31 - DE MARZO – JUEVES –
4ª SEMANA DE CUARESMA – C
SAN BENJAMÍN
Lectura del libro del Éxodo (32,7-14):
En aquellos
días, el Señor dijo a Moisés:
«Anda, baja de la montaña, que se ha
pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del
camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran
ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman:
“Este es tu Dios, Israel, el que te sacó
de Egipto”».
Y el Señor añadió a Moisés:
«Veo que este pueblo es un pueblo de
dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta
consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».
Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
«¿Por qué, Señor, se va a encender tu
ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta?
- ¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para
hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”?
Aleja el incendio de tu ira,
arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán,
Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra
descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado
se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».
Entonces se arrepintió el Señor de la
amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
Palabra de Dios
Salmo: 105,19-20.21-22.23
R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor
a tu pueblo
En Horeb se hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen
de un toro que come hierba. R/.
Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam,
portentos junto al mar Rojo. R/.
Dios hablaba ya de aniquilarlos;
pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha frente a él,
para apartar su cólera del exterminio. R/.
Lectura del santo evangelio según
san Juan (5,31-47):
En aquel
tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi
testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es
verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y
él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del
testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era
la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su
luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor
que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas
obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha
dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su
palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando
encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no
queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os
conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en
nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que
aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
No penséis que yo os voy a acusar ante
el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si
creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no
creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».
Palabra del Señor
1. Por causa de la violación
del precepto religioso de la observancia del sábado, que Jesús quebrantó al
curar al paralítico de la piscina, el ataque violento de los dirigentes de
la religión, con intención incluso de matarlo (Jn 5,18), motivó a Jesús a
defenderse y justificar lo que hacía y por qué lo hacía.
El problema estaba en que, tanto en
el mundo judío como en el grecorromano, se daba por sentado que, en caso
de litigio o conflicto, una persona implicada en tal enfrentamiento no podía
dar testimonio en favor de sí misma (Jn 5, 31). Así consta ya por el Deut 19,
15; 17, 6. Y lo mismo viene a decir F Josefo (Ant. IV, 219; cf. Billerbeck II,
522) (J. Zumstein).
Era enseñanza común desde Homero hasta Cicerón, con toda seguridad.
2. - ¿En qué y en quién se basaba el testimonio que justificaba el hecho de quebrantar lo que mandaba la inquebrantable voluntad de Dios, expresada en la ley? - ¿Con qué autoridad quebrantaba Jesús lo mandado por Dios para la observancia del sábado?
Es la pregunta que se plantea en todas
las curaciones que Jesús hizo en sábado, en el día de la semana que estaba
prohibido curar enfermos. Se trata, en el fondo, de la misma
pregunta que Jesús hizo cuando curó al manco de la sinagoga: - ¿qué está
permitido hacer en sábado? - ¿El bien, o el mal? - ¿Dar vida o
matar? (Mc 3, 4).
En el fondo, era la pregunta tremenda:
- ¿Qué es lo primero y lo más importante: la "observancia de la
religión" o la "felicidad de la vida"?
Es la pregunta eterna, que se repite,
una y otra vez, en toda la vida y en todos los conflictos de Jesús con los
dirigentes de la religión.
3. La respuesta de Jesús es clara y tajante: si no creéis en mí, creed en mis "obras". Las "obras" (tá érga) de Jesús fueron su "conducta" en favor de los enfermos, en defensa de la vida (Jn 4, 34; 17, 4; 5, 20. 36; 9, 3 s; 10, 25. 32. 37 s; 14, 10-12) (R. Heiligenthal).
Es una pena y un dolor que los
"hombres de Iglesia" no podamos dar esta misma respuesta tantas y
tantas veces: "si no creéis en nosotros, ahí está lo que hacemos". O
sea, fijaos en nuestra conducta: damos vida, nos jugamos la vida, por defender
y dignificar la vida.
- ¿Por qué el papa Francisco tiene tanta
credibilidad en todo el mundo? Porque se ha puesto de parte de la vida de
quienes apenas pueden vivir.
El día que todos los curas puedan decir:
Si no creéis en mí, creed en mis obras, ese día el Evangelio se habrá hecho
vida y dará vida al mundo.
SAN BENJAMÍN
San Benjamín fue un diácono que vivió en la antigua región de Persia (hoy
Irán) y formó parte de un grupo de cristianos mártires durante la larga
persecución iniciada por el rey del Imperio sasánida Iezdegerd I, y que terminó
con su hijo y sucesor Vararane V.
El santo fue un joven de gran celo apostólico, elocuente para predicar y
caritativo con los necesitados. Además, logró muchas conversiones, incluso de
los sacerdotes seguidores de Zaratustra, profeta fundador del mazdeísmo.
Si bien el rey Iezdigerd I detuvo la persecución de cristianos llevada a
cabo por su padre Sapor II, este mandó a destruir todas sus iglesias cuando un
sacerdote cristiano de nombre Hasu, junto a sus allegados, incendiaron el
“templo del fuego”, principal objeto del culto de los persas.
Por ello fueron arrestados el Obispo Abdas, los presbíteros Hasu y Isaac, un
subdiácono y dos laicos. Después fueron condenados a muerte por negarse a
reconstruir el templo y se inició una persecución general que duró cuarenta
años.
A estos mártires se suma el diácono Benjamín, quien fue golpeado y después
encarcelado por 1 año pese a no haber participado del incendio. Salió en
libertad gracias al embajador de Constantinopla, quien prometió que el santo se
abstendría de hablar acerca de su religión.
Sin embargo, Benjamín continuó predicando el Evangelio por lo que fue
nuevamente detenido y llevado ante el rey, quien lo sometió a crueles torturas,
siendo luego decapitado.
El diácono fue martirizado cerca del 420 en Ergol (Persia) por predicar
insistentemente la palabra de Dios. Dos años más tarde con la victoria del
emperador del Imperio romano de Oriente, Teodosio II, sobre Vararane V, se
estableció la libertad de culto para los cristianos de Persia.
La Iglesia conmemora a este santo diácono el 31 de marzo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario