Él está siempre acompañando a los que sufren.
Rezamos desde dentro a nuestro Dios crucificado:
Señor, confío en ti, tú estás sufriendo conmigo. Yo no sé cuándo, no sé cómo, pero un día conoceré la paz contigo y conoceré, por fin, la Vida definitiva contigo, Cristo ya, resucitado.




viernes, 18 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 19 DE MARZO – SÁBADO - San José, esposo de la Virgen María



19 DE MARZO – SÁBADO -
San José, esposo de la Virgen María
“SOLEMNIDAD”

       Evangelio según Mateo 1, 16.18-21. 24

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El
nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: la madre de Jesús estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo.  José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer; porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un
hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

1.   No sabemos con seguridad si lo que se relata, en este evangelio, sucedió realmente tal y como aquí se cuenta. Porque, si esto fue un sueño, solamente pudo saberse porque así lo contó el que lo soñó, el propio José.  Pues bien, si nos ponemos en la mejor de las hipótesis, efectivamente José tuvo este sueño y lo contó,
punto por punto, tal como aquí se relata. A no ser que, siguiendo una antiquísima tradición bíblica (Gen 15, 2. 12; 28, 16), interpretemos este relato como una forma de presentar una visita divina que revela los planes de Dios, recurso literario del que se sirve el evangelio de Mateo (1, 24; 2, 3 s. 19-23).

2.   En cualquier caso, si es que este evangelio relata algo que así sucedió, lo que
de aquí resulta es que José fue un hombre ejemplar, excepcional, en la entereza de su fe en Dios. Y en su fidelidad a lo que él vio como proyecto divino. Porque es evidente que, para un hombre normal, tiene que ser duro enterarse y aceptar, sin la menor protestas sin pregunta alguna, que su prometida va a ser madre, sin que
él tenga que ver nada en la gestación de ese hijo.
Simplemente decidió ausentarse de aquel extraño e inexplicable asunto. Hasta que Dios le dijo que no, que siguiera en su sitio y cumpliera con su misión de padre, ejerciendo una paternidad que no le correspondía. Porque quien realmente estaba, en el centro mismo de todo aquel incomprensible asunto, era el Espíritu Santo.

3.   O la teología es un discurso sin pies ni cabeza; o este relato evangélico es la expresión narrativa de una situación límite.  Y  —lo más importante— una situación en la que el protagonista, José, reacciona con una generosidad y una fidelidad, a cuanto trasciende esta vida, que es el modelo ejemplar de una fe y una confianza que trasciende todo límite.  ¿No es esto lo más ejemplar que podemos descubrir y aprender de san José?



jueves, 17 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 18 DE MARZO – VIERNES – San Cirilo de Jerusalén, doctor de la Iglesia




18 DE MARZO – VIERNES –
San Cirilo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
5ª ~ SEMANA DE CUARESMA ~ C

Evangelio según san Juan 1O,3142

       En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.  Él les replicó:
“Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron:
“No te apedreamos por una obra buena sino
por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios”.
Jesús les replicó:
“¿No está escrito en vuestra Ley, “Yo os digo que sois dioses”?  Y la Escritura llama dioses a
aquellos a quienes vino la palabra de Dios (Y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís Vosotros que blasfema porque dice que es Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mi creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre”.
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había
bautizado Juan y se quedó allí.  Muchos acudieron a él y decían:
“Juan no hizo ningún signo, pero todo lo que Juan dijo de este era verdad”. 
Muchos creyeron en él allí.

1.   Lo que los dirigentes judíos no podían entender es que, en aquel hombre que ellos veían, oían, palpaban, en aquel “ser humano” estaba fundido y presente el “ser divino” al que ellos ni se atrevían a nombrar.  No les cabía en la cabeza la “humanización de Dios” en Jesús. Por eso, lo que Jesús decía de sí mismo les sonaba a blasfemia. Y a un blasfemo había que matarlo. En esto estuvo todo el nudo del Evangelio.
Y como este nudo no se desató, por eso —ni más ni menos— ocurrió el drama y la tragedia que recordamos en la Semana Santa.

