8 - DE MARZO – MARTES –
1ª SEMANA DE CUARESMA
San Juan de Dios
Lectura del libro de Isaías
(55,10-11):
ESTO dice el
Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve desde
el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi
encargo».
Palabra de
Dios
Salmo: 33,4-5.6-7.16-17.18-19
R/. Dios libra de sus angustias a los
justos
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.
Lectura del santo evangelio según
san Mateo (6,7-15):
EN aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas
palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán
caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes
de que lo pidáis. Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de
cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer
en la tentación, y líbranos del mal”.
Porque si perdonáis a los hombres sus
ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a
los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
Palabra del
Señor
1. Orar es expresar un deseo. Y el deseo es la experiencia lógica de una carencia.
Cuando deseamos algo, sin duda alguna, lo que nos ocurre es que tenemos un vacío o sufrimos una carencia, que apetecemos satisfacer. De ahí, la importancia capital del "deseo" en nuestras vidas. Si lo que apetecemos pertenece a otro, el deseo de apropiarse lo ajeno es un asunto tan grave, que eso precisamente es lo que constituye el último de los mandamientos del Decálogo (Ex 20, 17) (cl. René Girard).
Por otra parte, cuando deseamos algo, que necesitamos y que es bueno, aunque no nos pongamos a rezar, el deseo íntimo es nuestra oración. Ese deseo, por sí solo, es ya nuestra oración. No hace falta más.
2. El Padrenuestro es
"un resumen de toda la enseñanza sobre la fe y las costumbres" (U.
Luz). Es un breviarium totius Evangelii, la forma breve de expresar el
Evangelio entero (Tertuliano).
De este "Breviario" de todo el
Evangelio, se han hecho dos interpretaciones:
1) Una, "dogmática": el
resumen condensado de todo lo que Jesús nos enseñó en el Evangelio.
2) La interpretación "ética":
la síntesis de lo que tenemos que hacer, una "guía para nuestra
espiritualidad". Que nos viene a decir: Dios es siempre bueno. Sed
vosotros también siempre buenos. Y buenos con todos, con los que te hacen el
bien y con los que te hacen el mal. Esta es la síntesis de nuestra
religiosidad. No hay más. Ni menos tampoco.
3. Esta oración es de
una profundidad asombrosa:
1) Se siente a Dios como Padre. Y nada
más que como Padre.
2) Lo que más importa es que se haga lo
que Dios quiere, no lo que nos interesa a los mortales.
3) Lo que apetecemos es que sea Dios el
que mande, el que se imponga. Nada más que eso.
4) Que no nos falte el pan,
lo elemental para vivir. Y el compromiso de perdonar siempre, lo mismo
exactamente, que queremos ser perdonados.
Tener siempre la tolerancia y el respeto
con que queremos ser tratados. ESTA ES NUESTRA RELIGIÓN.
San Juan de Dios
San Juan de Dios, religioso, nacido en Portugal, que después de una vida
llena de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a
los necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció
compañeros, con los cuales constituyó después la Orden de Hospitalarios de San
Juan de Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno
descanso.
Vida
de San Juan de Dios
Nació y murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada,
España, en 1550 a los 55 años.
De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era todavía
joven. Su padre murió como religioso en un convento.
En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde
trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría
como heredero de aquellas posesiones, pero él dispuso permanecer libre de
compromisos económicos y caseros pues deseaba dedicarse a labores más
espirituales.
Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V en
batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido.
La Stma. Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues una vez lo pusieron en la
guerra a cuidar un gran depósito y por no haber estado lo suficientemente
alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel dispuso mandarlo ahorcar,
pero Juan se encomendó con toda fe a la Madre de Dios y logró que le perdonaran
la vida. Y dejó la milicia, porque para eso no era muy adaptado.
Salido del ejército, quiso hacer un poco de apostolado y se dedicó a hacer
de vendedor ambulante de estampas y libros religiosos.
Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio a un niñito muy pobre y muy
necesitado y se ofreció bondadosamente a ayudarlo. Aquel "pobrecito"
era la representación de Jesús Niño, el cual le dijo: "Granada será tu
cruz", y desapareció.
Estando Juan en Granada de vendedor ambulante de libros religiosos, de
pronto llegó a predicar una misión el famosos Padre San Luis de Ávila. Juan
asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno sermón, cuando el
predicador hablaba contra la vida de pecado, nuestro hombre se arrodillo y
empezó a gritar: "Misericordia Señor, que soy un pecador", y salió gritando
por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.
