lunes, 24 de febrero de 2025

Párate un momento: El Evangelio del dia 26 - DE FEBERO – MIERCOLES – 7ª- SEMANA DE T.O. – SAN NECTOR

 

 


26 - DE FEBERO – MIERCOLES –

7ª- SEMANA DE T.O.

SAN NECTOR

 

   Lectura del libro del Eclesiástico (4,12-22):

 

  La sabiduría instruye a sus hijos, estimula a los que la comprenden. Los que la aman, aman la vida, los que la buscan alcanzan el favor del Señor; los que la retienen consiguen gloria del Señor, el Señor bendecirá su morada; los que la sirven, sirven al Santo, Dios ama a los que la aman.

  Quien me escucha juzgará rectamente, quien me hace caso habitará en mis atrios; disimulada caminaré con él, comenzaré probándolo con tentaciones; cuando su corazón se entregue a mí, volveré a él para guiarlo y revelarle mis secretos; pero, si se desvía, lo rechazaré y lo encerraré en la prisión; si se aparte de mí, lo arrojaré y lo entregaré a la ruina.

 

Palabra de Dios         

                                

Salmo:118,165.168.171.172.174.175

 

  R/. Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor

 

 Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar. R/.

  Guardo tus decretos, y tú tienes presentes mis caminos. R/.

  De mis labios brota la alabanza, porque me enseñaste tus leyes. R/.

 

  Mi lengua canta tu fidelidad,

porque todos tus preceptos son justos. R/.

  Ansío tu salvación, Señor; tu voluntad es mi delicia. R/.

  Que mi alma viva para alabarte, que tus mandamientos me auxilien. R/.

 

    Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,38-40):

 

  En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:

  «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.»

  Jesús respondió:

  «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.»

 

Palabra del Señor

 

   1.-  El texto que nos propone la Iglesia en el día de hoy es, una vez más, plenamente actual y adecuado para entender quién es Dios, lo que quiere del mundo, lo que quiere de mí. Y lo primero que llama la atención es esta frase que destaco: “los que sirven, sirven al Santo”. Porque Dios, el Creador Omnipotente, es, al mismo tiempo “Servidor del hombre” porque así lo ha querido y porque, ante todo, es Padre, nos quiere y nos enseña la grandeza del Amor, que es el servir, el darse sin esperar.

   La grandeza del servicio como identidad profunda del creyente, del cristiano es algo que, sin embargo, muchas veces olvidamos en la espiral del “poder” que caracteriza nuestro mundo y también, en no pocas veces, la Iglesia. Entre los principales títulos del Papa está el de “Siervo de los siervos de Dios” …que no es timbre de vanagloria, sino sobre todo de su elección como Vicario de Cristo.

  Esta es la Sabiduría que Dios nos propone y que, a veces nos parecerá equívoca, infructuosa, que nos asusta, que exige demasiado de mi persona, que nos pone a prueba... pero en la que, si perseveramos, nos llena de alegría y nos adentra en el corazón de Dios como nos ha atestiguado sobre todo nuestro Señor Jesucristo.

 

   2.-  … Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir…

   El mensaje del breve texto del Evangelio puede parecernos una paradoja o una contradicción, pero Jesús es tajante en este sentido: ¿qué es lo más importante: el mensaje o el mensajero? Evidentemente nosotros sabemos que Jesús personifica en Sí el Reino, no es solo un intermediario, pero los discípulos -nosotros- no y esto hay que afrontarlo con mucha humildad, pero también sentido profundo de lo que es y significa el Reino de Dios.

    La Iglesia no es el Reino de Dios, sino que está fundada para anunciarlo, para construirlo. En definitiva, para vivirlo con la ayuda de la Gracia. Tenemos que ser humildes y reconocer que no tenemos el monopolio del Reino. Tampoco de las buenas obras, del trabajo abnegado y desinteresado por los demás, la lucha contra las esclavitudes que siguen haciendo sufrir a los hombres. Todos conocemos personas no cristianas, incluso que se declaran ateas, que hacen la obra de Dios y es preciso -lejos de censurarlas-, colaborar con ellas a la obra del Reino, invitarlos a que colaboren con nosotros. Sin complejos, sin etiquetas, pero con la impronta de Cristo en el corazón por la Gracia.