2.   La prueba argumentativa que Jesús ofrece para demostrar que él es la “representación” de Dios, la imagen de Dios y la encarnación de Dios, consiste y se reduce, en
última instancia, a un solo argumento. No es un argumento “filosófico” (una teoría).  Es un argumento “histórico” (unos hechos). Lo que Jesús ofrece como argumento credencial de su identidad con Dios es lo que él hace, sus obras que todo el mundo ve. Jesús lo dice claramente: “aunque no me creáis a mí, creed mis obras” (Jn 10, 38).
Lo que Jesús puso en marcha, con su vida, no fue un “catecismo» de verdades, ni un “código” de normas. Y, menos todavía aún un “ritual” de ceremonias religiosas. Lo de Jesús solo se puede entender si se piensa como una forma de vivir, una conducta.

3.   Se trata de la conducta que se concreta en unos hechos, unas obras. Hechos que dan vida, salud, alegría, dignidad respeto, bondad honradez, sensibilidad ante el dolor de cualquier ser humano Esas son las obras en las que se revela Dios. Y solo el que produce esas obras es el que cree en Jesús y lo toma en serio.

San Cirilo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

 San Cirilo, obispo de Jerusalén y doctor de la Iglesia, que a causa de la fe sufrió muchas injurias por parte de los arrianos y fue expulsado con frecuencia de la sede. Con oraciones y catequesis expuso admirablemente la doctrina ortodoxa, las Escrituras y los sagrados misterios (444).
Etimológicamente: Cirilo = Aquel que es un gran Rey, es de origen griego.
Breve Biografía
Desde el periodo apostólico hizo su aparición la herejía en la Iglesia; pero sin causar en las comunidades eclesiales esas profundas heridas producidas por el arrianismo y el nestorianismo en los siglos IV y V.
Pero si este pulular de herejías frenó un poco la evangelización de los paganos, suscitó también grandes figuras de pastores, de teólogos, de predicadores, de escritores que, con sus obras, por medio de una catequesis sistemática, las homilías y los sermones, lograron exponer claramente la doctrina cristiana y penetrar en el mismo ambiente pagano. La defensa de la ortodoxia hizo más consciente y vívida la fe en el pueblo cristiano. Una de las figuras más representativas de este período de apasionadas batallas teológicas es la del obispo de Jerusalén, san Cirilo, que dirigió esa Iglesia desde el 350 hasta su muerte, en el 386.
Cirilo nació de padres cristianos en el año 315. Tuvo alguna simpatía por los arrianos; pero se separó de ellos muy pronto y se adhirió a los semiarrianos homoiusianos, esto es, a esa orientación teológica que se inclinaba a los convenios, que proponía el término “homoiousios” (de naturaleza semejante) en vez de “homo-ousios” (de la misma naturaleza, es decir, el Verbo de la misma naturaleza que el Padre): se trataba sólo de añadir una letra, pero era suficiente para eliminar la idea de la consubstancialidad entre el Padre y el Hijo. Cirilo abandonó también a los semiarrianos y se adhirió a la doctrina ortodoxa de Nicea. Por esto fue varias veces desterrado, bajo los emperadores Constancio y Valente. El primer concilio ecuménico de Constantinopla, en el que participó Cirilo, reconoció la legitimidad de su episcopado.
Las primeras incertidumbres de su pensamiento teológico demoraron, en Occidente, el reconocimiento de su santidad. En efecto, su fiesta fue instituida sólo en 1882. El Papa León XIII le concedió el título de doctor de la Iglesia por las 24 Catequesis que Cirilo compuso probablemente al comienzo de su episcopado y que él dirigía a los catecúmenos que se preparaban para recibir los sacramentos. De las primeras 19, trece están dedicadas a la exposición general de la doctrina, y cinco, llamadas mistagógicas, están dedicadas al comentario de los ritos sacramentales de la iniciación cristiana.
Las Catequesis de San Cirilo nos llegaron gracias a la transcripción de un estenógrafo, en la íntegra naturalidad y sencillez con que el santo obispo las comunicaba a la comunidad cristiana en los tres principales santuarios de Jerusalén, es decir, en los mismos lugares de la redención, en los que, según la expresión del predicador, no sólo se escucha, sino que “se ve y se toca”.





miércoles, 16 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del dia 17 DE MARZO - JUEVES - San Patricio, obispo






17 DE MARZO  - JUEVES -
San Patricio, obispo
5ª ~ SEMANA DE CUARESMA ~

       Evangelio según Juan 8, 51-59

       En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
       “Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre”.
       Los judíos le dijeron:
       “Ahora vemos claro que estás endemoniado;  Abrahán murió, los profetas también,  ¿y tú dices “quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre?” ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió?  También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?”.
       Jesús les contestó:
        “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “no lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día: lo vio, y se llenó de alegría”.
       Los judíos le dijeron:
       “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?”
       Jesús les dijo:
       “Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo”.
       Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió de templo.

