23 DE MARZO
– SÁBADO –
5ª –
SEMANA DE CUARESMA - B
Santo Toribio de
Mogrovejo
Lectura de la profecía de Ezequiel
(37,21-28):
ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a
los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas
partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en
los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos
naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a
contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus
transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales
pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo
David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis
preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en
la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sus padres: allí
habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo
David será su príncipe para siempre.
Haré con
ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré
y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos,
yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy
el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para
siempre».
Palabra de Dios
Salmo: Jr
31,10.11-12ab.13
R/. El Señor nos
guardará como un pastor a su rebaño
V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su
rebaño. R/.
V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de
Sión,
afluirán hacia los bienes del
Señor. R/.
V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.
Lectura del santo
evangelio según san Juan (11,45-57):
EN aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo
que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y
les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos
sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué
hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en
él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos,
Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no
entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el
pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo
dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló
proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por
la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día
decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los
judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada
Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba
la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes
de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se
preguntaban:
«¿Qué os
parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos
sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les
avisara para prenderlo.
Palabra del Señor
1. Este
relato es de una excepcional importancia histórica. Porque en él se nos dice
dónde estuvo la clave de la condena a muerte que dictó el Sanedrín contra
Jesús.
La decisión
no la tomó el pueblo judío. La tomaron los dirigentes de la religión de aquel
pueblo, Y la tomaron el día que tomaron conciencia clara de que Jesús tenía tal
fuerza de atracción, que les quitaba a ellos la clientela.
Los
dirigentes religiosos, en aquella religión y en todas las religiones, toman sus
decisiones por motivos de poder. Más exactamente, en función de lo que favorece
o amenaza el poder sacerdotal.
2. ¿Qué
amenaza para su poder vieron los dirigentes religiosos judíos en Jesús?
Vieron que la
gente perdía la fe en ellos y la ponía en Jesús. ¿Por qué?
La gente
busca en la religión solución a problemas que, según las creencias de cada
tiempo y de cada persona, solo la religión les puede aportar.
Pues bien,
por este relato evangélico vemos que la gente vio en Jesús solución a problemas
que los sacerdotes y sus ceremonias no les solucionaban.
En concreto,
a continuación del singular relato de la resurrección de Lázaro, es evidente
que allí estaba en juego el problema fundamental de todo ser humano: la vida.
Tener vida,
gozar de la vida, recuperar la vida cuando uno se ve perdido y sin solución
posible.
3. La
mejor religión que podemos practicar es la que practicó Jesús: la religión que
da vida, que da sentido a la vida, plenitud a la vida, felicidad y ganas de
vivir.
Esa es la fe
que arrastra. Y la religión que seduce incluso a los más alejados y a los que
se ven sin salida en este mundo.
Santo Toribio de Mogrovejo
Nació en Mayorga (León, España) en 1538.
Estudió Derecho en las universidades de Coimbra y Salamanca. Fue propuesto por
el rey Felipe II al Papa Gregorio XIII para el arzobispado de Lima como sucesor
de fray Jerónimo de Loaysa.
Lleno de celo apostólico, reunió
numerosos sínodos y concilios que promovieron con mucho fruto la vida religiosa
de todo el virreinato. Defendió con valentía los derechos de la Iglesia, con
gran dedicación trabajó por su grey y mostró preocupación, sobre todo, por la
población autóctona. Murió en el año 1606.
Fue ordenado sacerdote y obispo. Llegó a Paita en marzo de 1581 e hizo por
tierra el fatigoso camino hasta su sede. Ingresó en Lima el12 de mayo de aquel
año. Convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron
prelados de toda Hispanoamérica, y en el que se trataban asuntos relativos a la
evangelización de los indios. De esa histórica asamblea salieron luminosas
normas de pastoral, así como textos de catecismo en castellano, quechua y
aymara (los primeros libros impresos en Sudamérica).
Santo Toribio visitó innumerables poblados de su amplísimo territorio, uno
de los más extensos y difíciles del mundo. A las visitas pastorales dedicó 17
de sus 25 años de obispo. Recorrió la hostil topografía peruana, desde
Chachapoyas y Moyobamba hasta Nazca. Resumió sus itinerarios al escribir: “Mas
de 5,200 leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo
por todas las dificultades y careciendo algunas veces de cama y comida”. La
caridad de Cristo lo impulsaba a administrar los sacramentos ya instruir a los
fieles, a aliviarlos y ayudarlos.
Celebró hasta 13 sínodos. Fundó el Seminario de Lima (1590) y lo puso bajo
la advocación de su patrono, Santo Toribio de Astorga.
Agobiado por los trabajos y la austeridad de sus penitencias, murió en Saña
el 23 de marzo de 1606, Jueves Santo. Fue un infatigable misionero, gran
organizador de la Iglesia sudamericana y denominado protector de los indígenas.
Beatificado por Inocencio XI en 1679. Canonizado por Benedicto XIII en 1726.
En 1983 Juan Pablo II lo proclamó Patrono del Episcopado latinoamericano.
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