Se confesó con San Juan de Ávila y se propuso una penitencia muy especial:
hacerse el loco para que la gente lo humillara y lo hiciera sufrir muchísimo.
Repartió entre los pobres todo lo que tenía en su pequeña librería, empezó a
deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia a Dios por todos
sus pecados.
La gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo a pedradas y golpes.
Al fin lo llevaron al manicomio y los encargados le dieron fuertes palizas,
pues ese era el medio que tenían en aquel tiempo para calmar a los locos:
azotarlos fuertemente. Pero ellos notaban que Juan no se disgustaba por los
azotes que le daban, sino que lo ofrecía todo a Dios. Pero al mismo tiempo
corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal que
tenían de tratar a los pobres enfermos.
San Juan de Dios ante un enfermo que se asemeja a nuestro Señor. Aquella
estancia de Juan en ese manicomio, que era un verdadero infierno, fue
verdaderamente providencial, porque se dio cuenta del gran error que es
pretender curar las enfermedades mentales con métodos de tortura. Y cuando
quede libre fundará un hospital, y allí, aunque él sabe poco de medicina,
demostrará que él es mucho mejor que los médicos, sobre todo en lo relativo a
las enfermedades mentales, y enseñará con su ejemplo que a ciertos enfermos hay
que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su
cuerpo. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes y
con grandes y maravillosos resultados, empleando siempre los métodos de la
bondad y de la comprensión, en vez del rigor de la tortura.
Cuando San Juan de Ávila volvió a la ciudad y supo que a su convertido lo
tenían en un manicomio, fue y logró sacarlo y le aconsejó que ya no hiciera más
la penitencia de hacerse el loco para ser martirizado por las gentes. Ahora se
dedicará a una verdadera "locura de amor": gastar toda su vida y sus
energías a ayudar a los enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a
quien ellos representan.
Juan alquila una casa vieja y allí empieza a recibir a cualquier enfermo,
mendigo, loco, anciano, huérfano y desamparado que le pida su ayuda. Durante
todo el día atiende a cada uno con el más exquisito cariño, haciendo de
enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos.
Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.
Pronto se hizo popular en toda Granada el grito de Juan en las noches por
las calles. Él iba con unos morrales y unas ollas gritando: ¡Haced el bien
hermanos, para vuestro bien! Las gentes salían a la puerta de sus casas y le
regalaban cuanto les había sobrado de la comida del día. Al volver cerca de
medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba
a dormir un rato debajo de una escalera. Un verdadero héroe de la caridad.
El señor obispo, admirado por la gran obra de caridad que Juan estaba
haciendo, le añadió dos palabras a su nombre de pila, y empezó a llamarlo
"Juan de Dios", y así lo llamó toda la gente en adelante. Luego, como
este hombre cambiaba frecuentemente su vestido bueno por los harapos de los
pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio una túnica negra como
uniforme; así se vistió hasta su muerte, y así han vestido sus religiosos por
varios siglos.
Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre
las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes
llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarles la vida a todos aquellos
pobres.
Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y
palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace
mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera.
Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven,
se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la
corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el
río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis
y empezó a sufrir espantosos dolores.
Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien, y
resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó
totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los
espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz
de simular más. Sobre todo, la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le
causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo
del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El
santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con
todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección
de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había convertido y había
logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a
quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en
su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.
Al llegar a la casa de la rica señora, exclamó Juan: "Oh, estas comodidades
son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador". Allí trataron
de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.
El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en
el suelo y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo", y
quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez
años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a
veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que
tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se
creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue
acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como
un santo.
Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus devotos y
el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono de los que trabajan en hospitales
y de los que propagan libros religiosos.
Fue beatificado por el papa Urbano VIII el 1 de septiembre de 1630 y canonizado
por el papa Alejandro VIII, el 16 de octubre de 1690. Fue nombrado santo patrón
de los hospitales y de los enfermos.
A su muerte su obra se extendió por toda España e Italia y hoy día está
presente en los cinco continentes.
Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios son 1,500 y tienen 216
casas en el mundo para el servicio de los enfermos. Los primeros beatos de Colombia
pertenecieron a esta santa Comunidad.
https://www.santopedia.com/
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