       1.   Este relato nos describe uno de los numerosos enfrentamientos de Jesús con los
dirigentes religiosos del templo.  En este caso, el enfrentamiento fue tan fuerte, que faltó poco para que aquello terminara en un linchamiento mortal.  El episodio termina diciendo que los judíos cogieron ya las piedras que necesitaban para matar a Jesús mediante la lapidación.  Jesús se salvó en aquella ocasión porque se escondió y salió vivo casi de milagro.  ¿Por qué se produjeron estos continuos enfrentamientos entre Jesús y los responsables de la religión?

       2.   Esta pregunta es capital.  Para responderla como se debe, hay que tener en
cuenta que, desde la más remota antigüedad, las religiones se han situado preferentemente entre las clases dominantes y los representantes del poder (W. Burkert).  No
es extraño, pues, que toda religión es generalmente aceptada como un sistema de
rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles (H. Steible, M. J. Seux, C. G. Griffiths).  De ahí, los “rituales de sumisión” que son tan evidentes en las prácticas religiosas: inclinarse, arrodillarse, bajar la voz, tirarse al suelo, en suma no agradarse (1. Eibl-Eibesfeld).  Por eso, la virtud primera que exigen las religiones es la obediencia y ser “humilde” (“humilis”), cercano al suelo.

       3.   Todo esto se traduce en la prepotencia y el dominio de los dirigentes (sacerdotes, rabinos, imanes...).  Que siempre han sido agentes de dominación y, con frecuencia, productores de violencia.  Si ellos representan al Poder Absoluto, no toleran al que les cuestione o modifique su status y sus poderes. Por eso, en la vida de Jesús, el conflicto estalló en cuanto el mismo Jesús se puso a decir que Dios no era como los jerarcas decían (y necesitaban).  Dar a entender que Dios estaba en Jesús, era afirmar que Dios está en la vida, en la convivencia con los pobres, marginados, la gente sencilla, los que sufren... Esto es lo que las autoridades del templo no soportaron.

San Patricio, obispo

"Yo era como una piedra en una profunda mina; y aquel que es poderoso vino, y en su misericordia, me levantó y me puso sobre una pared." -San Patricio

Nació alrededor del año 387, en Escocia y
murió en Irlanda alrededor del 461. No se conoce con exactitud los datos cronológicos del Apóstol de Irlanda. Su padre Calpurnio era diácono y oficial del ejército romano; su madre era familiar de San Martín de Tours; su abuelo había sido sacerdote ya que en aquellos tiempos no se había impuesto aún la ley del celibato sacerdotal en todo Occidente. Se afirma que fue alrededor del año 403, a la edad de 16 años, que cayó prisionero de piratas junto con otros jóvenes para ser vendido como esclavo a un pagano del norte de Irlanda llamado Milcho. Lo sirvió cuidando ovejas.
Trató de huir varias veces sin éxito. La Divina Providencia aprovechó este tiempo de esclavitud, de rudo trabajo y sufrimiento, para espiritualizarlo, preparándolo para el futuro, ya que él mismo dijo que hasta entonces "aún no conocía al verdadero Dios", queriendo decir que había vivido indiferente a los consejos y advertencias de la Iglesia. En un lapso de seis años de trabajo rudo y de sufrimiento por su esclavitud, su alma se templó maravillosamente para la santidad.
Por revelación divina, el santo huyó de las tierras de su amo y se embarcó en una nave rumbo a su patria, no sin antes haber pasado por miles de sufrimientos y dificultades. Los datos sobre su preparación, ordenación sacerdotal y luego como Obispo, antes de emprender la conversión de Irlanda son muy confusas; pero se cree que Patricio estudió en Francia y que fue ordenado como sacerdote y luego Obispo por San Germán de Auxerre afín de que evangelice Irlanda.
A su arribo a tierras irlandesas, San Patricio permaneció una temporada en Ulster, donde fundó el monasterio de Saul y emprendió, con su energía característica la tarea de conquistar el favor del rey Laoghaire, tierras donde obtuvo -ya sea por su carácter o su don de obrar milagros- una rotunda victoria sobre sus oponentes hechiceros y paganos, y aquel triunfo sirvió para ganar cierta tolerancia a la predicación del cristianismo entre los pobladores de Irlanda. Cuando Patricio había reunido en torno a él numerosos discípulos fieles, como por ejemplo Benigno, destinado a sucederle en la obra de evangelización, progresó rápidamente.