Siempre haré memoria agradecida del “papa bueno” San Juan XXIII que, con la gran intuición del Concilio, abrió las puertas de la Iglesia de par en par al mundo, a tantos y tantos hombres y mujeres que, en gran parte sin saberlo o asumirlo, buscaban el Reino de Dios anunciado por Cristo.

 

    3.-  Mensaje a la Iglesia y al mundo de Juan XXIII en la inauguración del Concilio

  «El Concilio que comienza aparece en la Iglesia como un día prometedor de luz resplandeciente. Apenas si es la aurora; pero ya el primer anuncio del día que surge ¡con cuánta suavidad llena nuestro corazón! Todo aquí respira santidad, todo suscita júbilo...

  Al mismo tiempo vemos las dignísimas personalidades, aquí presentes, en actitud de gran respeto y de cordial expectación, llegadas a Roma desde los cinco continentes, representando a las Naciones del mundo.

   Quiera el Cielo que todos vuestros esfuerzos y vuestros trabajos, en los que están centrados no sólo los ojos de todos los pueblos, sino también las esperanzas del mundo entero, satisfagan abundantemente las comunes esperanzas».

 

SAN NECTOR

 


  En Perge, en Panfilia, pasión de san Néstor, obispo de Magido y mártir, que en la persecución bajo el emperador Decio fue condenado por el prefecto de la provincia a morir en una cruz, para que sufriese la misma pena del Crucificado a quien confesaba.

 

  Polio, gobernador de Panfilia y Frigia durante el reinado de Decio, trató de ganarse el favor del emperador, aplicando cruelmente su edicto de persecución contra los cristianos. Néstor, el obispo de Magido, gozaba de gran estima entre los cristianos y los paganos. Aunque comprendió que el martirio no se haría esperar, no pensó en sí mismo, sino en su grey y se dedicó a buscar sitios de refugio para sus fieles, pero él mismo no se ocultó, aguardando tranquilamente su hora. Cuando se hallaba orando, le avisaron que los oficiales de justicia le buscaban. Tras recibir sus respetuosos saludos, el obispo les dijo: «¿Qué os trae por aquí, hijos míos?» Ellos replicaron: «El irenarca y los magistrados de la curia desean veros». San Néstor hizo la señal de la cruz, se cubrió la cabeza y les siguió hasta el foro. Cuando el obispo entró, toda la corte se puso de pie como señal de respeto. Los oficiales le hicieron sentar en un sitial frente a los magistrados. El irenarca le preguntó:

   -Señor, ¿estáis al tanto de la orden del emperador?

   -Yo sólo conozco la orden del Todopoderoso, no la del emperador- respondió el obispo.

   El magistrado replicó:

  -Os aconsejo que procedáis con calma para que no tenga yo que condenaros.

   Como San Néstor se mostrase inflexible, le amenazó con la tortura, pero el obispo replicó:

  -La única tortura que temo es la que Dios pueda infligirme. Puedes estar seguro de que, en el tormento y fuera de él, no dejaré de confesar a Dios.

   Contra su voluntad, la corte tuvo que enviarle ante el gobernador. El irenarca le condujo, pues, a Perga. Aunque no tenía amigos en esa ciudad, su fama le había precedido de suerte que los magistrados empezaron por rogarle amable y cortésmente que abjurase de su religión. Néstor se negó con firmeza. Entonces Polio ordenó que le tendiesen en el potro. En tanto que el verdugo le desgarraba con garfios los costados, Néstor cantaba: «En todo tiempo daré gracias al Señor y mi boca no se cansará de alabarle». El juez le preguntó si no se avergonzaba de poner su confianza en un hombre que había muerto crucificado. Néstor contestó:

  -Bendita sea entonces mi vergüenza y la de todos los que invocan al Señor.

   Polio le dijo:

        -      ¿Vas a ofrecer sacrificios, o no?

        -      ¿Estás con Cristo o con nosotros?

 El mártir replicó:

 -Con Cristo ahora y siempre: con Él estoy ahora y con Él estaré eternamente.

  Entonces Polio le sentenció a morir crucificado. Desde la cruz, san Néstor exhortó y alentó a los cristianos que le rodeaban. Su muerte fue un verdadero triunfo, pues, cuando el obispo pronunció sus últimas palabras: «Hijos míos, postrémonos y oremos a Dios por Nuestro Señor Jesucristo», cristianos y paganos se arrodillaron a orar, en tanto que el mártir exhalaba el último suspiro.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler»

 

 

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