4 - DE NOVIEMBRE
– JUEVES –
31ª –
SEMANA DEL T. O. – B –
SAN CARLOS
BORROMEO
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos (14,7-12):
Ninguno de
nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo: si vivimos, para el Señor
vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos
vivos o que hayamos muerto, somos del Señor.
Porque Cristo murió y resucitó para ser
Señor de vivos y muertos. Pero tú, ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué
lo deprecias? Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios, como dice la
Escritura: Juro por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán la rodilla ante
mí y todos reconocerán públicamente que yo soy Dios.
En resumen, cada uno de nosotros tendrá
que dar cuenta de sí mismo a Dios.
Palabra de Dios
Salmo: 26
R/. Espero gozar de la dicha del Señor en el
país de la vida.
El Señor es mi
luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar? R/.
Lo único que
pido, lo único que busco
es vivir en la casa del Señor toda mi vida,
para disfrutar las bondades del Señor
y estar continuamente en su presencia. R/.
Espero ver la
bondad del Señor
en esta misma vida.
Ármate de valor y fortaleza
y confía en el Señor. R/.
Lectura del santo Evangelio según
san Lucas (15,1-10):
En aquel
tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a
escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
«Ése acoge a los pecadores y come con
ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
«Si uno de vosotros tiene cien ovejas y
se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la
descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre
los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los
vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me
había perdido."
Os digo que así también habrá más
alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y
nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le
pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta
que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas
para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había
perdido."
Os digo que la misma alegría habrá entre
los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
Palabra del Señor
1. Comer y beber con gente de mala vida, con malas compañías, diríamos ahora, compartir "el botellón" del fin de semana, visitar la "bacanal" de los que frecuentan locales de fiesta, todo eso es fundirse con gente poco recomendable. Hasta escandalizar a los piadosos y observantes.
Todo esto, sin embargo, es lo que
Jesús vio que tenía que hacer. Y lo que las autoridades eclesiásticas vieron
que tenían que condenar (cf. Adolf Holl).
A fin de cuentas, acoger a los pecadores y comer con ellos es una expresión que indica un estilo de vida. Y unos criterios éticos poco recomendables. Sobre todo, si pensamos que acoger el camino, que traza aquí Jesús, para reconciliar a los pecadores, a los alejados, a los extraviados, a los perdidos, no es el camino del reproche, de la amenaza, del juicio y la condena. Es exactamente todo lo contrario.
Jesús traza el camino que lleva a la
amistad, a la convivencia, a la cercanía humana y todo lo que supone la comida
compartida. No es, por tanto, el procedimiento pastoral que echa
mano de las verdades que hay que enseñar; ni de las normas que hay que imponer;
ni de los rituales religiosos que hay que celebrar y a los que hay que asistir.
El medio para conseguir la alegría en el
cielo es la comensalía en la tierra. No consiste en recurrir a la observancia
de la práctica religiosa, sino a la experiencia compartida de experiencias
humanas.
2. Buscar al perdido es necesitar a aquel o aquello que se quiere mucho, algo sin lo cual no se puede vivir. El que busca no condena, ni juzga, ni rechaza. Siente necesidad. La necesidad que brota del vacío. Y del deseo de llenar ese vacío.
Pero lo notable es que, en el caso de Jesús, su forma de relacionarse con los demás era tal, que los perdidos y extraviados lo buscaban y en él encontraban la respuesta de lo que tanto anhelaban: la paz y el sosiego interior.
La respuesta al deseo y el vacío, que
los vicios no pueden satisfacer.
3. El problema está en que
las relaciones entre los cristianos no suelen ser de "necesidad",
sino de "sospecha", de "juicio", de "rechazo" y
demasiadas veces también de "condena".
Porque las ideas mandan más que el
corazón. Y así, lo que hemos conseguido es montar una religión y una Iglesia
que se rompe por todas partes, que se fractura, se divide, se enferma.
El buen pastor ya no es pastor. Porque,
a veces, da la impresión de que quien anda extraviado es el pastor.
Extraviado hasta el extremo que, si hay
ovejas que lo buscan, lo que encuentran es un censor y un juez.
Por supuesto, no siempre un amigo que te
invita a sentarte junto a él en la misma mesa.
SAN CARLOS
BORROMEO
Nació en Arona (Lombardía) en el año 1538; después de haberse graduado en
ambos derechos, fue agregado al colegio cardenalicio por su tío Pío IV y
nombrado obispo de Milán. Fue un verdadero pastor de su grey; visitó varias
veces toda su diócesis, convocó sínodos, decretó muchas disposiciones
orientadas a la salvación de las almas y fomentó en gran manera las costumbres
cristianas.
Murió el día
3 de noviembre del año 1584.
San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en
serio las palabras de Jesús; "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que
gasta su vida por Mí, la ganará".
Era de familia muy rica. Su hermano mayor, a
quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer
de un caballo. El consideró la muerte de su hermano como un aviso enviado por
el cielo, para estar preparado porque el día menos pensado llega Dios por medio
de la muerte a pedirnos cuentas. Renunció a sus riquezas y fue ordenado
sacerdote y más tarde arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones de
que su elección fue por nepotismo (era sobrino del Papa), sus enormes frutos de
santidad demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.
Como obispo, su diócesis que reunía a los
pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos.
Su escudo llevaba una sola palabra: "Humilitas", humildad. El,
siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, privándose de lujos. Fue
llamado con razón "padre de los pobres"
San Carlos Borromeo Decía
que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y
que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en
vez de tener tiempo de sobra para perder.
Para con los necesitados era supremamente
comprensivo. Para con sus colaboradores era muy amigable y atento, pero
exigente. Y para consigo mismo era exigentísimo y severo.
Fue el primer secretario de Estado del
Vaticano (en el sentido moderno).
Fue blanco de un vil atentado, mientras
rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.
Fundó seminarios para formar sacerdotes bien
preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que
muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios.
Fue amigo de San Pío V, San Francisco de
Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de
varios santos más.
Murió joven y pobre, habiendo enriquecido
enormemente a muchos con la gracia. ……murió diciendo: "Ya voy, Señor, ya
voy". En Milán casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia de
que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.
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