Hacia el año 444 se fundó la Iglesia Catedral de Armagh (hoy Armoc), la sede principal de Irlanda, convirtiéndose luego en centro de administración y educación. Posteriormente, es probable que el santo haya convocado un Sínodo, casi al final de sus días, pues su salud estaba quebrantada por las austeridades sufridas y los interminables viajes. Definitivamente, la vida de este santo se caracterizó por una presencia tanto humana como divina; el prodigio de la abundantísima cosecha que Dios le permitió recoger en Irlanda, estaba siempre presente entre el santo y le colmaba de gratitud. Es positivamente cierto que, en 30 años de apostolado, San Patricio convirtió a "toda Irlanda" al cristianismo.

martes, 15 de marzo de 2016

Párate un momento: evangelio del día 16 DE MARZO – MIÉRCOLES – Santa Eusebia, abadesa




16 DE MARZO – MIÉRCOLES –
Santa Eusebia, abadesa
5ª ~ SEMANA DE CUARESMA ~ C

       Evangelio según san Juan 8, 31-42

       En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
       “Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.  
       Le replicaron:
       “Somos hijos de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie.  ¿Cómo dices tú: ¿seréis libres?”
       Jesús les contestó:
       “Os aseguro que quien comete pecado es esclavo.  El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.  Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras.  Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que habéis oído a vuestro padre”.  
       Ellos replicaron:
       “Nuestro padre es Abrahán”.
       Jesús les dijo: “Si fuerais hijos de Abrahán haríais lo que hizo Abrahán.  Sin embargo, tratáis de matarme a mi; que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre”.
       Le replicaron:
       “Nosotros no somos hijos de prostituta; tenemos un solo padre: Dios”.
       Jesús les contestó:
       “Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que Él me envió”.

       1.   Las dos enseñanzas más evidentes, que se leen en este evangelio, son:  1) Donde hay fe en Jesús hay libertad.  Lo cual quiere decir que si la fe en Jesús es auténtica, esa fe produce personas libres.  2) Son libres quienes hacen lo que ven que hace el Padre.  La relación “hijo-padre”, según Jesús, no es relación de “dependencia”,  sino de “semejanza” en la conducta.  Jesús lo dice muy claro: “Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán”.     La fe en Jesús es libertad. Y es también semejanza con el Padre, con lo que hace el Padre-Dios.

       2.   La fe en Jesús produce personas libres porque, mediante la fe, los creyentes conocen la verdad.  Pero, ¡Atención!, que, al hablar de la “verdad”,  no nos estamos refiriendo solo ni principalmente, a verdades religiosas, a dogmas de fe.  La verdad de la que habla Jesús es la adhesión y la identificación con él.  Los catecismos y los dogmas que no llevan a las personas a vivir como vivió Jesús, no contienen la verdad de la que habla el Evangelio.

       3.   Todos pensamos que somos libres, cuando en realidad estamos más condicionados, controlados y sumisos de lo que nos imaginamos.  La moderna sociedad de bienestar y consumo dispone y maneja muchos más mecanismos de control de cuanto podemos sospechar.  Nos controlan la manera de pensar, de vestir, de comer, de descansar, de trabajar...  La gran tarea de la religión y de la Iglesia, en este momento, tendría que ser hacernos más libres frente a tantos controles. No para hacer cada cual lo que se le antoja, sino para estar más disponibles al servicio de la bondad y la misericordia.

Santa Eusebia, abadesa


(1183) - Santa Eusebia era la hija mayor de San Adalbaldo de Ostrevant y Santa Rita.
Después del asesinato de su esposo, Rita se retiró al convento de Marchinnes con sus dos hijos menores y envió a Eusebia a la abadía de Hamage donde su bisabuela Santa Gertrudis era la abadesa. Eusebia tenía solamente doce años de edad cuando Santa Gertrudis murió, pero fue elegida sucesora de ésta, de acuerdo con los deseos de la finada y también porque era costumbre de aquel tiempo que, de ser posible, la superiora de una comunidad fuera de noble cuna para contar con el apoyo de una familia poderosa en tiempos difíciles.
   Santa Rita, que era ya abadesa de Marchinnes, consideró que Eusebia era demasiado joven para tener a su cargo la comunidad y le ordenó venir a Marchinnes con todas sus religiosas. La joven abadesa, no dada a quejarse, se fue a Marchinnes con toda la comunidad, llevando el cuerpo de Santa Gertrudis.
         Las dos comunidades se fundieron en una, con lo que todo quedó felizmente arreglado, excepto para Eusebia. El recuerdo de Hamage la perseguía.
       Así, una noche, ella y algunas de las religiosas salieron a escondidas hacia la abandonada abadía, donde rezaron el oficio y se lamentaron de no haber cumplido los mandatos de Santa Gertrudis. Aunque este acto no quedó sin castigo, viendo que su hija anhelaba estar en Hamage, Santa Rita consultó el caso con el obispo, así como con otros hombres piadosos, quienes le aconsejaron condescendiera con los deseos de Eusebia.
       No tuvo que arrepentirse Rita de su acción, pues la joven abadesa probó ser capaz y juiciosa para restablecer en la comunidad la disciplina de los días de Santa Gertrudis, a quien se esforzó en imitar en todo. 
         Ninguna incidencia especial parece haber marcado la vida posterior de Eusebia. Contaba solamente cuarenta años de edad, cuando tuvo el presentimiento de su inminente fin. Reunió a las religiosas y les dio sus últimas recomendaciones y bendiciones. Al terminar de hablar, un resplandor iluminó su celda y casi inmediatamente después su alma voló al cielo.
  


lunes, 14 de marzo de 2016

Párate un momento: evangelio del día 15 DE MARZO – MARTES – Santa Luisa de Marillac, viuda




15 DE MARZO – MARTES –
Santa Luisa de Marillac, viuda
5ª ~ SEMANA DE CUARESMA - C

       Evangelio según san  Juan 8, 21-30

       En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:        “Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros”. 
       Y los judíos comentaban:
       “¿Será que va a suicidarse, y por eso dice “donde yo voy no podéis venir vosotros?”.
       Y él continuaba:
       “Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados”.
       Ellos le decían:
       “¿ Quién eres tú?”
       Jesús les contestó:
       “Después de todo, ¿para qué seguir hablándoos?  Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él”.
       Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. 
       Y entonces dijo Jesús:
       “Cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”.
       Cuando les exponía esto, muchos creyeron en Él.

       1.   Esta reflexión, que el IV evangelio pone en boca de Jesús, es una reflexión teológica que explica y profundiza los textos del mismo evangelio de Juan en los que se afirma que Jesús es la revelación de Dios. En otras palabras, lo que aquí se afirma es que en Jesús, en su persona y su forma de vida, en su conducta y en su enseñanza, es donde y en quien se nos da a conocer Dios mismo. Esto es lo que contienen textos tan fundamentales como en realidad son Jn 1, 18 y 14, 8-11.

       2.   ¿Qué significa todo esto? El problema que aquí se plantea y al que este evangelio pretende dar respuesta, se centra en esto. Conocer a Dios y hablar de Dios, ha sido siempre un asunto extremadamente complicado y difícil de aclarar. Porque Dios es, por definición, el Trascendente. Es decir, Dios no está a nuestro alcance, ni a nosotros nos es posible entenderlo, saber quién es y cómo es, conocer lo que piensa y lo que quiere. ¿Dónde, cómo y en quién nos enteramos de todo eso? En la revelación de Dios, que es Jesús. El hombre Jesús de Nazaret. En su vida, sus costumbres, sus preferencias..., ahí y en eso es donde se nos revela Dios.

       3.   Por eso, Jesús dijo: “yo soy de allá arriba”... “yo no soy de este mundo”... “el que
me envió es veraz y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él”. A lo que el mismo Jesús añade la afirmación más honda y fuerte: “Cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que yo soy”. Jesús fue “levantado” por los judíos cuando fue crucificado (cf. Jn 3, 14). Y fue entonces, en el hundimiento total de su fracaso, dónde, cuándo y cómo Dios —el Dios de Jesús— se dio a conocer. La expresión “yo soy” es la definición que Dios da de sí mismo en Ex 3, 14. Que no es una definición ontológica (G. Von Rad), el “ser” de Dios, sino que es una definición histórica, cómo “actúa” Dios (B. Welte).  Dios actúa fracasando en la cruz. Y así, como Yahvé con Israel, libera a las
víctimas de la esclavitud.

Santa Luisa de Marillac, viuda



Nació en Francia el 12 de Agosto de 1591. Huérfana a los 14 años, sintió un fuerte deseo de hacerse religiosa, pero por su delicada salud, y su débil constitución no fue admitida. Un sacerdote le dijo: "Probablemente, Nuestro Señor te ha destinado a formar un hogar".
Se casó entonces con Antonio Le Grass, secretario de la reina de Francia, María de Médicis.
Dicen sus biógrafos: "Luisa fue un modelo de esposa. Con su bondad y amabilidad logró transformar a su esposo que era duro y violento, y hasta obtuvo que en su casa todos rezaran en común las oraciones de cada día.
Dios le concedió un hijo, al cual amó de tal manera que San Vicente le escribió diciéndole: "Jamás he visto una madre tan madre como usted".
Y en otra carta le dice el santo: "Que felicidad nos debe traer el pensar que somos hijos de Dios. Pues Nuestro Señor nos ama con afecto muchísimo más grande que el que Usted le tiene a su hijo. Y eso que yo no he visto en ninguna otra madre un amor tan grande por el propio hijo, como el que Usted tiene hacia el suyo".
A los 34 años queda viuda y entonces decide hacerse religiosa. "Ya he servido bastante tiempo al mundo, ahora me dedicaré totalmente a servir a Dios". Claro está que en la vida "mundana" que había tenido se había comportado tan sumamente bien que los que la conocieron están de acuerdo en afirmar que lo más probable es que ella no cometió ni siquiera un solo pecado mortal en toda su vida.
Esta santa mujer tuvo la dicha inmensa de tener como directores espirituales a dos santos muy famosos y extraordinariamente guías de almas: San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Con San Francisco de Sales tuvo frecuentes conversaciones espirituales en París en 1618 (tres años antes de la muerte del santo) y con San Vicente de Paúl trabajó por treinta años, siendo su más fiel y perfecta discípula y servidora.
San Vicente de Paúl había fundado grupos de mujeres que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los ignorantes. Estos grupos de caridad existían en los numerosos sitios en donde San Vicente había predicado misiones, pero sucedía que cuando el santo se alejaba los grupos disminuían su fervor y su entusiasmo. Se necesitaba alguien que los coordinara y los animara. Y esa persona providencial iba a ser Santa Luisa de Marillac.
Cuando Luisa se ofreció para coordinar y dirigir los grupos de caridad, el santo se entusiasmó y le escribió diciendo: "Vaya en nombre del Señor. Que Dios la acompañe. Que El sea su fuerza en el trabajo y su consuelo en las dificultades".
En aquellos tiempos los viajes eran muy penosos y peligrosos. Los caminos eran largos, las comidas malas, y los alojamientos incómodos. La santa tenía una constitución muy débil, pero San Vicente exclamaba: "Su salud es poca, sus tribulaciones son muchas y su actividad es infatigable. Pero sólo Dios sabe la fuerza de ánimo y de voluntad que esta mujer tiene".
Dicen sus biógrafos que Luisa recorría el país visitando las asociaciones de caridad y que llevaba siempre gran cantidad de ropas y medicinas para regalar y que casi todo lo compraba con dinero que ella misma por sus propios esfuerzos había conseguido.
Apenas llegaba al lugar, reunía a las mujeres de la asociación de la caridad, les recordaba los deberes y virtudes que debían cumplir quienes formaban parte de aquella asociación, las entusiasmaba con sus recomendaciones y se esforzaba por conseguir nuevas socias. Ella misma visitaba a los enfermos e instruía a los ignorantes y repartía ayuda a los pobres, y esto lo hacía con tal entusiasmo y tan grande bondad, que cuando marchaba de ahí, quedaba todo renovado y rejuvenecido.
La familia Marillac, que ocupaba altos puestos en el gobierno, cayó en desgracia del rey Luis Trece y uno fue condenado a muerte y otros fueron a la cárcel. Luisa, aunque sufría mucho a causa de esto, no permitía que nadie hablara mal en su presencia contra el rey, y su primer ministro Richelieu que tanto los habían hecho padecer.
En 1633, el 25 de marzo, las primeras cuatro jóvenes hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, bajo la dirección de Luisa, Así nació la más grande comunidad femenina que existe, las Hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad.
San Vicente les hizo este reglamento: "Por monasterio tendrán las casas de los enfermos. Por habitación una pieza arrendada. Por claustro tendrán las calles donde hay pobres que socorrer. Su límite de acción será la obediencia. Puerta y muro de defensa será el temor de ofender a Dios. El velo protector será la modestia o castidad"
En aquellos años de 1633, Francia estaba pasando por una situación dificilísima de guerras, miseria, ignorancia y abandono. Fue entonces cuando guiadas por el incansable San Vicente de Paúl, las Hijas de la Caridad se dedicaron a colaborar en todos los frentes posibles, para socorrer a los más necesitados.

Santa Luisa consiguió una casa grande y allí reunía a los pordioseros y los ponía a trabajar. Las mujeres a hilar y a coser y los hombres a hacer diversas obras manuales. Así los fue transformando en personas útiles a la sociedad. La alegría y el trabajo reinaban en aquel inmenso asilo ocupado por la mayoría de los mendigos de París. Y las Vicentinas los atendían con exquisita caridad.
Consiguió otra casa y allí recogía a los locos o enfermos mentales, y a base de una buena alimentación y de medicinas y de mucho cariño, con sus religiosas los atendía esmeradísimamente, y lograba en muchísimos casos su recuperación.
En 1655, el Arzobispado de París le concede la aprobación a la Nueva Comunidad. Y San Vicente reúne a sus religiosas y les dice: "De hoy en adelante llevarán siempre el nombre de Hijas de la Caridad. Conserven este título que es el más hermoso que puedan tener".
De Santa Luisa se puede decir lo que Fray Luis de León dijo acerca de Santa Teresa: "Para conocer cómo era su personalidad, basta conocer cómo fueron las religiosas que ella formó y las obras que escribió". Las religiosas formadas por Luisa fueron personas dedicadas con cuerpo y alma y por toda la vida a las obras de la caridad y de apostolado. Y sus escritos causan asombro al considerar de dónde sacó tiempo para escribir centenares de cartas con consejos muy prácticos y provechosos, y para resumir las numerosas conferencias que dictaba San Vicente, copiarlas y hacerlas circular, y para hacer extractos de las meditaciones y de los Retiros Espirituales que predicaba el Santo, y formar así tres volúmenes de 1,500 páginas. Y todo esto en medio de una actividad asombrosa en favor de los enfermos, mendigos e ignorantes.
Trece años antes de que ella muriera, dijo San Vicente: "La hermana Luisa, por su debilidad y agotamiento debería haber muerto hace diez años. Al verla, parece que hubiera salido de una tumba: tan débil está su cuerpo y tan pálido su rostro. Pero sin embargo, trabaja y trabaja sin dejarse vencer por el cansancio".

San Vicente no pudo asistir a su santa discípula en la hora de la muerte porque el se hallaba también muy enfermo pero le escribió una nota diciéndole: "Usted se va adelante hacia la eternidad. Pero yo la seguiré muy pronto, y nos volveremos a ver en el cielo". Y así sucedió.
El 15 de Marzo de 1660, después de sufrir una dolorosa enfermedad y la gangrena de un brazo murió santamente, dejando fundada y muy extendida la más grande comunidad de religiosas. (San Vicente murió el 27 de Septiembre de ese mismo año).
Las 33,000 religiosas vicentinas o hijas de la Caridad tienen más de 3,300 casas en el mundo. En la casa donde está sepultada su fundadora, en París, allí mismo sucedieron las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a la vicentina Santa Catalina Labouré. Las religiosas fundadas por Santa Luisa se dedican exclusivamente a obras de caridad.
El Papa Pío XI declaró santa a Luisa de Merillac en 1934, y el Sumo Pontífice Juan XXIII la declaró Patrona de los Asistentes Sociales.



domingo, 13 de marzo de 2016

Párate un momento: Evangelio del día 14 DE MARZO – LUNES - Santa Matilde, reina




14 DE MARZO – LUNES -
Santa Matilde, reina
5ª ~ SEMANA DE CUARESMA

       Evangelio según san Juan 8, 12-20

       En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar a los fariseos:
       “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
       Le dijeron los fariseos:
       “Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es válido”.
       Jesús les contestó:
       “Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis por lo exterior; yo no juzgo a nadie; o, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre.
       Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre”.
       Ellos le preguntaron:
       “¿Dónde está tu Padre?”
       Jesús contestó:
       “Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si
me conocierais a mi; conoceríais también a mi Padre”.
        Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora”.

       1.   La afirmación de Jesús “Yo soy la luz del mundo” plantea dos cuestiones fundamentales que los teólogos no han tenido debidamente en cuenta.  La palabra “kosmos” (mundo) remite a los significados de “mundo” - ”orden del mundo”-”universo” (H. BaIz).  Esto nos presenta una primera cuestión: si Jesús ilumina a todo el mundo, es evidente que Jesús no es patrimonio de una sola cultura (Occidente) o una sola religión (el cristianismo).  Jesús es patrimonio de la humanidad.  Por tanto, Jesús no es el fundador de una religión, sino que representa unos valores y unas convicciones que responden a deseos y anhelos de todo ser humano. Jesús responde a aquello en lo que todos los seres humanos coincidimos.

       2.   La segunda cuestión: Jesús es la luz del “kosmos”.  Pero el kosmos (orden) es lo opuesto al kaos (desorden, violencia).  De ahí, el dilema insoluble: “la violencia engendra el “caos”, y el orden engendra violencia” (W. Sofsky, H. Popitz). ¿Tiene solución este círculo vicioso?  A primera vista, no.  Porque el caos del desorden se resuelve cuando intervienen “las fuerzas del orden”.  Pero estas fuerzas imponen el orden pegando, multando, castigando..., es decir mediante la violencia, que es caos y desorden.  ¿No hay salida ni solución?

       3.   Si vemos en Jesús el “fundador” y el “centro” de una religión, Jesús nos divide,
nos separa, nos aleja y nos enfrenta a los creyentes de otras religiones.  Sin embargo,
si vemos en Jesús “la encarnación de Dios”, la “humanización de Dios”,  entonces lo que se produce es que quien se identifica con Jesús, por eso mismo “se humaniza”, se hace “profundamente humano”, ante todo, humano. Por eso, Jesús está donde hay humanidad, bondad, paz, cercanía al sufrimiento, lucha contra la violencia.  O sea, Jesús trasciende las religiones.  Porque está donde se imponen las “convicciones” de humanidad que nos humanizan hasta saciar las apetencias de “lo humano” = “la vida sin límites”.

Santa Matilde, reina

Era descendiente del famoso guerrero Widukind e hija del duque de Westfalia. Desde niña fue educada por las monjas del convento de Erfurt y adquirió una gran piedad y una fortísima inclinación hacia la caridad para con los pobres. 
Muy joven se casó con Enrique, duque de Sajonia (Alemania). Su matrimonio fue excepcionalmente feliz. Sus hijos fueron: Otón primero, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; San Bruno, Arzobispo de Baviera; Gernerga, esposa de un gobernante; y Eduvigis, madre del famoso rey francés, Hugo Capeto. Su esposo Enrique obtuvo resonantes triunfos en la lucha por defender su patria, Alemania, de las invasiones de feroces extranjeros. Y él atribuía gran parte de sus victorias a las oraciones de su santa esposa Matilde. Enrique fue nombrado rey, y Matilde al convertirse en reina no dejó sus modos humildes y piadosos de vivir. 
En el palacio real más parecía una buena mamá que una reina, y en su piedad se asemejaba más a una religiosa que a una mujer de mundo. Ninguno de los que acudían a ella en busca de ayuda se iba sin ser atendido. Era extraordinariamente generosa en repartir limosnas a los pobres. Su esposo casi nunca le pedía cuentas de los gastos que ella hacía, porque estaba convencido de que todo lo repartía a los más necesitados. 
Después de 23 años de matrimonio quedó viuda, y ofreció desprenderse de todas sus joyas y brillantes por el alama de su esposo recién muerto. 
Sus últimos años los pasó dedicada a fundar conventos y a repartir limosnas a los pobres, y cuando cumplió 70 años se dispuso a pasar a la eternidad y repartió entre los más necesitados todo lo que tenía en sus habitaciones, y rodeada de sus hijos y de sus nietos, murió santamente el 14 de marzo del año 968.